En Haití se necesita un Plan Marshall

Luego de 13 años, las Naciones Unidas se preparan para concluir la misión Minustah para estabilizar Haití, funcionando desde 2004 con el fin de impedir el virtual hundimiento del país caribeño, luego del derrocamiento y deportación del presidente Jean-Bertrand Aristide.

La misión fue coordinada desde sus inicios por Brasil, con la movilización de cerca de 38 mil militares con un gasto superior a los mil quinientos millones de reales (menos de un tercio del cual fue resarcido por Naciones Unidas). Las Fuerzas Armadas brasileñas se retiran con una importante experiencia de movilización conjunta en el escenario internacional y de operaciones en zonas urbanas en conflicto y poniendo al país con cierta imagen de actor internacional capaz de ofrecer contribuciones positivas en situaciones de emergencia que demanden intervenciones externas conjuntas. Para Haití los resultados son bastante limitados. Si bien es cierto que el país obtuvo una considerable reducción de los conflictos internos que lo asolaban, por otro lado, la posibilidad de que la intervención internacional pudiese crear condiciones para la reconstrucción de la precaria base económica, sencillamente no se materializó.

En una entrevista concedida al periódico brasileño O Estado de S.Paulo (30/08/2017), el comandante de Minustah, general Ajax Porto Pinheiro, afirmó que tan sólo un plan de recuperación socioeconómica como el aplicado en Europa Occidental luego de la Segunda Guerra Mundial podría funcionar. “Solo si tuviese un Plan Marshall en Haití. Pero no lo tiene,” dijo.

El oficial compara a Haití con un pequeño avión preparado para volar: “Ese avión ahora puede tanto despegar como aterrizar, ir a la derecha y doblar”. Haití no está al 100 por ciento. Pero si tuviésemos que esperar a que Haití esté listo quizá tendríamos que quedarnos aquí dos décadas.”

No obstante, afirma que Minustah dejará al país mejor, pues, recordó, en 2004 Haití estaba al borde de una guerra civil, con varias ciudades tomadas por pandillas de delincuentes y una grave crisis política.

O sea, para tener pleno sentido, la misión internacional necesitaría incluir el factor progreso. En este informativo la hemos comentado;

“Cualquier propuesta de intervención extranjera que no incluya una iniciativa a largo plazo para la reconstrucción y el progreso del país, que permita rescatar a su población de la pobreza y de la miseria abyectas que la flagelan y darle un sentido positivo de futuro, será infructífera. Más que de soldados extranjeros, Haití necesita de ayuda económica para la construcción de una sociedad moderna. Si tales vulnerabilidades no se enfrentan debidamente, los conflictos internos que han marcado la historia del país volverán a manifestarse –y, posiblemente, a exacerbarse- en cuanto las fuerzas extranjeras se retiren”.

En la época de la organización de la misión, Brasil disponía de capacidad suficiente para condicionar su participación al cumplimiento de varios requisitos compatibles con el objetivo propuesto. Y no sería difícil. Para comenzar, podría presionar para conseguir el alivio de la deuda externa haitiana y el restablecimiento inmediato de los empréstitos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), suspendidos por presiones de Washington para debilitar al gobierno de Aristide.

Para reforzar lo anterior, la búsqueda de algún tipo de trabajo remunerado fue la principal motivación de los haitianos que se acercaron a los primeros militares brasileños que desembarcaron en Puerto Príncipe. “Los brasileños serán bien recibidos, pero necesitan traer empleos con ellos,” dijo uno de ellos a un periodista brasileño en 2004.

Si tales condiciones se hubiesen asegurado, la misma participación brasileña al frente de la Minustah podría haber asumido una proporción mucho más relevante, por ejemplo, al emplear a los batallones de ingeniería militar en la construcción de más proyectos de infraestructura que los pocos realizados por ellos en el país, además de organizar programas de capacitación profesional y de “emprendurismo”. La falta de perspectiva de actividades productivas, excluida de los propósitos de la misión de Naciones Unidas, ha llevado a millares de haitianos a buscar en el exterior un futuro más promisorio, en especial en países sudamericanos como Brasil, Chile y otros más.

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