En camino al jaque-mate: Rusia detona el excepcionalismo y la unipolaridad

El mundo está cambiando rápidamente y no hay más espacio para hegemonías o excepcionalismo. Por lo tanto, paren de vivir en el pasado y de sacudir el barco en el que todos vamos, el planeta Tierra, y miremos hacia el futuro en un nuevo orden mundial justo y benéfico para todos los países.

Este fue, en esencia, el mensaje central transmitido por el presidente Vladimir Putin en su histórico discurso en la Asamblea Federal, o Parlamento de la Federación Rusa, el pasado primero de marzo, el cual cuestiona todo el orden mundial establecido por los poderes anglo-americanos después de la implosión de la Unión Soviética; la ambición era dar paso a una estructura unipolar de gobierno mundial, apoyada en una fórmula de soberanías limitadas y restricciones a las aspiraciones de desarrollo a los Estados nacionales.

Los principales destinatarios fueron los círculos más agresivos y empedernidos de las elites oligárquicas anglo-americanas, quienes, desde la década pasada, fustigan a Rusia esperando disciplinarla al programa “excepcionalista”. En Europa se ha impuesto manu militari, con la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el Este, un claro cerco al territorio ruso mediante un sistema de defensa antimisiles, sanciones económicas y políticas y toda suerte de provocaciones militares y estratégicas.

Las más reciente de estas fue la divulgación de la nueva “Estrategias de Seguridad Nacional 2017” y “Revisión de Posturas Nucleares” de los EUA, ambas ponen a Rusia y a China en la categoría de “potencias revisionistas” –es decir, opuestas a la preservación de la hegemonía unipolar estadounidense- y adoptan definitivamente la doctrina del “primer golpe” de armas nucleares, justificándolo como represalia a ataques con armas convencionales o cibernéticas.

En la edición del pasado 25 de enero, la revista The Economist transmitió en voz alta la amenaza oligárquica al mundo, dando un verdadero ultimátum –sométanse al poder anglo-americano comandado por los EUA o enfrenten la amenaza de una guerra nuclear. “Sin un compromiso de América con el orden internacional y con el poder duro para defenderlo contra capaces y determinados desafiantes, los peligros aumentarán. Si esto ocurriera, el futuro de la guerra podría estar más cerca de lo que se piensa”, tronó la revista londinense.

Nuevo arsenal

La respuesta de Moscú llegó inesperada en la forma de la revelación de un impresionante arsenal de tecnologías avanzadas con potencial para neutralizar la principal ventaja con la que contaban los pirómanos del eje Washington-New York-Londres: la supuesta capacidad de efectuar un primer ataque nuclear contra Rusia (o China) sin sufrir una respuesta igualmente devastadora. En el discurso, Putin reveló que las Fuerzas Armadas rusas disponen de los siguientes sistemas de armas, ya operativas o en fase avanzada de pruebas:

1.-Un misil de crucero impulsado por un motor nuclear, capaz de llevar una ojiva convencional o nuclear a prácticamente cualquier punto del planeta.

2.-Un misil anti-buque Kinzhal (daga en ruso), capaz de alcanzar el Mach 10 (diez veces la velocidad del sonido) y con un alcance de 2 mil kilómetros. El arma es lanzada por los cazas MIG-31 modificados y estaría en servicios a partir de diciembre en el Distrito Militar Sur de la Federación Rusa, cuya jurisdicción incluye al Mar Caspio y al Mar Negro.

3.-El super-misil intercontinental Sarmat RS-28, dotado de 15 ojivas de reentradas independientes con 750 kilotones cada una (para comparar, la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima tenía 15 kilotones) con un alcance de 15 mil kilómetros, capaz de llegar al territorio continental de los EUA volando sobre el Polo Sur.

4.-El misil planeador hipersónico Avangar (vanguardia, en ruso), capaz de llegar hasta March 20, lo que le permitiría llegar a Washington en solamente 15 minutos, si es lanzado desde territorio ruso. Debido a las velocidades en que opera, las temperaturas en su superficie metálica pueden alcanzar los 2000 grados centígrados, lo que por sí solo denota inusitados avances tecnológicos en materia de compuestos capaces de resistirlas.

5.-El submarino-robot de propulsión nuclear Status-6 capaz de llegar a velocidades de hasta 56 nudos (85 km/h), mucho mayores que los que cualquier buque de guerra o torpedos disponibles en Occidente, y de alcanzar hasta 1000 metros de profundidad, capacidad que lo vuelven prácticamente invulnerable a cualquier sistema de defensa de la OTAN. Puede ser equipado con una ojiva nuclear y tiene un alcance operativo de 10 mil kilómetros.

Putin anunció también la existencia de armas de rayos laser, pero no dio detalles sobre estas.

