Atrabancamiento estratégico de la alianza angloamericana

MSIa Informa, 24 de septiembre de 2021.-Dos días después de la reunión de la OCS en Dushanbe se anunció en Australia, una alianza  militar entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos (denominado AUKUS, por sus siglas en inglés), cuyo eje central será proporcionar ocho submarinos nucleares de tecnología estadounidense e inglesa a la Armada australiana, para sustituir sus actuales seis submarinos diésel eléctricos de la clase Collins, de tecnología sueca, cuya vida útil terminará a finales de esta década.

En una video conferencia conjunta con el Premier británico, Boris Johnson y el Presidente estadounidense, Joe Biden, el Primer ministro australiano, Scott Morisson, justifico el pacto al afirmar que el mundo se volvió “más complejo”, especialmente aquí en nuestra región, el Indo Pacífico”. A su vez, Johnson hablo de “preservar la seguridad y la estabilidad en el Indo Pacífico”. Y Biden advirtió que “el futuro de nuestras naciones -y, de hecho, del mundo- depende de un Indo Pacífico libre y abierto, duradero y floreciente, en las décadas venideras” (Voltaire Network, 15/09/2021).

Aunque Ninguno de los tres, obviamente, mencionó a China, no es necesario ser estratega o especialista en geopolítica para percibir que es contra ella por lo que se estableció el pacto. Los cierto es que Pequín no tardó en pasar el recibo. En un contundente editorial del periódico semioficial Global Times (16/09/2021) envió un recado directo a Camberra, en un lenguaje raramente utilizado en relaciones de tiempos de paz:

No solía haber resentimientos entre China y Australia… Sin embargo, no importa cuanto Australia se arme, ella es todavía un sirviente de Estados Unidos. Nosotros advertimos a Camberra que no piense que tendrá la capacidad para intimidar a China si adquiere submarinos nucleares y misiles ofensivos. Si Australia se atreviese a provocar a China de forma más agresiva, por causa de eso, o incluso contrariarla militarmente, China, ciertamente, la castigará sin piedad.

Sin embargo, el terremoto más fuerte, ocurrió a 8.200 kilómetros de Pequín, en París, donde el gobierno francés vio torpedeado sin aviso previo un acuerdo de 50 mil millones de euros con Camberra para la construcción de 12 submarinos convencionales, en vigor desde 2019 y considerado el “negocio del siglo” para la industria naval francesa.

El canciller francés, Jean-Yves Le Drian, no midió sus palabras para externar la indignación de su gobierno al describir el acuerdo como “una puñalada en la espalda… algo que los aliados no se hacen unos a otros” (The Local Fr, 16/09/2021).

La ira francesa se puede medir con la decisión inusitada de convocar a sus embajadores en Camberra y en Washington para consultas. En entrevista con la red France 2, Le Drian dijo:

El hecho es que, por primera vez en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Francia, nosotros estamos convocando a nuestro embajador para consultas, es un acto político grave, que muestra la intensidad de la crisis entre nuestros dos países y también con Australia… Ha habido duplicidad, desprecio y mentiras -en una alianza no se puede jugar de esa forma (Reuters, 18/09/2021)

Interrogado por qué el embajador en Londres no había sido convocado, el canciller respondió que no era necesario, pues el Reino Unido no era más que “la llanta de refacción” de la iniciativa.

Y las ondas de choque no se limitaron a París. En Alemania, el ministro de Asuntos Europeos, Michael Roth, expresó la posición de su gobierno al afirmar que el episodio debería ser un “grito de alerta” para la UE en lo que toca a la dependencia del bloque con Estados Unidos para su seguridad. “No podemos depender exclusivamente de otros, sino que debemos cooperar y tenemos que superar nuestras diferencias (dentro de la UE) y hablar con una única voz” (RT, 21/09/2021).

La misma presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Layen, ex ministra de la Defensa alemana afirmó que el trato de Francia por el trio AUKUS era “inaceptable”. “Somos amigos y aliados, y amigos y aliados conversan entre sí… sobre asuntos de interés común. Esto, claramente, no fue lo que sucedió”, dijo (RT, 21/09/2021).

