Conferencia de Múnich: ¿el retorno de los fantasmas del pasado?

La 52ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), realizada entre el 12 y el 14 de febrero, ocurrió en «tiempos tempestuosos,» como afirmó el ministro de Relaciones exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier.

Europa enfrenta una grave crisis de refugiados y todos los esfuerzos hechos hasta ahora para encontrar una solución para la guerra de Siria fueron bloqueados por obstáculos geopolíticos. Círculos influyentes de Occidente insisten en mantener su habitual y retrógrada retórica de la Guerra Fría. Como destacó la representante diplomática de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, en su discurso, «el coraje político y la diplomacia» se deben usar en un nuevo estilo de negociaciones, una situación de «ganar-ganar» para todos los participantes. Esta fue la razón principal del acuerdo nuclear firmado con Irán, luego de más de diez años de negociaciones, lo cual ofrece una perspectiva para la solución de la crisis de Medio Oriente.

El tema central fue el esfuerzo del Grupo de Contacto de Siria (ISSG, por sus siglas en inglés), en el que en las vísperas de la conferencia, reunió a Estados Unidos, a Rusia, a la UE y a las potencias regionales como Irán y Arabia Saudita con la intención de negociar una solución del conflicto sirio, aceptable para todas las partes involucradas, a partir de las negociaciones de Ginebra y de la Resolución 2254 de Naciones Unidas. En el comunicado oficial, divulgado el 11 de febrero, los negociadores establecieron el cese de hostilidades en una semana (la fecha fue pospuesta para una semana después, el 27 de febrero), y la distribución de ayuda humanitaria en las zonas ocupadas de Siria. Esta ayuda ya se ha iniciado en la región en torno de la capital de Damasco y en el Norte del país, donde, en desafío a los llamados internacionales, Turquía ha atacado militarmente posiciones de las milicias kurdas sirias y amenaza con provocar el agravamiento del conflicto.

Por desgracia, la prensa alemana -agencia DPA, Frankfurter Allgemeine Zeitung, Wall Street Journal Europe, etc.- ofreció un relato parcial y distorsionado de las afirmaciones del Primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, marcado por viejos prejuicios contra Rusia. La flagrante tendenciosidad obligó al ex presidente de la conferencia, Horst Teltschik a escribir un comentario en la revista Focus Online, titulado «¿Retorno a la Guerra Fría?» En sus palabras:

«El primer ministro ruso habló tan sólo una vez de la Guerra Fría, cuando dijo ‘estamos marchando rápidamente a una nueva Guerra Fría,’ para referirse al hecho de que Rusia ‘ha sido retratada como la mayor amenaza para lo OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), para Europa, para Estados Unidos y para otros estados».

Luego de observar que la expresión «guerra fría» fue mencionada por varios expositores, en el sentido de una «nueva guerra fría» o «retorno a la Guerra Fría,» Teltschik recordó que algo similar sucedió luego del discurso de Vladimir Putin en la conferencia de 2007, cuando este habló abiertamente de los problemas que había en las relaciones entre Moscú, Washington y Bruselas, problemas que iban en contra de los intereses rusos. Muchos problemas se hubiesen evitado si las reacciones al discurso de Putin hubiesen sido diferentes, comenta Teltschik. Esta vez, en su evaluación, conferencistas como Steinmeier y otros manifestaron una actitud más racional, al advertir contra el abuso de las referencias a la «Guerra Fría» y al buscar, también, una solución constructiva en Siria.

A propósito, Steinmeier dio un discurso equilibrado sobre las responsabilidades y las tareas urgentes de la política externa alemana. Se refirió en particular a la importancia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE), presidida en la actualidad por Alemania, 40 años después de la firma de los Acuerdos de Helsinki y un cuarto de siglo después del fin de la Guerra fría: hoy es más necesaria que nunca para «renovar el diálogo en tiempos tempestuosos.»

En su intervención, el primer ministro ruso dijo a los asistentes que, antes de viajar a Múnich, se había reunido con Putin, de quien menciono una parte de su discurso de 2007, cuando afirmó que los «estereotipos ideológicos, los patrones dobles y los actos unilaterales no alivian las tensiones de las relaciones internacionales, sino que las agravan, al reducir las oportunidades de la comunidad internacional para adoptar decisiones políticas significativas.»

