MSIa Informa, 22 de noviembre de 2019.-El nueve de noviembre en toda Alemania hubo conmemoraciones para celebrar los 30 años de la caída del muro de Berlín. La gran mayoría de las personas que vivieron aquel día lo recuerdan como uno de los momentos más felices de la post guerra. Fue, de verdad, un cambio estratégico que no hubiese sido posible sin la ayuda de Estados Unidos, pero tampoco sin la de la Unión Soviética, bajo el liderato, en ese entonces, del presidente del Estado Mijaíl Gorbachov.
No obstante, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, que visitó Alemania entre el 7 y el 9 de noviembre, en una entrevista conjunta con la canciller Angela Merkel, no hizo ninguna mención de la contribución soviética.
Para él, Alemania debe proteger la libertad conquistada triunfantemente en 1989, por lo que afirmó: “No queremos que la seguridad energética de Alemania dependa de Rusia,” en referencia indirecta al gasoducto ruso-alemán Nord Stream II, cuya construcción será terminada a finales de año. En esencia hizo la amenaza de que el gobierno alemán debería repensar cuidadosamente su cooperación con Rusia (el Senado de Estados Unidos quiere matar la obra e imponer sanciones contra las empresas que participan en su construcción) de la misma forma, atacó de forma explícita la potencial cooperación alemana con la empresa china de telecomunicaciones Huawei, calificada por Washington de “amenaza para la seguridad nacional” estadounidense.
En reconocimiento del papel de la URSS, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeir, envió una carta a Gorbachov para expresarle su profunda gratitud por lo que Moscú hizo para que la reunificación alemana fuese pacífica:
“Nunca olvidamos y no olvidaremos que el milagro de la unificación pacífica de varios países y el fin de la división de Europa no habría sido posible sin las decisiones humanas y valientes tomadas por usted, personalmente… Estoy plenamente consciente de que, en retrospectiva, no todas las esperanzas de aquellos días se cumplieron. Lo que más me hace sufrir es el estado de las relaciones alemanas-rusas y europeas-rusas. Es nuestro deber y tarea aceptar la alienación que ocurrió en los últimos años y no perder la perspectiva de un futuro común en paz y cooperación. En estos días, quiero decirle en particular, honestamente: Alemania estará eternamente agradecida a usted y aliada en profunda gratitud”.
En un saludo personal escrito para las celebraciones, Gorbachov había recalcado que recordaba bien las consignas usadas por los alemanes en el Este y en Occidente: Somos un sólo pueblo.” El día de la caída del muro fue, probablemente, el más feliz de la historia alemana, afirmó:
“En tales momentos de la Historia, la sabiduría y el sentido de la responsabilidad de las naciones y de los líderes de los estados son puestas a prueba. Podemos decir que pasamos con éxito esta prueba. Los alemanes expresaron sus esperanzas y demandas pacíficamente, y el pueblo ruso los ayudó con simpatía. Dos pueblos cerraron ese trágico capítulos del pasado. Esas personas -rusos y alemanes- son los verdaderos héroes de la unificación. Hoy debemos garantizar que Europa actúe de acuerdo con esas esperanzas y expectativas. Las personas, en aquella época, esperaban un nuevo comienzo y una época de paz, de cooperación y de reconstrucción, esperaban que Europa se convirtiese en nuestra casa común”.
Advirtió también que “no se creó ninguna arquitectura de seguridad común confiable, ni ningún sistema para evitar conflictos, de lo que nuestro continente está urgido.”
En una entrevista concedida a la BBC y difundida el 4 de noviembre, el ex líder soviético subrayó el “peligro colosal” desprendido de las armas nucleares en Europa y de la actual carrera armamentista alimentada por Estados Unidos. Para él, “deberíamos luchar por una Europa sin líneas divisorias ni paredes, una nueva Europa de la que nuestro país se pueda enorgullecer.”
Lavrov: la necesidad de una política exterior global
El mundo en una encrucijada y un sistema de relaciones internacionales para el futuro. Este es el título de un ensayo publicado por el canciller ruso, Serguei Lavrov, en el número de octubre de la revista Russia in Global Affairs. Se refiere, al 75 aniversario de la victoria en la Segunda guerra mundial y a la creación oficial de la Organización de las Naciones Unidas, en 1945, que se conmemorará en 2020, para resaltar la derrota del nazifascismo y la Carta de las Naciones Unidas, que se convirtió en la “principal fuente del derecho internacional hasta el día de hoy.” Para él, la ONU es una “red de seguridad que garantiza el desarrollo pacífico de la humanidad, en medio de divergencias ampliamente naturales de intereses y rivalidades entre las principales potencias.”
Al observar los acontecimientos de 1989, Lavrov afirmó que, en aquel momento, la URSS “se desintegró y el Muro de Berlín, que había separado simbólicamente los dos ‘campos’ cayó, con el impasse ideológico irreconciliable que definió la estructura de la política mundial en prácticamente todas las esferas y regiones para convertirse en cosa del pasado. Por desgracia, esos cambios tectónicos no promovieron un plan unificador. En lugar de eso, todo lo que escuchábamos eran declaraciones triunfantes de que el ‘fin de la Historia’ había llegado y que, a partir de entonces, habría sólo un centro de toma de decisiones mundial.”
De acuerdo con él, “los esfuerzos para crear un modelo unipolar fracasaron” y “la inmensa mayoría de los miembros de la comunidad internacional rechaza los comportamientos neocoloniales arrogantes, que se emplean nuevamente para capacitar a ciertos países para que impongan su voluntad a otros.”
