“Coronabonds” para Brasil

MSIa Informa, 14 de agosto de 2020.-Ante los fuertes impactos socioeconómicos de la pandemia de Covid-19, y contra la fuerte oposición de algunos países  que se aferraban a las inflexibles reglas de la ortodoxia fiscal, en especial, Alemania, Holanda y Finlandia, la Unión Europea aprobó la emisión de títulos de deuda para financiar la reconstrucción post-pandemia, por una cantidad de 500 mil millones de euros.

En este sentido cobra relevancia la propuesta presentada al gobierno de Brasil por representantes del sector industrial del país, para la emisión de “coronabonds” como el medio para financiar la recuperación económica.  El contenido de la propuesta fue planteado en un artículo firmado por Roberto Teixeira y Humberto Casagrande, en el periódico O Estado de Sao Paulo del pasado 8 de agosto, titulado simplemente “Coronabonds”. Ambos personajes tienen fuertes vínculos con las elites productivas del país: el primero, consejero del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri) y del Consejo Empresarial de América Latina; el segundo, superintendente general del Centro de Integración Empresa-Escuela (CIEE).

Su propuesta es la emisión de títulos de deuda pública del orden de 500 mil millones de reales, para mover recursos para los gastos de reconstrucción pos-pandemia estimados en 800 mil millones. En voz de Casagrande:

“…sería una emisión de un nuevo título público. Nota del Tesoro Coronavirus, con plazo final de 20 años y pago de intereses (IPCA + 2.5%) con amortización semestral y carencia de cinco años para inicio del rescate. En el período inicial los pagos de intereses estarían exentos del Impuesto sobre la Renta. Serían títulos  diferentes de los emitidos por el Tesoro. Reunirían previsibilidad y transparencia con destino específico y fiscalizado, destinados a cubrir los gastos involucrados. Esperamos la adhesión de agentes económicos, de la población y del mercado de capitales.  De ahí el nombre coronabonds. La emisión podría llegar a 500 mil millones de reales, dependiendo del esfuerzo fiscal que fuera necesario y de su receptividad”.

En el texto, los autores argumentan:

“(…) No nos damos cuenta de la guerra que estamos enfrentando contra la pandemia y de los remedios amargos que debemos considerar para mitigar sus efectos.  Situaciones anormales, completamente atípicas, para combatir el coronavirus, que compete a todos, requieren soluciones no aplicables en otras circunstancias. (…) Lo que vivimos ahora se asemeja a una guerra, contra un enemigo invisible y que sorprendió al mundo trayendo miedo e inseguridad, en la espera de la vacuna salvadora. No todos se dan cuenta de los dramáticos números revelados, su significado colectivo y lo que representan para las familias brasileñas”.

Los autores llegan a sugerir que  el gobierno establezca una suscripción compulsoria de títulos de 30 años para las personas físicas, en condiciones especiales, en función de sus recursos patrimoniales  declarados en el Impuesto sobre la Renta. Y afirman, con certeza:

“Estudio divulgado por respetada organización internacional indica que la fortuna de 42 millonarios brasileños relacionados por la revista Forbes tuvo un aumento patrimonial de 34 mil millones entre el 18 de marzo y el 12 de julio, sumando ahora 157 mil millones, demostrando el potencial que esos detentores de ahorro tendrían para aplicar en los bonds de guerra. Muchos están contra cualquier aumento de la deuda pública, pero es inviable en las actuales circunstancias”

Salta a la vista que una proporción considerable de esos “coronabonds” podría ser orientada hacia proyectos de infraestructura de toda índole, comenzando por agua y saneamiento básico, cuyas deficiencias quedaron desnudas ante la pandemia. Sin rasgar totalmente la cartilla liberal en boga, semejante iniciativa tiene un enorme potencial para superar la ortodoxia financiera neoliberal, para la cual, cualquier propuesta de retomar el crecimiento económico en gran escala  es  impensable.

Existe un patrón histórico registrado en varios gobiernos nacionales empeñados en enfrentar  situaciones anómalas, que necesitaban de una inmediata respuesta fuera de las reglas habituales de austeridad financiera que han sido la marca registrada del sistema de bancos centrales “independientes”, sistema encargado del virtual control privado de la emisión de crédito y moneda en la mayoría de los países.

Un ejemplo, del recurso de emisiones federales se remonta al financiamiento de los gastos de la Guerra Civil norteamericana en el gobierno del presidente estadounidense Abraham Lincoln (1861-65), (denominados “greenbacks”) que le valió una feroz oposición de la alta finanza internacional de la época. En el siglo XX, la mayoría de los gobiernos de los países involucrados en los dos grandes conflictos mundiales, también echaron mano de ese recurso. Los EUA  recurrieron a los “bonos de guerra” como parte importante del financiamiento de sus esfuerzo bélicos.

En todos estos casos, los requisitos dictados por las situaciones de emergencia se impusieron a los dogmas monetarios favorecidos por los beneficiarios del financiamiento privado  de los gobiernos, con las fanfarrias de sus propagandistas académicos y mediáticos. Ahora, las necesidades de la reconstrucción pos-pandemia ofrecen una nueva oportunidad de la aplicación de semejantes medidas.

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