MSIa Informa, 13 de diciembre de 2019.-Podria ser una mera ocurrencia juvenil, si no fuera por la doble intención de los patrocinadores que pusieron juntos a activistas del movimiento ambientalista-indigenista, a adolescentes europeos envueltos es la campaña contra el carbono, a anarquistas británicos, a una anarquista punk rusa, a científicos brasileños y a los indígenas amazónicos para realizar un encuentro en una área en la cual solo se permite realizar actividades agrícolas primarias (“reserva extractivista”) en el estado amazónico de Pará, Brasil.
El encuentro “Amazonía, centro del mundo”, organizado por el omnipresente Instituto Socio Ambiental (ISA), por el nuevo Instituto Ibirapitanga y por la periodista Eliane Brun, del periódico El País Brasil, y la Asociación de Moradores de la “reserva extractivista” Rio Iriri, agrupó a 50 personas del 17 al 19 de noviembre para, según Brum, “crear una alianza por la Amazonía”. ¡Y que propaganda reciben!
Según la periodista:
“Es un encuentro de diferentes en torno de una idea común: frenar la destrucción de la selva y de los pueblos de la selva, hoy devorada por depredadores de todo tipo. En esta lucha debemos ser liderados por los pueblos de la selva -los indígenas, los habitantes de las orillas de la cuenca amazónica y los descendientes de los esclavos africanos, los llamados quilombolas, que mantienen la Amazonía todavía viva y de pie. Este es un encuentro de descolonización. Por ello, no un encuentro en Europa, no un encuentro en las capitales del Sudeste de Brasil”.
El kermes incluyó diversas tribus, además de los indígenas. La de los científicos-activistas del aparato ambientalista-indigenista se hizo presente con el ingeniero agrónomo Antonio Nobre, del Instituto Nacional Investigaciones Espaciales (INPE), el ingeniero forestal Tasso Azevedo, coordinador de la organización no gubernamental MapBiomas, de la Universidad de Pará (UFPA). El ala joven fue representada por adolescentes belgas y por el inglés Elijah Mackensie-Johnson, del Youth for del Climate. Robin Elis Cockroft, Alejanda Piazzola y Tiana Jacout, del grupo Extintion Rebellion, que representaron a la tribu “ecoanarquista,” reforzada por la anarquista rusa Nadya Tolokonnikova, una de las fundadoras del publicitado grupo Pussy Riot, quien ya visitó, por cierto, la prisión en su país. También estuvieron presentes Jackson Dias, del Movimiento de los afectados por las Presas (MAB, por sus siglas en portugués) y el obispo emérito de Xingú, Erwin Kräutler, otro veterano del programa indigenista amazónico.
Los adolescentes europeos se mostraron deslumbrados con la aventura (sin lugar a dudas más interesantes que sus clases). Al estilo de su ícono, la sueca Greta Thunberg, que no viaja en avión para no contribuir a las emisiones de carbono, atravesaron el Atlántico en un velero con otros 27 adolescentes, para participar, originalmente, en la conferencia climática COP-25, que se realizaría en Santiago de Chile, sólo que esta se cambió a Madrid a causa de las manifestaciones en el país sudamericano.
“En una época de emergencia climática, vale repetir una vez más que el centro del mundo es la Amazonía. Cada 24 horas, la mayor selva tropical del planeta lanza 20 billones de litros de agua a la atmósfera. Por la transpiración. La selva transpira y salva al planeta todos los días,” apunta Antonio Nobre.
De acuerdo con Brum, la selección del lugar se debió a que Altamira es “el epicentro de la destrucción de la Amazonía.” Vale la pena recordar que esta reunión de adolescentes reproduce a escala menor el célebre Encuentro de Altamira de febrero de 1989, la primera gran reunión de la escalada de la campaña “verde-indígena” para presentar a Brasil como el gran villano ambiental planetario.
En la organización de la reunión, además del omnipresente ISA, encontramos al nuevo Instituto Ibirapitanga. Una visita a su sitio electrónico informa que el instituto fue creado en 2017 por el cineasta Walter Salles para actuar en la “defensa de libertades y de la profundización de la democracia en Brasil.” Es curioso que los dos campos de acción mencionados son equidad racial y sistemas alimenticios, cuya relación con la cuenca del Amazonas es difícil de vislumbrar. El sitio informa que el instituto “opera con recursos propios a partir de los rendimientos de un fondo patrimonial.”
¡Y qué fondo! El informe financiero de 2018 señala que la entidad cuenta con activos de 161 millones de reales y que, en 2018, tuvo un superávit de 15.5 millones de reales, números que la convierten en una de las organizaciones no gubernamentales más ricas de Brasil.
Quizá, con tantos recursos, los dirigentes del Instituto Ibirapitanga se decidan a hacer frente a un problema ambiental realmente grave y más cercano a sus declarados campos de actividad, las deficiencias en la salubridad, la mayor dificultad ambiental del país, problema que contribuye de forma determinante a las enormes desigualdades brasileñas.

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