De acuerdo con Medvedev,

«los acontecimientos tomaron un rumbo mucho más trágico desde 2007. El concepto de una Gran Europa no se materializó. El crecimiento económico ha sido muy débil. Los conflictos de Medio Oriente y del Norte de África aumentaron en escala. La crisis de inmigración está conduciendo a Europa a su caída. Las relaciones entre Europa y Rusia se agriaron. Una guerra civil se está librando en Ucrania. (…) Pero más que nunca necesitamos iniciar un diálogo intenso sobre la futura arquitectura de la seguridad euroatlántica, de la estabilidad mundial y de las amenazas regionales».

Se lamentó de que los mecanismos que permitían la solución de las preocupaciones mutuas hayan sido cortados, así como las iniciativas de sociedad que habían necesitado de mucho tiempo y esfuerzos para desarrollarse:

«El tratado de seguridad europea propuesto se congeló. La idea de un comité ministerial ruso-europeo sobre política exterior y seguridad, que analicé con la Canciller alemana, Angela Merkel, en Meseburg (Alemania, en 2010), no se materializó. Creíamos que la política de la OTAN para Rusia seguía siendo inamistosa y, en general, insensible. Para decirlo con toda franqueza, estamos marchando a un periodo de una nueva Guerra Fría».

Medvedev se refirió al papel positivo de París; el diálogo franco-ruso nunca se ha suspendido y Francia ha mostrado una posición equilibrada sobre el conflicto de Ucrania. De igual forma, recalcó positivamente la propuesta de Steinmeier sobre una condición jurídica especial para el Este de Ucrania, luego de la realización de elecciones supervisadas por la OSCE, que deberían realizarse como parte del complimiento de los Acuerdos Minsk II. En el mismo panel de Medvedev se encontraba también el premier francés, Manuel Valls.

Sobre Siria, resaltó las iniciativas del ISSG y observó que el cese de las hostilidades y la ayuda a la población afectada deben estar garantizados «tanto por Rusia como por Estados Unidos.» Sin embargo, dijo, es absolutamente esencial que haya «una estrecha colaboración entre los militares estadounidenses y rusos» diaria rigurosamente.

Según él, los grandes desafíos para Europa se puede enfrentar juntos, en especial la crisis inmigratoria, en la que Rusia puede ayudar de una forma constructiva. Como ejemplo de «diálogo constructivo» se refirió al encuentro entre el Patriarca ortodoxo ruso Kirill y el Papa Francisco en La Habana, «luego de centenas de años en los que las dos iglesias no se comunicaban.»

¿Una solución para Siria?

En uno de los paneles, Steinmeie y sus colegas estadounidenses y ruso, John Kerry y Serguei Lavrov, respectivamente, presentaron un panorama sobre las iniciativas analizadas para solucionar el conflicto sirio. Steinmeier reafirmó la necesidad de una solución razonable por medios diplomáticos:

«Una Realpolitik inteligente es cada día más urgente. Creo que deberíamos tener una visión del mundo realista. Es cierto que no estamos de vuelta en la Guerra Fría. Estamos ante el hecho de que tenemos que lidiar crecientemente con nuevas estructuras de conflictos, con órdenes que se están erosionando y conflictos que no están ocurriendo entre estados, sino, con mayor frecuencia, entre estados y actores no estatales. Donde los conflictos son superpuestos muchas veces por los intereses nacionales de los vecinos, la lucha de es por la hegemonía, pero este no es solamente el caso del Medio Oriente. Nosotros, que somos responsables de la política exterior, nos encontramos cada vez más enfrentados con situaciones que no son «negro o blanco.» Situaciones donde con frecuencia la cuestión sobre quién es el culpable y el responsable no se puede deducir con facilidad por los conflictos. Y, con todo, se deben encontrar soluciones. Tomemos el ejemplo de Libia, de Siria o de Ucrania -ninguno de esos procesos es perfecto, todos son de largo plazo, llenos de contradicciones y no son inmunes a retrocesos».

