Crece en Brasil consenso para un proyecto nacional post pandemia

MSIa Informa, 4 de diciembre de 2020.- El pasado 17 de noviembre se realizó un debate transmitido por la Internet, titulado,  “Como financiar el desarrollo brasileño: la urgencia de un proyecto nacional de infraestructura”. El evento fue promovido por la plataforma Movimiento Anti-Reset y el Centro de Integración Empresa-Escuela (CIEE), y conto con la participación del presidente del CIEE, Humberto Casagrande, el ex ministro y ex-diputado federal Aldo Rebelo y el periodista Lorenzo Carrasco, presidente del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa).

En el debate, moderado por el conocido periodista Adalberto Piotto, los conferencistas demostraron una concordancia en cuanto a la necesidad de que el país ponga en práctica ideas nuevas y políticas efectivas para superar la actual crisis, agravada por la pandemia  del coronavirus. Como lo afirmó Carrasco, no es posible seguir haciendo “más de lo mismo, que es lo que nos está llevando a la ruina”.

En su presentación, Casagrande afirmó que Brasil es una gran tragedia para los jóvenes, ya que el actual gobierno no tiene proyecto alguno para ellos. “El CIEE tiene 4.6 millones de jóvenes inscritos y no tenemos plazas para atenderlos”, dijo. Existen 17.5 millones de jóvenes en busca de empleo, el índice de desempleo de los muchachos referido por la PNAD (Encuesta Nacional por Muestra de Domicilio IBGE), es de 29.5%, el doble de los adultos”.

Las consecuencias son trágicas, observa:

“Tenemos en Brasil hoy 48.3 millones de estudiantes y, a pesar de esto, no hay ninguna política pública que pueda incentivar directamente a estos jóvenes. En el CIEE, hemos visto un aumento muy grande de la desesperanza. Investigaciones recientes muestran que el 28% de esos jóvenes considera no volver a estudiar después de la pandemia. Hemos visto un aumento muy grande de automutilación y suicido entre los jóvenes” (…)”

Coronabonds para financiar la infraestructura

En este contexto, Casagrande afirmó que Brasil necesita recuperar la capacidad de inversión, principalmente, en infraestructura. Para ello, propuso formalmente al gobierno federal la creación de “coronabonds” para promover semejantes inversiones sin un aumento intolerable de la deuda pública.

En su propuesta, “una adaptación de los bonos de guerra”, podrían emitirse títulos en la cantidad de 500-600 mil millones de reales, con plazos de 20-25 años y rendimientos del orden del 2% por encima del IPCA, los cuales, en su evaluación. Serían bastante atractivos para los inversionistas. Desde el punto de vista macroeconómico, observó, la operación sería perfectamente viable, porque los volúmenes de títulos emitidos representarían menos del 10% del total de la deuda pública existente y de la cartera de fondos de inversión que operan en el país.

Por su parte, Aldo Rebelo destacó que la infraestructura es una pre-condición para el desarrollo. “Cuando hablamos de infraestructura, es porque el país no logra proponer ningún proyecto de desarrollo sin esos pre-requisitos”, enfatizó.

Los obstáculos al progreso

El ex-ministro hizo duras críticas a la sumisión brasileña a las presiones del aparato ambientalista-indigenista, cuyas ONGs, resaltó, no están sometidas a ningún tipo de fiscalización, al contrario de los órganos del Estado y otras entidades públicas.

Muchas ONGs, dijo, “tienen intereses geopolíticos y comerciales”. Ellas viven “bloqueando la infraestructura, bloqueando el desarrollo en todos sus aspectos. Hasta hoy, tenemos un estado de la federación que no está conectado a la red nacional de energía eléctrica, Roraima. ¿Cómo puede someterse a un país a este tipo de bloqueos por intereses que no son nacionales?”.

Criticó, también, la draconiana legislación ambiental: “no se tiene una ley que instituya una vía rápida para proyectos de infraestructura, todo se lleva décadas para hacerse. Se lleva más tiempo hacer una segunda pista del aeropuerto de Brasilia que para hacer una Brasilia entera, dada la legislación que empoderó a los órganos de control y dio mayoría a esas ONGs en esos consejos y en esas instituciones”.

Por eso, enfatizó, “la batalla por la infraestructura no es solamente económica y política, sino por encima de todo, una batalla de ideas, En Brasil, tenemos un aparato de corporaciones públicas y privadas que están contra el Estado y la iniciativa privada. Cualquier proyecto de desarrollo se convirtió una amenaza para este aparato, que tiene que ser prohibida”.

