Archegos: la quiebra de otro fondo de riesgo

MSIa Informa, 7 de mayo de 2021.-La muerte en prisión del especulador estadounidense Bernie Madoff no cierra un ciclo. La verdad es que la sucesión de quiebras y de turbulencias financieras muestra que nada cambió desde la Gran Crisis de 2008.

Madoff orquestó el “esquema Ponzi” más grande del que se tiene noticia, una gigantesca pirámide financiera fraudulenta que pagaba a los primeros inversionistas con capital nuevo reunido y que llegó a alcanzar por lo menos unos ¡50 ó 60 mil millones de dólares!

La historia de Madoff, con su condena de 150 años de prisión, es un ejemplo del clásico modelo estadounidenses para tratar casos como ese: se castiga a un individuo con una pena que tenga gran efecto en el público y en la prensa y dejan virtualmente intactos los mecanismos y el poder de las finanzas especulativas e ilícitas.

El ejemplo más reciente es el del fondo de riesgo Archegos, fundado por el especulador Bill Hwang. Como se sabe, los fondos de riesgo administran el capital de los inversionistas con la finalidad de evitar riesgos y la volatilidad de las acciones. El problema, sin embargo, es cómo hacen eso.

El primer fondo de Hwang, el Tiger Asia Management fue alcanzado por el derrumbe de Lehman Brothers en 2008. Mas tarde fue acusado por la SEC de usar información privilegiada en negocios de venta al descubierto, inclusive acciones chinas. Escapó con una multa pequeña de 44 millones de dólares. Durante cuatro años, sin embargo, no logró operar en el mercado de Hong Kong.

En 2014 creó el Archegos Capital Mangement, un fondo todavía más selecto, de ámbito familiar, con el que administra su capital y el de algunos otros privilegiados. De esta forma escapa de los órganos de vigilancia y de fiscalización y forma el sistema bancario paralelo (shadow banking).

El instrumento más inescrupuloso de Archegos era el uso del apalancamiento financiero, mecanismo para hacerse de más recursos financieros a partir de un capital reducido, con el cual logró administrar entre 50 y 100 mil millones de dólares.

Todos los bancos principales del mundo estuvieron involucrados en la transacción, entre ellos el japones Nomura, los estadounidenses Goldman Sachs y Morgan Stanley, el Crédit Suisse, el Deutschebank, etc. Con los préstamos, Hwang invirtió, entre otras cosas, en acciones estadounidenses y chinas, con títulos como garantía. El acuerdo era que, en caso de pérdida de valor, los bancos acreedores podrían pedir la reposición de las garantías, lo que se conoce como pedido de cobertura (margin call) o, en última instancia, vender los títulos para detener las pérdidas, lo terminó por suceder. El Crédit Suisse, por segunda vez en pocas semanas, habría perdido cerca de 4 mil millones de euros. Los bancos conocen perfectamente las reglas del juego, de modo que su “sorpresa” es justificable. Ellos utilizan los referidos fondos de riesgo, entidades autónomas y separadas de los propios bancos, para realizar operaciones muy arriesgadas y recibir comisiones y ganancias sustanciales.

En una situación anómala de tasas de interés muy bajas e incluso negativas, cuando el apalancamiento financiero es muy elevado, basta una pequeña alteración de la política monetaria o de un avalúo negativo de los títulos puestos en garantía para echar abajo el castillo de naipes. Los derivados emitidos sobre esos títulos son, naturalmente, las primeras víctimas.

De acuerdo con el Banco de Compensaciones Internacionales (BIS) de Basilea, el valor nominal de los derivados de “ventanilla” (OTC) alcanzó un pico de 640 mil millones de dólares en 2019. Como ya hemos insistido en reiteradas ocasiones, se trata de operaciones de alto riesgo, que suelen ser excluidas de los balances de los bancos involucrados y no están sujetas a las normas ni a la supervisión de las autoridades encargadas. Por ejemplo, no están reglamentadas por las cámaras de compensación, que garantizan que las contrapartes puedan concluir contratos de derivados.

Los especialistas del sector y algunos economistas, entre ellos algunos muy conocidos, siempre se apresuran a afirmar que el valor bruto de mercado se debe tener en consideración, aquel que destaca el riesgo y que sería necesario para firmar contratos de derivados en un determinado momento. Claro, esto siempre significa varios billones de dólares.

El ejemplo del reciente derrumbe de Archegos prueba lo contrario: en caso de crisis, es el valor nominal el que entra en juego -y puede crear un efecto de bola de nieve muy difícil de detener. Y aquí vamos de nuevo. Los grandes tiburones financieros siguen generando olas de riesgo sistémico. Por desgracia, no existe una legislación rigurosa y mundial para enfrentar el problema.

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