Sin duda fue un verdadero fiasco el del mayor huracán de la historia .Las ocho columnas listas: el más fuerte huracán de la historia se aproximaba a las costas de México con vientos de más de 300 kilómetros por hora y amenazaba con provocar una devastación sin precedentes. Su intensidad, que había aumentado en pocas horas, para sorpresa de los meteorólogos, se comparaba con una “detonación nuclear.” Era evidente que una catástrofe así sólo se podía atribuir a una combinación del fenómeno del Niño –el calentamiento periódico de las aguas superficiales del océano Pacífico- con el humeante calentamiento global causado por la actividad humana, más conocido en la actualidad con el eufemismo de los “cambios climáticos.”
En las salas de redacción de la prensa internacional y de las sedes de organizaciones ambientalistas ya estaban listas las ideas generales para usarlas en los reportajes y los boletines de prensa, listos para acusar a la adicción humana a los combustibles fósiles de una catástrofe que se anunciaba como casi inimaginable. Y todo a tiempo para reforzar la argumentación catastrofista a ser usada copiosamente en la próxima conferencia sobre los cambios climáticos que se celebrara en París, la COP-21.
El 23 de octubre, el Washington Post anticipaba la tragedia y explicaba en un encabezado: “Por qué se esperan en un planeta más caliente huracanes con fuerza nunca vista antes.” En el texto, el periódico daba las explicaciones de varios especialistas, en particular la del Dr. Michael Mann, climatólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, quien vaticinó:
“En la medida que las temperaturas oceánicas sigan elevándose, como resultado de los cambios climáticos causados por el hombre, esperamos que los huracanes sean más intensos y esperamos que se establezcan nuevos límites. El huracán Patricia y sus vientos sostenidos de 200 millas por hora (320 km/h), sin precedentes, parecer ser ahora uno de ellos, por desgracia”.
El Dr. Mann es un viejo conocido que acompaña el polémico debate sobre la cuestión climática, el autor de la notoria gráfica del “taco de hockey”, con el cual trató de eliminar de los registros paleoclimático del Periodo Caliente Medieval, sucedido entre los siglos X y XIII, en el que las temperaturas medias del planeta llegaron a ser 1-2 grados centígrados superiores a los actuales. A pesar de que la gráfica fue desenmascarada por ser un fraude, en uno de los mayores escándalos científicos de la historia reciente, la carrera académica de Mann salió incólume, como puede verse, para seguir siendo una de las referencias confiables sobre el asunto.
En la misma línea, el sitio Wired.com pronosticaba una calamidad inusitada para los infelices mexicanos (Agradezcan a El Niño y los cambios climáticos por el colosal huracán Patricia”):
“Mañana, a esta hora, la costa sudoeste de México, salpicada de “resorts”, ciertamente, será destrozada por el huracán más fuerte que nunca se haya registrado. La tempestad, nombrada modestamente Patricia, casi ciertamente debe su fuerza a un El Niño monstruo sumado a los cambios climáticos”.
La BBC Brasil siguió la misma cantaleta apocalíptica, con el encabezado: “Cómo Patricia se transformó en un huracán ‘nuclear’ en cosa de horas”: El texto del artículo no economizó en catastrofismo:
“En una transformación clasificada de “histórica.”, el huracán Patricia paso, en algunas horas, de tormenta tropical a convertirse en un monstruoso huracán de categoría 5 –la máxima de la escala Saffir-Simpson- cuya intensidad se compara con una “detonación nuclear.” (…) De acuerdo con el NHC (National Hurrican Center), el huracán se dirige a la costa del Pacífico de México con vientos de hasta 325 K/h es el más fuerte que nunca se haya registrado ni en el Pacífico ni en el Atlántico. El centro afirmó que la intensidad del huracán se puede equiparar a la de una bomba atómica.”
