Campeones del neoliberalismo promueven la inversión pública en infraestructura

MSIa Informa, 16 de abril de 2021.- En el Reino Unido y en los EUA, cachorros del neoliberalismo y grandes paladines retóricos del alejamiento del Estado en la economía, las inversiones públicas en infraestructura vuelven a escena como respuestas al débil desempeño de las dos economías, en especial, tomando en cuenta la necesidad de una robusta recuperación para superar los efectos de la pandemia de Covid-19.

En marzo, el gobierno británico anunció planes de lanzar un nuevo Banco de Infraestructura Nacional (NIB), siglas en inglés), lo cual permita fomentar las inversiones en el sector y viabilizar lo que el canciller del Erario (ministro de Hacienda) Rishi Sunak llama la “revolución industrial verde”, buscando las metas de “descarbonización” de la economía (Construction News, 3 de marzo de 2021).

A pesar de la “contaminación” de la propuesta con la insana agenda ambientalista/climática, el mero hecho de que el país de Margaret Thatcher se vea forzado a romper uno un canon del liberalismo denota que al menos una dosis de realidad todavía puede encontrarse en parte de sus elites dirigentes, mientras otra facción se orienta por la ilusoria meta de restauración de los días de gloria del Imperio Británico.

El principal objetivo del banco será el de “llenar lagunas en el mercado con financiamiento directo de proyectos de inversiones, para generar tanto beneficios sociales como retornos financieros”, además de operar como catalizador de ciertos sectores y tecnologías.

A final de cuentas, los rótulos “verde”, “sustentable” y otros que integran la cartilla ambientalista, pueden aplicarse fácilmente a la gran mayoría de las inversiones en infraestructura, inclusive, proyectos energéticos avanzados (energía de fisión o fusión nuclear, por ejemplo), ferrovías de alta velocidad y otros.

El NIB podría tener una capitalización inicial de 22 mil millones de libras esterlinas, con la pretensión de atraer hasta 40 mil millones de libras esterlinas de inversiones privadas para proyectos “verdes”. Sunak anunció también el lanzamiento de un título soberano “verde” y de un esquema para permitir inversiones de personas físicas.

El banco será totalmente controlado por el gobierno británico o supervisado por el Tesoro.

En el otro lado del Atlántico, en el país de Milton Friedman y del “Consenso de Washington”, el presidente Joe Biden presentó un gran paquete de 2 billones de dólares en inversiones en infraestructura, construcción y reparación de inmuebles, escuelas y hospitales, investigación, desarrollo e innovación y mejoramiento industrial, además de otorgar incentivos para cuidados de ancianos. La iniciativa, que necesita ser aprobada por el Congreso, recuerda el icónico “New Deal”, con el cual Franklin D. Roosevelt (1933-1945) enfrentó los efectos de la Gran Depresión, plantando las raíces de la recuperación, proporcionada más tarde, por la movilización industrial durante la II Guerra mundial. Por cierto, la semejanza se extiende a la oposición al plan, pues, así como en la década de 1930, los republicanos ya se movilizaron para torpedearlo en el Congreso –y, a pesar, de la ligera mayoría demócrata en ambas cámaras parlamentarias, la aprobación está lejos de ser garantizada.

En un artículo publicado en el Washington Post el pasado 3 de abril, el periodista Fareed Zakaria, una de las estrellas de la cadena CNN, escribió:

“Mientras Donald Trump proclamó que quería ‘volver a los EUA Grandes de Nuevo’, el presidente Joe Biden intenta hacer eso concretamente. El lema del ex-presidente llevó a los estadounidenses a pensar nostálgicamente en las décadas de 1950 y el inicio de la de 1960, cuando los EUA dominaban el mundo y su economía producía salarios crecientes para trabajadores y ejecutivos. Una característica definidora de aquellos años fue la inversión federal en infraestructura, investigación científica y educación (piensen en las carreteras inter-estatales, en la NASA y en la vigorosa expansión de las universidades públicas). En contraste, en los años recientes, Washington ha gastado dinero, principalmente, para financiar el consumo privado, dando a las personas reducciones de impuestos o transferencias de dinero. El plan de infraestructura de Biden es el primer gran programa fiscal en cinco décadas, y volvería a enfocar las inversiones.

Si se aprueba como fue propuesto, el mega-paquete sería pagado, principalmente, con un aumento de los impuestos corporativos, del actual 21% al 28%, durante 15 años, lo cual, como argumentan los defensores del plan, todavía sería casi la mitad de los niveles anteriores a los recortes de impuestos aprobados por el Congreso controlado por los republicanos, en 2017. Los recursos previstos se desembolsarían en un período de ocho años” (NPR, primero de abril de 2021).

Así como en el Reino Unido, la propuesta de Biden indica que un sector del “Establishment” de Washington, más pragmático que ideológico, quiere usar recursos públicos en actividades más productivas de lo que es promover guerras e intervenciones militares infundadas por todo el planeta. De hecho, los dos billones de dólares del plan de inversiones, a gastarse en ocho años, equivalen a menos de tres años del presupuesto directo del Pentágono y un poco más de un año del presupuesto global del “complejo de seguridad nacional” estadounidense, del orden de 1.5 billones de dólares, el cual incluye diversas rúbricas externas al Departamento de Defensa y supera los presupuestos militares combinados de todos los demás países del mundo.

En un artículo anterior, publicado en el Washington Post el 18 de marzo, Zakaria observó con ironía:

“Consideren dos ejercicios contrastantes de poder. El programa del caza F-35 de los EUA, atormentado por sobrecostos y problemas técnicos, terminará costando 1.7 billones a los contribuyentes. China gastará una cantidad semejante en su iniciativa de Franja y Ruta, un ambicioso conjunto de préstamos ayuda y financiamiento para infraestructura en todo el mundo, orientado hacia crear una mayor interdependencia con docenas de países que son importantes para Pekín.

¿Cuál dinero es mejor gasto? (…)

Habiendo gastado dos décadas librando guerras en Oriente Medio sin mucho éxito, ahora, el Pentágono revertirá su tipo favorito de conflicto, una guerra fría con una potencia nuclear. ¡Él puede levantar cantidades infinitas de dinero para “sobrepasar” a China, incluso si una disuasión nuclear vuelve imposible una guerra real en Asia! Está claro que debe haber presupuestales en Washington –pero estas son batallas que el Pentágono sabe cómo vencer.”

El texto de Zakaria es un indicativo de la pugna interna que se dirime en los altos círculos de poder estadounidense y representa un grupo aparentemente minoritario, pero crecientemente consciente de la obsolescencia de las ideologías, tanto geopolíticas como económicas, frente a la enormidad y complejidad de la crisis global.

Enseñanza que, por cierto, es de la mayor relevancia para los países que no quieran ser arrastrados por ella.

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