En medio del desorden global ¿La “Gran Eurasia” tendrá más oportunidades?

El pasado 4 de abril, en Moscú, el Club de debates de Valdai y el Centro de Estudios Rusos de la Universidad Normal de China Oriental realizaron una conferencia de dos días sobre el tema “China y Rusia: hacer frente a las dificultades de los cambios mundiales.” Entre los conferencistas destacaron: Feng Shaolai, director del Centro de Estudios Rusos; Fu Ying, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Congreso Nacional del Pueblo; Dmitri Mezentsev, miembro del Consejo de la Federación (Senado ruso); y Sergei Karaganov, decano de la Escuela de Economía Internacional y Asuntos Exteriores de Moscú.

Karaganov, en su conferencia, subrayó que las relaciones entre Rusia y China no eran “exclusivamente bilaterales,” debido a los muchos problemas mundiales que están sobre la mesa. Según él, en un “mundo global que está fracasando,” los dos países deberían crear un centro opcional de poder, en el momento en el que actuasen en conjunto con Estados Unidos para promover la estabilidad estratégica internacional.

A propósito, el director del Instituto de Estudios del Extremo Oriente de la Academia Rusa de Ciencia, Sergei Luzyanin, se refirió a la iniciativa del gobierno ruso, divulgada el año pasado, para la creación de una sociedad amplia euroasiática, y al papel de liderato de Rusia y de China en la integración de la Unión Económica Euroasiática y de la Organización de Shangái para la Cooperación (SCO, por sus siglas en inglés).

Consecuencias de una Gran Eurasia para el orden mundial

A la luz de los debates de la última conferencia del Club Valdai y a la luz de los diferentes estudios publicados sobre el desarrollo euroasiático –entre ellos el ensayo de Yuri Gromyko, “Más allá de los BRICS: nuevos patrones de cooperación para el desarrollo del Corredor Transatlántico”-, vale la pena observar con atención un reciente ensayo de Karaganov titulado “De la guiñada para el Este a la Gran Eurasia.“

El trabajo identifica los problemas que enfrenta Rusia al comprometerse en tal proyecto y esboza un marco conceptual para un “Proyecto de Gran Eurasia.” Como Karaganov observa en estudios anteriores, el cambio ruso de dirección hacia el Este y, en los últimos años, hacia Eurasia, se debe evaluar en el contexto de los acontecimientos estratégicos ocurridos en la última década, principalmente en el periodo 2011-2012.

Ese giro, dijo, Karaganov, “fue concebido en la segunda mitad dela década de 2000, en respuesta al ascenso de Asia, que abrió una plétora de oportunidades para el desarrollo del país, principalmente en las regiones orientales. Este ascenso brinda una oportunidad de transformar el territorio más allá de los Urales y el Extremo Oriente Ruso; de ser un antiguo fardo imperial o de confrontación con el Este (rivalidad con Japón y con China) a convertirse en una “plataforma para el desarrollo de todo el país.”

“Rusia y China han establecido relaciones estrechas “de facto, aunque no de jure,” que se complementan y se equilibran cada vez más y guardan lazos fuertes con Japón, Vietnam, India, Corea del Sur, Irán y los países de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). En lugar de una rivalidad anticipada en Asia Central, Moscú y Pequín están integrando gradualmente “la iniciativa de la Ruta de la Seda y la Unión Económica Euroasiática. En consecuencia, la política rusa en Asia se está haciendo amplia y estratégica en su naturaleza, pero todavía hay un largo que recorrer.” Afirmó.

Karaganov incluye entre los problema que enfrenta Rusia en su cambio hacia el Este: la “despoblación del Extremo Oriente Ruso” –que, según él, ha disminuido; la inercia rusa en la caracterización económica del giro; la mentalidad económica, la lentitud de las agencias gubernamentales rusas, élites corruptas, pero, lo más importante, el estancamiento económico y un débil ambiente de inversiones, principalmente, para las pequeñas y medianas empresas.”

Sin embargo, afirma, “Siberia tiene que convertirse en una tierra de libertad económica. Fue esto lo que promovió su desarrollo en el periodo zarista. Esperamos que no haya nuevos gulags o la relocalización forzada de industrias para allá, como ocurrió en la Segunda guerra mundial.”

Por otro lado, recalcó que otra causa del cambio de dirección hacia el Este fue el rechazo de la propuesta rusa de una “casa común europea,” tal y como la percibían las élites rusas. El intento de Bruselas de imponer nuevos principios post europeos desalentó las aspiraciones europeas de las élites rusas, pero, según él, lo que las convenció de dar la espalda a Europa fue lo que identificó como “una política codiciosas e inconsecuente ‘neo weimariana’ (referencia a la República de Weimar, implantada en Alemania en los años veintes –n.e.) que promovió alianzas occidentales rumbo al Este y a los territorios que Rusia considera fundamentales para su seguridad, por los cuales el Imperio Ruso y la antigua Unión Soviética sacrificaron millones de vidas. Esta política acabó con los planes para la creación de un sistema sostenible de toda la seguridad europea, una casa europea común, o la Unión de Europa.”