Se refirió en particular al uso “falso” del lenguaje diplomático y de la retórica que practican muchos representantes políticos de las élites occidentales: por ejemplo, el uso de términos como “liberalismo, democracia y derechos humanos,” que generalmente “van de la mano con doctrinas de desigualdad, injusticia, egoísmo y creencia en su propio excepcionalismo.” Señaló, igualmente, la política de “sanciones y amenazas militares contra países como Cuba, Irán, Venezuela, Corea del Norte y Siria.” El verdadero liberalismo, según Lavrov, “siempre fue un componente importante de la filosofía política de Rusia y del mundo.”
De la misma forma, observó que Occidente, luego de siglos de dominio político, militar y económico, está perdiendo la prerrogativa de ser el único que le da forma al plan mundial, y da lugar al concepto del “orden basado en reglas” (rules based order). El otro término usado con frecuencia es la “responsabilidad de proteger” (también conocido por las siglas en inglés R2P), que, en realidad, muchas veces justifica violentas “intervenciones humanitarias.”
Según él, hay una razón para que Occidente esté debatiendo abiertamente una nueva división entre el “orden liberal basado en reglas” y las “potencias autoritarias.” Subrayó que, al abandonar los tratados contra proyectiles balísticos (ABM) y de alcance intermedio (INF), Estados Unidos creó el riesgo de “desmantelar toda la arquitectura de los acuerdos de control de las armas nucleares.” No obstante, Lavrov argumenta que los sucesos internacionales revelan que el surgimiento de una “arquitectura mundial policéntrica se debe ver como un proceso irreversible, sin importar cuánto alguien trate de asegurarla artificialmente.”
Lavrov indica que “todas las partes deberían cumplir rigurosamente los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, empezando con el respeto a la igualdad soberana de los estados, independientemente de su tamaño, sistema de gobierno o modelo de desarrollo.”
Además de instar a una reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tomando en consideración los intereses de las naciones asiáticas, africanas y Latinoamericanas, destacó que “debemos usar al máximo el potencial del G-20 como un órgano de gobierno mundial ambicioso y general que representa los intereses de todos los principales actores y toma de decisiones unánimes.”
Otras asociaciones y alianzas están desempeñando un papel creciente, afirmó, al proyectar el espíritu de una verdadera y democrática multipolaridad, asentada en el consenso de participación voluntaria, valores de equidad y de pragmatismo sano, absteniéndose de emplear mecanismos de confrontación y de bloques. Entre ellas, el BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO, por sus siglas en inglés), que Rusia presidirá en 2020. Afirmó que la prioridad incondicional de Rusia es “seguir prestando ayuda a la formación libre de la Gran Sociedad Euroasiática, una amplia estructura de integración que se extiende del Atlántico al Pacífico, involucrando a los estados miembros de la Unión Económica Euroasiática, SCO, Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) y los demás países del continente euroasiáticos, contando entre ellos a los de la Unión Europea.”
Un contraste belicoso venido de Estados Unidos
El texto de Lavrov se debe poner al lado de la virulenta retórica empleada por la entidad Heritage Foundation, que, el 30 de octubre, publicó un estudio titulado “Evaluación de las amenazas a los intereses vitales de Estados Unidos.” De forma emblemática, el único tema del estudio es Rusia, calificada como el principal agresor del mundo. Según el texto, el país es una
“Amenaza aguda y formidable para Estados Unidos y para sus intereses en Europa, del Ártico al Báltico, Ucrania y el Sur del Cáucaso, y cada vez más al Mediterráneo. Rusia sigue fomentando la inestabilidad en Europa. A pesar de los problemas económicos, Rusia sigue poniendo en primer lugar la reconstrucción de sus Fuerzas Armadas y el financiamiento de sus operaciones militares en el exterior.” (…)
En antagonismo militar y político de Rusia hacia Estado Unidos es firme y los esfuerzos para minar las instituciones de Estados Unidos y de la alianza de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) son serios y preocupantes. Rusia utiliza su posición energética en Europa, a la par del espionaje, ataques cibernéticos y guerra de información, para explotar vulnerabilidades, y busca colocar cuñas en la alianza atlántica y minar la fe de las personas en el gobierno y en las instituciones de la sociedad.
El texto subraya que, “en el cómputo general, Rusia posee capacidades convencionales y nucleares significativas y sigue siendo la principal amenaza para la seguridad europea (sic). Su postura agresiva en varios teatros, en especial los Balcanes, Georgia, Siria y Ucrania, sigue fomentando la desestabilización y amenazando los intereses de Estados Unidos.”
Todo el estudio consiste, esencialmente, de una lista de conflictos y confrontaciones ocurridos en los últimos años, donde destaca, en particular, la participación rusa en Siria (supuestamente realizada por “tropas mercenarias” entrenadas y, frecuentemente, comandadas por Fuerzas Especiales rusas).
En el área económica, el estudio, a pesar de resaltar que la economía rusa crecerá tan sólo 1.4 por ciento en 2019 y que el ingreso disminuirá significativamente, concluye que los problemas económicos internos también pueden incentivar al régimen a buscar aventuras militares en el exterior para distraer al público y crear noticias positivas para el gobierno.” En conclusión, los autores escriben que Rusia todavía mantiene el mayor arsenal nuclear del mundo y, “aunque un ataque a Estados Unidos sea altamente improbable, el potencial latente para la realización de dicho ataque todavía da a esas armas un valor estratégico suficiente como para mantener su importancia en relación a los aliados estadounidenses de la OTAN y a los intereses de Europa.

Português
Msia Informa
