Biden mira a una nueva era de imperialismo “verde”

Por Jonathan Tennenbaum, de Berlín

MSIa Informa, 9 de abril de 2021.-En su Orden Ejecutiva para Enfrentar la Crisis Climática en el Interior y en el Exterior del 27 de enero, el presidente Joe Biden declara que su gobierno pretende “poner la crisis climática en el centro de la política exterior y de seguridad nacional de Estados Unidos”.

Esta declaración, tomada literalmente -como creo que pensará cualquier observador lúcido de la actual situación actual estadounidense e internacional- es una pieza de locura. Joe, por favor, díganos que no quiso decir eso.

Los problemas internos e internacionales urgentes que el gobierno de Biden tendrá que enfrentar en los meses siguientes, independientemente de los que se piense sobre un apocalipsis climático inminente, no tienen nada que ver con las temperaturas de la atmósfera de la Tierra. La verdad es que tienen más que ver con la probabilidad de crisis que pueden decidir entre la guerra y la paz en un horizonte de tiempo corto.

Sin embargo, puede haber un método en la locura. Por implicación, las órdenes ejecutivas de Biden transforman la liberación de bióxido de carbono (CO2) en cualquier parte del mundo en una cuestión de seguridad nacional de su país. La futura “Estimación Nacional de Inteligencia” proporcionaría la base para el uso de los recursos de la comunidad de espionaje y del aparato de seguridad nacional estadounidense para llevar a cabo las disposiciones climáticas del gobierno a escala mundial.

Esto tendría consecuencias muy graves. La construcción de una nueva autopista, de un oleoducto o de una planta fabril o de energía en un país en desarrollo tendería a provocar el aumento de las emisiones de CO2, por lo que podría, en principio, clasificarse como amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

El gobierno estadounidense, dependiendo de lo que se trate, o de quien se trate, se sentiría justificado y hasta obligado a interrumpir dichas obras, Así, el imperialismo “verde” se convertiría en un deber de Estados Unidos, y no es difícil evaluar la magnitud de las intervenciones y conflictos que podrían resultar de tal actitud.

Para usar la expresión del expresidente Barak Obama, Estados Unidos tienen a su disposición una variedad de “herramientas” para hacer cumplir sus objetivos climáticos en el mundo. Biden ya habló de usar tarifas y aranceles sobre el carbono de países que no estén “cumpliendo sus obligaciones climáticas y ambientales”.

Así que el clima le proporcionaría al gobierno de Biden un argumento para perseguir los objetivos proteccionistas de Donald Trump con otros medios. Como dijera Biden en su campaña electoral:” Los países que no cumplan sus obligaciones climáticas no tendrán permiso de erosionar el progreso mundial con productos baratos y sucios de carbono”. Una línea dura conta “productos sucios de carbono” sería, por lo tanto, una forma de “proteger los empleos estadounidenses”.

Hay otras muchas “herramientas” en la caja. Las metas climáticas proporcionan una amplia justificación para intervenir con fuerza en la política interna de las naciones, en especial el apoyo a partidos políticos, movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales selectas.

Todo se hará con el 100 por ciento de “corrección política”, faltaba más. Biden, evidentemente, considera, además, como su prerrogativa el dictar a las demás naciones las obras que pueden o no financiar y construir, en nombre de la salvación del planeta.

La orden ejecutiva les muestra el camino a los secretarios de Estado, del Tesoro y de Energía, así como a los jefes de otras agencias gubernamentales, en consulta con el consejero de Seguridad Nacional de la Presidencia, para “identificar las etapas por medio de las que Estados Unidos puede promover el fin del financiamiento internacional de energía a partir de combustibles fósiles ricos en carbono”.

Biden dejó claro que China es el blanco número uno de su política exterior volcada al clima. China tiene más de 250 gigawatts (GW) de energía generada en termoeléctricas a carbón en proyecto, con 97 GW ya en construcción. El total de 250 GW es aproximadamente toda la capacidad generación a carbón de Estados Unidos, que Biden prometió cancelar.