Lo que siguió fue una trágica escalada de la crisis que culminó con los acontecimientos de 2013-2014 de Ucrania, seguidos de un serio deterioro de las relaciones con Europa y Estados Unidos, con la adopción de sanciones políticas y económicas contra Rusia. Este intento de creación de un enemigo externo para compensar la crisis interna europea empujó a Rusia hacia nuevos mercados de Oriente. En consecuencia, el país adoptó una nueva identidad geopolítica y geoeconómica que se puede rotular como una “liberación de la dependencia moral y política de Occidente,” con un refuerzo cualitativo de posicione en el diálogo con las potencias occidentales.

Es evidente, observa Karaganov, que “Rusia no tiene planes de abandonar la cooperación con los países europeos, de la que pueda beneficiarse, pues esto sería no sólo perjudicial en lo económico, sino también peligroso ideológicamente, llegando a amenazar la identidad de la mayoría del pueblo ruso, que se considera europeo, aunque no le gusten muchas cosas ofrecidas por la Europa moderna, que se convierte en una post Europa que abandona una parte considerable de sus principios fundamentales, compartidos por los rusos.”

El concepto clave de una política para una Gran Eurasia

En la visión de Karaganov, la Gran Eurasia es un ·espacio geoeconómico emergente” engendrado por la tendencia “Asia para Asia,” la orientación de China para Occidente y la integración con la Unión Económica Euroasiática y el cambio de dirección ruso hacia el Este. Un factor clave para la creación de la Gran Eurasia es la “creación acelerada de una infraestructura de transportes transcontinental,” inclusive rutas Este-Oeste y nuevas rutas Norte-Sur, en gran medida todavía poco desarrolladas, lo que forma un impedimento para el crecimiento pleno. Se trata de una zona de “cooperación civilizatoria,” reemergida después de un largo hiato de siglos, simbolizado por la Gran Ruta de la Seda que unía a las grandes civilizaciones de China, India, Persia y el Oriente Medio árabe y que los comunicaba con Europa, a través del Imperio Romano de Oriente (Bizancio), Venecia y España.

Karaganov afirma, y repetidamente, que la Gran Eurasia es un marco conceptual para la identificación geoestratégica y geoeconómica rusa como el centro y el norte del continente en ascenso, lo que constituye uno de los núcleos económicos y de infraestructura y un proveedor clave de seguridad. En vista de la experiencia y de la cooperación históricas de Rusia con Occidente y con Oriente, él ve un papel central que podría desempeñar el país, “al forjar y restaurar las interacciones culturales de Eurasia. Pero Rusia no cederá sus preciosas raíces culturales europeas y seguirá cultivándolas.”

Entre los elementos centrales de una futura sociedad “Gran Eurasia” se incluye el “diálogo entre la SCO y la Unión Europea y entre la Unión Económica Euroasiática. Los atractivos iniciales podrían darse en el ámbito del análisis de especialistas, para seguir con un foro político sobre el desarrollo euroasiático. El cambio de rumbo hacia Asia debería estar vinculado con una estrategia, inexistente actualmente, para la recuperación económica y el desarrollo de Rusia”, afirma Karaganov, quien destaca uno de los problemas que tendrá que enfrentar el país si quiere tener éxito con el “Proyecto Gran Eurasia.”

Un “derrotero” para el proyecto se debe fincar en elementos como: a) creación de una estrategia de transporte coordinada; b) la creación de una red de agencias de clasificación de riesgo; c) apoyo a las disposiciones del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB) y de otros banco regionales; d) un mecanismo internacional de pagos que opere en paralelo con el SWIFT, para evitar que este se pueda emplear como arma económica, y para hacer más estable el sistema financiero mundial; e) expansión del comercio en monedas nacionales con la creación de mecanismo de pago independientes; f) creación de un centro de información económica que opere en paralelo y en cooperación con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Karaganov habla sobre la necesidad de crear una gran agencia de noticias (como la BBC o la Stratfor), que podría llamarse “Eurasia News,” basada en una nueva noción de relaciones internacionales –interacción e interpenetración de civilizaciones, en lugar de conflictos. Esto debería darse en paralelo con la necesidad de recuperación de las narrativas históricas y culturales compartidas por todos los estados euroasiático, en particular la historia del Imperio Mongol, de la Gran Ruta de la Seda, del Imperio Bizantino, que fundió patrones culturales asiáticos y europeos y conservó la cultura europea durante su declinación, a lo que debe agregarse el papel de Venecia como intermediaria entre Europa y Asia. Aunque el ensayo de Karaganov aborda amplios aspectos, según él, persisten muchos “si” o “cláusulas condicionales,” además de intereses diametralmente opuestos que tienen que conciliarse políticamente por las partes involucradas. El proyecto de la Gran Eurasia podría ser una manera de superarlos y hacer de la iniciativa un logro histórico, del que la Humanidad está muy necesitada.

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