Afganistán: ocaso imperial y la esperanza de una alborada multipolar

MSIa Informa, 16 de julio de 2021.-A pesar de la ausencia de imágenes dramáticas de helicópteros que despegaban apresuradamente del techo de la embajada en Saigón o de helicópteros arrojados al mar desde los portaaviones para hacer lugar a otros cargados de fugitivos ante el fulminante avance de las fuerzas norvietnamitas sobre la capital de Vietnam del Sur, en 1975, la retirada de los militares estadounidenses de la base aérea de Bagram, Afganistán, no fue menos simbólica.

En la madrugada del 2 de julio, centenares de militares que todavía permanecían en dicha base, situada en los alrededores de la capital, Kabul, apagaron las luces y se retiraron sin siquiera avisar al comando militar afgano, lo que se hizo tan sólo cuando ya estaban en el aeropuerto de Kabul. En las prisas por la huida, quedaron atrás miles de vehículos civiles, centenares de jeeps blindados, armas ligeras, municiones y toda suerte de abastecimientos, parte de los cuales fueron tomados por los saqueadores antes de la llegada de los sorprendidos -y coléricos- militares afganos, horas después.

Aunque no haya sido una retirada total, pues un contingente menor permanecerá para proteger la embajada estadounidense en Kabul, el vergonzoso abandono de Bagram cierra las dos décadas del más largo de los conflictos armados de la historia de Estados Unidos y ocurre ante el avance inexorable de un Talibán reorganizado que ya tiene en su poder cerca de 80 por ciento del territorio del país, situación muy cercana a la de 2001, cuando se inició la intervención militar lidereada Estados Unidos.

El episodio simboliza, por supuesto, también el ocaso de la aventura hegemónica imperial estadounidense post Guerra fría, pero deja tras de sí la bomba de relojería de inestabilidad que representa un Afganistán gobernado por el Talibán. A causa de esta perspectiva, Rusia y China encabezan una intensa actividad diplomática, con el fin de contener y de impedir la propagación de probables ondas de choque en Asia Central, región crucial para los planes de integración de la Iniciativa Cinturón y Ruta (BRI en inglés) china y de la Unión Económica Euroasiática (UEE) rusa. De tener éxito, esos esfuerzos diplomáticos podrían ser un paso decisivo en la consolidación de un orden multipolar en toda la región euroasiática, con notables repercusiones mundiales.

El empeño ruso-chino está reforzado por Irán, que comparte una larga frontera con Afganistán, y por la India, como la gran potencia regional cuyos intereses ahí no se pueden ignorar. El esfuerzo conjunto involucra al actual gobierno afgano, al Talibán y a los países vecinos -Paquistán, Turkmenistán y Tayikistán. El Objetivo central es tratar de llegar a un acuerdo para compartir el poder pacíficamente entre el gobierno de Kabul y el Talibán, que ya aseguraron a Moscú, Pequín y Teherán que no tienen interés en crear problemas para los países vecinos.

La Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) podría ser una entidad clave para coordinar la iniciativa, pues todos los países involucrados son su miembros plenos o por lo menos observadores, con la excepción de Tayikistán, que, no obstante, será la sede de una reunión de la entidad para tratar el tema el miércoles 14 de julio.

Todo ese esfuerzo diplomático, sin ninguna interferencia o participación de Estados Unidos ni de sus aliados de la OTAN, muestra la magnitud del daño sufrido por Occidente por haber promovido o tolerado la aventura de dos décadas en la “Tumba de los imperios” (calificación que Afganistán lleva con justicia luego de haber derrotado a Alejandro Magno, al Imperio británico y a la Unión Soviética).

Sin nada positivo que mostrar, la intervención en Afganistán se puede resumir en los números siguientes:

-3 500 militares estadounidenses y de la OTAN y 3 900 mercenarios estadounidenses muertos;

-66 mil militares afganos, 51 talibanes y más de 47 mil civiles muertos;

-2 billones 260 mil millones de dólares gastados desde 2001, según el Proyecto de Costos de Guerra de la Universidad de Brown (el Pentágono reconoce tan sólo un billón de dólares);

-Afganistán tiene de nuevo en su haber el 80 por ciento de la producción mundial del opio, cultivo que había sido prácticamente erradicado por el Talibán en 2000; la producción de opio es hoy la principal actividad económica del país.

Los únicos ganadores de la guerra, en esencia, fue el “complejo de seguridad nacional” estadounidense y las redes internacionales de narcotráfico, y sus ramificaciones en el sistema financiero globalizado, enteramente “adicto” a los “narcodólares”, cuyas ganancias anuales estimadas se sitúan en las cercanías del billón de dólares.

En una entrevista de prensa en la Casa Blanca el pasado 8 de julio, el presidente Joe Biden admitió el desgaste estadounidense:

“Luego de 20 años -de un billón de dólares gastados en entrenar y equipar a centenares de miles de hombres de las Fuerzas Afganas de Seguridad Nacional y de Defensa, 2 448 estadounidenses muertos, 20 722 heridos e incontables miles que regresan a casa con traumas invisibles para su salud mental-, no enviaré a otra generación estadounidenses a una guerra en Afganistán sin ninguna expectativa razonable de obtener un resultado diferente. Estados Unidos no se puede dar el lujo de permanecer atado a conductas creadas en respuesta a un mundo de hace 20 años. Tenemos que enfrentar las amenazas donde están hoy”.

E hizo referencia a la “amenaza” preferida de los estrategas de Washington: “Y necesitamos enfocarnos en reforzar las fuerzas básicas de Estados Unidos para enfrentar la competencia estratégica con China y otras naciones, la que realmente va a determinar nuestro futuro”.

Como observó con propiedad la periodista escocesa Johanna Ross, los reparos de Biden indican la declinación de una súper potencia (Southfront, 13/07/2021).

El ocaso imperial estadounidense no implica el ascenso automático de otro hegemón, pero si muestra la esperanza de la alborada de un mundo multipolar no hegemónico y cooperativo, al que los mismos Estados Unidos podría aportar una contribución fundamental, una vez que se reconcilien con la idea del fin de su hegemonía fincada en la arcaica concepción del “excepcionalismo”.

(Foto: Wikimedia Commons.)

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