A su vez, Lavrov resaltó la necesidad de realizar los acuerdos firmados en la víspera. Sin embargo, observó que muchas veces los acuerdos no se llevan a cabo debido a los intentos de algunos participantes de revisarlos de forma retroactiva. Mencionó los acuerdos de Minsk, «un documento aprobado por Naciones Unidas. Sin embargo, la aplicación de la provisiones políticas cruciales ni siquiera han comenzado -sobre todo por la falta de disposición de las autoridades ucranianas para hacer honestamente ese esfuerzo y por su avidez de buscar pretextos para evitar los compromisos asumidos.» No obstante, observó, felizmente, Estados Unidos también perciben esto.

Sobre la crisis siria, el canciller ruso recalcó los intentos de ciertos grupos de la oposición siria para sabotear los acuerdos y lamentó que en «ciertas zonas, el grado de interactuación entre las organizaciones euroatlanticas y Rusia sea todavía menor que durante el periodo de la Guerra fría.»

No obstante, observó de forma positiva que los acontecimientos del año pasado demostraran nuevamente que:

«Una vez que la idea del «excepcionalismo» sea puesta de lado, las principales naciones del mundo -Estados Unidos, la UE, China, Rusia y otros países de peso- podrán obtener resultados considerables. Estoy hablando del acuerdo sobre el programa nuclear iraní y la desmilitarización química de Siria. Es cierto que esto método se puede aplicar con éxito a los otros azimut de la política mundial, inclusive una solución para la situación del Oriente Medio y, principalmente, el conflicto israelí- palestino».

En línea con Steinmeier, Kerry afirmó que «está claro que, aunque la Guerra Fría haya acabado hace mucho tiempo, la necesidad de las mismas cualidades que las personas demuestran para atravesarla se mantiene, pues el coraje y la determinación de defender la libertad y perseguir la paz es tan vital, hoy, como era hace medio siglo.»

Por otro lado, Kerry trasmitió una señal no muy alentadora; el anuncio de que Estados Unidos aumentará significativamente su compromiso con la seguridad europea, con un aumento planeado de cuatro veces para la Iniciativa de Tranquilidad Europea -¡de 790 millones de dólares a 3 mil 400 millones! Todo esto en el supuesto de que deberá ser utilizado en equipo y brigadas de combate extras en Europa Central y Oriental.

Igualmente impactantes fueron las declaraciones del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, quien se manifestó favorable a la colocación de sistemas de defensa contra proyectiles balísticos en Europa, a pretexto de la «continua amenaza nuclear oriunda de Irán y de otras naciones.»

El arte del compromiso

En el panel de debates entre el canciller iraní, Mojammad Yavad Zarif, y su colega europea Mogherini, resultó evidente que es posible encontrar nuevas soluciones en tiempos tempestuosos, como el recurso de un estilo diferente de negociación: en lugar de un juego de suma cero, se debe buscar una situación de «ganar-ganar», en la que cada lado salga ganando, si hay la disposición de cumplir los compromisos.

Zarif usó esa imagen para referirse a los 12 años de negociaciones entre su país y el grupo P5+1, que resultaron en una situación de «ganar-gana»: «Vemos que el multilateralismo está funcionando cuando todo mundo puede ganar.»

Mogherini habló sobre nuevas «perspectivas para la estructura regional.» Si el ISSG sigue ese modelo y consigue reunir todas las partes involucradas, sería bastante significativo. «Criamos el andamiaje y la confianza que hacen posibles nuevas negociaciones. Todos los actores activos de la región pueden ganar, a medio y largo plazo,» subrayó.

Zarif se mostró bastante optimista, pues afirmó que no hay motivos para no creer que hasta Irán y Arabia Saudita se pueden unir para combatir una amenaza común: «Estamos unidos por el mismo destino. Si cada uno de nosotros dejara de lado la narrativa profundamente enraizada, podríamos llegar a un nuevo paradigma de entendimiento, donde se apliquen los principios de Helsinki, el principio de la no interferencia, de la inviolabilidad de las fronteras y de las medidas de construcción de confianza. Irán y Arabia saudita podrían estar interesados en una Siria estable, multicultural y multirreligiosa. Pero esto presupones un cambio de narrativa.»

 

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