Para el diplomático británico Peter Ricketts, que fue embajador en París y representante permanente en la OTAN, el episodio significa un serio riesgo para la misma OTAN:

“Creo que ese movimiento, ciertamente, debilita la confianza francesa en la OTAN e en los aliados de la OTAN y, por tanto, refuerza el sentimiento de ellos de que deberían estar buscando la autonomía estratégica europea. Creo que eso sólo puede ser perjudicial para la OTAN, porque la OTAN depende de la confianza. El trabajo de reparación necesita comenzar urgentemente” (Sputniknews, 20/09/2021).

Así es; entre los políticos franceses de oposición ya se oyeron sugerencias de que el país debería seguir el ejemplo de Charles de Gaulle, quien en 1962 retiró a Francia de la estructura de comando de la Alianza atlántica y la obligó a mudar su sede de París a Bruselas, donde permanece hasta hoy. Y se puede dar por seguro que este tema será uno de los temas candentes de las elecciones presidenciales de 2022, en la que Macron no tendrá ninguna facilidad para reelegirse.

Hasta en Londres el pacto no fue unánime. El secretario de Relaciones Exteriores Dominic Raab, que se oponía a él, fue sustituido por la entonces ministra para las Mujeres y la Igualdad, Elisabeth Truss, el mismo día 15, y transferido a la Secretaría de Justicia.

La actitud de Camberra, con todo rigor, no sorprende a nadie, pues desde el fin de la Segunda guerra mundial, Australia ha actuado sistemáticamente cono “carne de cañón” de las aventura militares y clandestinas del espionaje de Washington, además de integrar la alanza de los Cinco Ojos (Five Eyes), que reúne a las agencias de información electrónica de Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda. En este periodo, el único líder australiano que trató de desarrollar una política exterior independiente fue Gough Whitlam (1972-1975), quien amenazó con cerrar las estaciones de escucha estadounidenses en el país, y, consecuentemente, fue depuesto por el gobernador general John Kerr, representante de la reina Isabel II, en una maniobra articulada por la CIA (Agencia Central de Inteligencia). Desde entonces, todos sus sucesores aprendieron la lección de no contrariar los intereses de Washington, ni siquiera cuando se trata de preservar los intereses australianos hacia su mayor socio comercial, China.

Llevar a cabo la AUKUS, en términos prácticos, no será sencillo. Australia no dispone de industrias con la sofisticación técnica necesaria para participar en la construcción de submarinos nucleares, no tampoco tiene la infraestructura para la producción del combustible de los reactores, lo que la mantendrá dependiente de los abastecimientos de los “aliados”. La Marina australiana ya ha encontrado enormes dificultades para mantener operacionales sus seis submarinos actuales. Y no hablemos de los costos de los navíos, que deberá de ser considerablemente mayor que el de los submarinos convencionales franceses. En resumen, el pacto puede terminar naufragando antes de tocar el mar.

El AUKUS, para Washington, denota tan sólo la desesperación y la obsolescencia del pensamiento estratégico de las élites estadounidenses ante la creciente integración físico-económica y cooperativa de la masa continental de Eurasia, el gran temor de los geopolíticos angloamericanos de la estirpe de Halford MacKinder, Zbignew Brzezinski y otros cultivadores de la supremacía del poder marítimo.

Para la “llanta de refacción”, vulgo Londres, el pacto tripartita puede parecer un refuerzo para su delirante plan de la “Gran Bretaña Global” (Global Britain), pero el reino ya tiene problemas más que suficientes que enfrentar en la era del post Brexit, empezando con la radical escasez de mano de obra para una serie de actividades ante ocupadas por emigrantes de otros países europeos. No digamos ya la amenaza latente de la independencia de Escocia, donde están las bases de sus mismos submarinos nucleares (que, a propósito, ni siquiera pueden disparar sus misiles sin la autorización de Washington).

Es decir, ante la realidad, la AUKUS puede acabar por ser el canto del cisne del supremacismo “atlanticista” angloamericano.

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