Al igual que el diario estadounidense, la red destacó las explicaciones de especialistas y, al final, no dejó de estampar la inevitable referencia a la supuesta influencia humana:
“El calentamiento global también podría tener un papel en la intensidad que las tempestades están adquiriendo. Las temperaturas oceánicas del Hemisferio Norte alcanzarán las temperaturas más altas de las que se tiene registro, de 1.4 grados sobre el promedio”.
Si el lector percibe en estos textos algunos matices de aquel regocijo con los infortunios ajenos que la lengua alemana llama Schadenfreude, no se equivoca. Con frecuencia ese parece ser el estado de espíritu de ciertos convertidos al catastrofismo ambiental en general, a quienes les importa más la supuesta comprobación de sus tesis alarmistas que la dimensión de las tragedias humanas.
Sin embargo, esta vez, la Madre Naturaleza decepcionó a los catastrofistas. Así como se transformara a velocidad nunca vista en “tempestad nuclear,” Patricia se degradó a la condición de mera tempestad tropical al llegar a la costa mexicana (apenas si alcanzó la categoría 1 de la escala Saffir-Simpson, que llega a 5), donde causó daños incomparablemente menores que los esperados. Veamos como el UOL Noticias informó el día 25:
“Por lo menos seis personas murieron y una quedó herida debido al mal clima originado por el paso del huracán Patricia por el Occidente del estado mexicano de Jalisco, confirmaron este domingo (25) a la agencia Efe fuentes oficiales. Entre los muertos están una mujer de nacionalidad argentina y otra del estado de Coahuila (Norte de México), que fue alcanzada por un árbol a causa de los fuertes vientos originados por el fenómeno natural. (…)”
“De acuerdo con fuentes de Defensa Civil de la región Sur de Jalisco, otras cuatro personas fallecieron la tarde del viernes en un accidente automovilístico entre dos vehículos en carretera que va de la ciudad de Colima a Guadalajara, capital de Jalisco. Medios de comunicación regionales informa de otras dos muertes de personas por accidentes automovilísticos en carreteras de Tapalpa y Ciudad Guzmán, entre ellos un militar en día de descanso.
Sin menospreciar las tragedias personales que involucran la muerte de seis personas, además de los daños materiales, los efectos del paso de Patricia no difirió de los efectos de tempestades más bien débiles, las cuales suelen ser mucho más graves por la deficiencia de la infraestructura física y de servicios públicos de atención de las emergencias. Para algunos observadores, es posible que la misma calificación de la categoría 5 de la escala Saffer-Simpson (o hasta una inexistente categoría 6, como llegaron a sugerir algunos alarmistas más osados) haya sido exagerada, inclusive, por motivos políticos.
Uno de estos es el DR. Tim Ball, climatólogo canadiense que ha sido uno de los más fieros opositores del catastrofismo climático, para quien:
“Lo que sucedió con el huracán Patricia es un ejemplo clásico de desinformación y de presupuestos falsos, todo apoyado por autoridades científicas supuestamente creíbles. (…) Los activistas climáticos hacen esto todo el tiempo, en un intento de crear un vínculo entre el calentamiento global supuestamente causado por las emisiones de bióxido de carbono de las actividades humanas y los ciclones tropicales como Patricia. Pero esto no pasa de ser propaganda sin fundamento (PJMedia.com, 2/11/2015)”.
Menos mal para los mexicanos que Patricia no haya resultado tan tenebrosa como la pintaron. Sin embargo, hay dos buenas lecciones que sacar del episodio.
La primera es que si la intensidad del fenómeno osciló realmente con la rapidez mencionada, para alcanzar el límite de la escala Saffir-Simpson y salir de él en pocas horas, el significado evidente de esto es que la dinámica de los huracanes tiene todavía mucho por estudiarse –y este es el campo de los científicos que ponen su integridad intelectual y moral encima de las estrellas de la prensa y de las oportunidades de ganancias personales.
La segunda es la exposición perfecta de los motivos egoístas y de los procederes propagandísticos de los alarmistas de costumbre y de los cruzados del catastrofismo ambientalista motivado por intereses políticos.

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