Biden declaró en su campaña electoral: “Voy a liderar una iniciativa diplomática para hacer que todas las naciones vayan más allá de sus compromisos iniciales” (de reducción de emisiones de CO2). “Esto es particularmente cierto para China, el emisor más grande, por mucho, de carbono del mundo. No sólo haremos responsables a sus líderes de la reducción de la producción de carbono internamente, en su país, sino que aseguraremos que dejen de financiar con miles de millones de dólares proyectos de combustibles fósiles sucios en toda Asia”.

Es verdad que muchos de los proyectos patrocinados por China en el marco de su Iniciativa Cinturón y Ruta incluyen la construcción de plantas de energía e infraestructura de combustibles fósiles.

Los bancos chinos son en la actualidad las principales fuentes de financiamiento de plantas termoeléctricas de carbón en todo el mundo, iniciativas que abarcan a empresas chinas en por lo menos 240 proyectos de ese género en países como Vietnam, Bangladesh, Kenia, Gana, Malawi, Zimbabue, Egipto, Tanzania y Zambia.

El hecho elemental es que los países en desarrollo necesitan energía y están ampliando su infraestructura de combustibles fósiles de acuerdo con tal necesidad. Esto puede verse con claridad en la construcción de oleoductos y gasoductos.

India tiene más de 21 quinientos kilómetros de ductos en planeación o en construcción, los países africanos, más de 33 mil, y América Latina, más de 13 mil. Los ductos que están a punto de construirse o que ya están en construcción en la región de Asia-Pacífico (donde se incluye a China) tienen una longitud que duplica la circunferencia de la Tierra.

¿Será que Estados Unidos, bajo las órdenes de Biden, tratarán de impedir esos proyectos en nombre de la salvación del clima?

Obsérvese que desde hace tiempo lo proyectos de gasoductos han tenido un papel destacado en las tensiones entre Estados Unidos y Rusia (y, antes, con la Unión Soviética). El más prominente, claro está, es el Nord Stream 2, tendido entre Rusia y Alemania, que Trump, y ahora Biden, pretenden interrumpir.

Pero hay más. Rusia sería uno de los mayores perdedores con las reducciones de CO2 de los compradores de su petróleo y gas natural, que hoy representan 60 por ciento de los ingresos de exportación del país y cerca del 30 por ciento de su PIB.

Asumir el papel de “gendarme” de la política climática colocará al gobierno de Biden en conflicto con los intereses de muchos países.

Casi todas las naciones del Medio Oriente viven de la exportación de petróleo. Entre los demás países cuyos ingresos de exportación dependen de combustibles fósiles en más de 50 por ciento están Argelia, Angola, Azerbaiyán, Brunei, Colombia, República del Congo, Gabón, Nigeria, Sudan, Turkmenistán y Venezuela.

Decenas de países en desarrollo reciben cantidades significativas de divisas de las exportaciones de combustibles fósiles y muchos tienen reservas que cuentan como parte de su riqueza nacional. El informe de 2017 del Fondo Monetario Internacional (FMI) Unburnable Wealth (en traducción literal, “La riqueza de las naciones que no se puede quemar”- n.e.) explora esta cuestión.

De manera más amplia ¿el gobierno de Biden tratará, efectivamente, de obligar a las naciones del mundo a cancelar billones de dólares de infraestructura de combustibles fósiles todavía en funcionamiento y no depreciada y, al mismo tiempo, pagar por una infraestructura totalmente nueva?

No hace falta decir que también puede haber consecuencias militares. ¿Y las actividades rusas en la región de Ártico, en las que el petróleo y el gas natural desempeñan un papel destacado?

¿Los mismos depósitos de petróleo y gas en las zonas reivindicadas por China en el mar del Sur de China?

¿Y si China y Rusia, y otras naciones, se niegan a detener actividad que “amenazan el clima mundial?”

¿Será que “salvar el planeta” se convertirá en una fuente conflictos militares, como el petróleo y el gas lo han sido con tanta frecuencia en el pasado?

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