Brasil en camino de la “africanización financiera”

MSIa Informa, 11 de septiembre de 2020.-La pandemia de Covid-19 y la débil respuesta del gobierno a los impactos socioeconómicos desnudaron la realidad de que las políticas públicas del gobierno brasileño están prioritariamente orientadas hacia los intereses de la alta finanza y sus beneficiarios. La tragedia nacional se hizo explícita por los datos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) sobre el desempeño de la economía en el primer semestre del año.

En el segundo trimestre, el Producto Interno Bruto (PIB) cayó un 9.7% en comparación al primer trimestre y nada menos que 11.4% ante el mismo período de 2019, los mayores índices desde 1996. Entre los sectores productivos, el único que registra una ligera marca positiva fue el agropecuario, con 0.4%: la industria se despeñó 12.3% (17.5% la industria de transformación) y los servicios, 9.7%.

En paralelo, los niveles de desocupación son alarmantes. Hacia finales de julio, según el IBGE, había 41 millones de personas inactivas, considerando los desempleados “oficiales” (13 millones) y los que no andan buscando empleo (28 millones).

Desde marzo, la pandemia interrumpió las actividades de más de 1.3 millones de empresas, de las cuales 700 mil cerrarán en definitiva. La casi totalidad de ellas, 99%. Está compuesta por pequeñas empresas con hasta 49 empleados, grupo que responde por más del 80% de la oferta de empleos en el país.

La dimensión de la devastación se ve en el hecho de que la ayuda de emergencia otorgada por el gobierno superó los niveles de empleos formales con contrato firmado en 25 de los 27 estados brasileños, llegando a más  de 65 millones de personas, más de la mitad de la fuerza de trabajo.

Por otro lado, un sector sigue haciendo su agosto: actividades financieras, seguros y servicios relacionados registraron un aumento del 0.8%. Parece poco, pero el contraste es brutal y emblemático. Mientras la economía real se colapsaba, los grandes bancos continúan demostrando desempeños superlativos, a pesar de una reducción de 39.5% en los índices de ganancias con relación a los registros del año pasado. Aún así, el Itaú Unibanco, Bradesco, Santander y el Banco de Brasil cerraron el primer semestre con 25 800 millones de reales de ganancias combinadas (Bradesco: 6 900 millones, Itaú Unibanco: 6,700 millones; BB: 6 400 millones; Santander: 5 800 millones.

De hecho, los bancos se destacaron hasta en el escenario internacional, ocupando cuatro de las primeras cinco posiciones entre las empresas más lucrativas de América Latina en el mismo período, a saber: 1) Bradesco; 2) Itaú Unibanco; 3) BB; 4) Vale; 5) Santander Brasil.

En rigor, esto no sorprende, debido a la vasta hegemonía de la “financierización” sobre la economía real, ocurrida en el pasado medio siglo, exacerbada en las regiones menos desarrolladas del planeta. Esto es lo muestra un informe reciente del Centro Estratégico latinoamericano de Geopolítica (Celag), según el cual, en el período 2015-18, el sector financiero latinoamericano fue el segundo más rentable del mudo, después del paupérrimo  !africano!. Los números: África: 2.6%; América Latina: 2.1%; Asia: 1.4%; Europa: 0.9%; Canadá y los EUA: 0.7%. (La República, 31 de agosto de 2020).

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