“Obras de infraestructura de interés nacional deben de tener una vía rápida, no pueden bloquearse por un procurador en el interior del Ceará o un juez de primera instancia de Rio Grande del Sur. El Ministerio Público es un brazo jurídico de las ONGs en Brasil. La batalla más decisiva para el futuro de Brasil es la de la infraestructura, es esa que debe mover las energías espirituales, intelectuales, políticas, económicas, sociales del país, para abrir camino y remover los obstáculos puestos en el camino del desarrollo, que tiene un costo muy elevado para cualquier obra y son factores inhibidores para cualquier inversión”, concluyó Rebelo.

La batalla por las nuevas ideas económicas

En su intervención, Carrasco citó al general Eduardo Villas Boas, ex-comandante del Ejército, según quien el país está a la deriva sin sentido de proyecto. Por eso afirmó, “necesitamos de un estado de cambio mental, de cambio de ideas. Como decía Einstein, el estado mental que crea un problema no tiene condiciones de resolver ese problema. Es decir, frente a esta crisis que vivimos, no queda hacer más de lo mismo, que es lo que no está llevando a la ruina”.

“¿Cómo se llegó a este momento? Brasil tuvo un proyecto industrial que lo llevó a ser la séptima economía del mundo y, hoy, cayó a la décima segunda y sigue cayendo, porque el país no está cuidando de proteger la industria y desarrollar la infraestructura. Entonces no abona quedarse preocupado son la parte industrial”, dijo.

“Brasil tuvo un proyecto industrial de 1930 hasta 1975, el cual comenzó en la época de Franklin Roosevelt en los EUA. Además, Roosevelt decía que el New Deal era una creación de él y del presidente Getulio Vargas, quien había comenzado un proceso de transformación incluso antes del propio New Deal”.

Carrasco hizo una síntesis histórica de la transformación de la economía mundial desde los “30 Gloriosos” de pos-guerra, el período de mayor desarrollo económico de la Historia, hasta la crisis de 2008, pasando por la sucesión de burbujas financieras generadas por la ruptura de los Acuerdos de Bretton Woods por el gobierno de Richard Nixon en 1971 y las crisis subsecuentes, como la del petróleo y la de la deuda, que cobraron un alto precio en los países en desarrollo como México, Brasil y otros.

Planteó que la pandemia del Covid-19 no creó la crisis actual, sino que potencializó una crisis que estaba latente, con una dramática situación de endeudamiento global de gobiernos y empresas, agravada por las emisiones forzadas por la pandemia. “Llegamos a un momento de insolvencia global, el sistema está quebrado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) teme un colapso de las deudas soberanas y corporativas, es una amenaza real”.

En su evaluación, el coronavirus demostró que la globalización fracasó: “La propia dinámica de la pandemia, y ahí vemos el problema del “outsourcing”, con la fabricación de elementos de salud primarios, que deberían ser estratégicos para cada país, transferida hacia otros países, China en el caso de los ventiladores e India en el caso de los medicamentos, buscando abaratar la mano de obra”.

“Se necesita saber que, en la historia económica, nunca un proceso de libre comercio como el de la globalización dio certeza. Ninguna nación llegó a una etapa de desarrollo mediante el libre comercio –Inglaterra, Francia, Alemania, Corea, Japón, mucho menos los EUA”, enfatizó

Sobre el “Gran Reset”, tema del momento, subrayó:

“En cuanto el llamado “Gran Reset”, anunciado por el Foro Económico Mundial, es más de lo mismo. Cuando propusimos el tema del “Anti-Reset”, es porque necesitamos pensar la economía de una manera diferente. Necesitamos pensar la economía a partir de las personas, de lo que ellas necesitan.

La propia ayuda de emergencia, concedida por el gobierno brasileño para mitigar el remesón de la pandemia, mostró un camino sorprendente; la actividad económica se recuperó rápidamente, porque el dinero llegó oportunamente. Lo que está ocurriendo con el sistema financiero es que funciona como una gran represa de recursos.

También  hay recursos abundantes en la economía global, pero el sistema financiero se encarga de demostrar que hay una escasez, para que los gobiernos y las personas se acostumbren a esa mentalidad de escasez que induce al pesimismo, y eso es lo que es el “Reset”. Entonces, se necesita crear una mentalidad optimista, en la cual el hombre sea el centro}, en la que el dinero llegue a las personas comunes, a los municipios, generando aquellos empleos en las pequeñas y medianas empresas o los empleos que recibirán los millones de personas que tiene que estar involucradas en proyectos de infraestructura. Esta es la lección del “New Deal”, en la que Roosevelt movilizó millones de personas, incluyendo en la reforestación. Ya que hablamos de la Amazonia, en limpieza, un programa de reforestación puede generar miles de empleos de emergencia.”

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