Cada una de estas armas constituye una hazaña tecnológica en sí misma y, en conjunto, dan la señal de un virtual jaque-mate a la estrategia de hostigamiento y cerco a la Federación Rusa con bases de la OTAN, sistemas de defensa antimisiles y maniobras navales en los linderos de las aguas territoriales rusas. Todos los misiles son maniobrables en tres ejes espaciales, lo que dificulta tremendamente una previsión de sus trayectorias y su eventual intercepción por misiles anti-balísticos. El misil de crucero, por su enorme autonomía y capacidad de vuelo bajo, puede evitar fácilmente cualquier sistema de defensa antimisiles y antiaérea.

Además, todas las tecnologías involucradas demuestran grandes avances en áreas como microelectrónica, nuevos materiales, comunicaciones e inteligencia artificial, con amplias posibilidades de aplicaciones en la industria civil, evitando el talón de Aquiles de la antigua tecnología militar soviética, la cual se reveló incapaz de ofrecer tales sub-productos.

De las nuevas armas, la que aparentemente es menos formidable que las demás, el misil Kinzhal, podría cambiar definitivamente el rumbo de la guerra naval, pues representa una amenaza mortal para buques de superficie de cualquier dimensión, de manea aislada o en fuerzas de tarea. Como los afirma el especialista militar ruso Andrei Martyanov:

“Ningún sistema de defensa antiaéreo moderno o en perspectiva disponible hoy en cualquier flota de la OTAN puede interceptar un solo misil con semejantes características. Una andanada de semejantes misiles garantiza la destrucción de cualquier grupo de batalla de portaviones o cualquier otro grupo de superficie –sin el uso de municiones nucleares” (Russia-Insider del 6 de marzo de 2018).

Según él, a partir de las aguas internacionales del Mar Negro, los aviones del Distrito Militar Sur podrían “vedar” todo el Mediterráneo Oriental a cualquier fuerza naval y lo mismo podría hacerse en el Golfo Pérsico, hoy un lago de la Naval Norteamericana y sus aliadas.

Por su parte, el propulsor nuclear de aeronaves es una tecnología que los EUA y la propia Unión Soviética habían desistido de desarrollar en la década de 1960 y, aparentemente la Rusia de Putin se está revelando exitosa en retomarla. A pesar de la inexistencia de mayores detalles, el nivel de miniaturización necesaria para utilizarla en misiles de crucero sugiere una capacidad tecnológica por lo menos una generación al frente de la competencia.

Otra evidencia de que Rusia está investigando en la propulsión nuclear fue el anuncio de la compañía estatal Rosatom, en 2016, sobre el proyecto de un reactor nuclear capaz de llevar una nave espacial a Marte en tan solamente seis semanas, una orden de magnitud menos que los 18 meses requeridos para la propulsión química actualmente disponible (Wired, 3 de octubre de 2016).

Putin fue claro al afirmar que las nuevas armas son de carácter estrictamente defensivo y no representan amenazas para nadie que no tenga intención de atacar a Rusia, pero disparó de forma muy certera contra la orientación ideológica de los oligarcas anglo-americanos:

“Nuestras políticas nunca se basarán en pretensiones de excepcionalismo. Protegemos nuestros intereses y respetamos los intereses de otros países. Observamos el Derecho Internacional y creemos en el papel central inviolable de las Naciones Unidas. Estos son los principios y orientaciones que nos permiten construir relaciones fuertes, amistosas y equitativas con la mayoría absoluta de los países. (…)

No sacudan el barco

“No estamos amenazando a nadie, no vamos a atacar a nadie o tomar alguna cosa de alguien con la amenaza de las armas. No necesitamos de nada. Al contrario. Considero necesario enfatizar que el creciente poderío militar de Rusia es una garantía sólida de paz global, en la medida en que este poderío preserva y seguirá preservando una paridad estratégica y el equilibrio de fuerzas en el mundo, que, como es sabido, ha sido y sigue siendo un factor clave de seguridad internacional, de la II Guerra Mundial hasta nuestros días (…)

Ahora, es necesario que estén conscientes de esta realidad y seguros de que todo lo que dije hoy no es un fanfarronada –créanme- y piensen al respecto todos los que viven en el pasado y son incapaces de mirar hacia el futuro, y paren de sacudir el barco en que todos estamos, que se llama Tierra” (Kremlin, 01/03/2018).

El desarrollo de semejantes armas, resaltó Putin, fue la respuesta rusa a l retiro unilateral de los EUA del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM, siglas en inglés), en 2002. Durante la segunda mitad de la Guerra Fría, el tratado fue piedra angular del equilibrio de poder que aseguró que los arsenales nucleares de las dos superpotencias nunca fueran utilizados. Empero, advirtió que, en el nuevo escenario, la sombrilla protectora rusa podría extenderse a sus aliados.

“Veo como mi deber anunciar lo siguiente: cualquier uso de armas nucleares contra Rusia o sus aliados, armas de corto, mediano o cualquier alcance que sea, será considerado como un ataque nuclear contra este país. La revancha será inmediata, con todas sus debidas consecuencias”.

Casi al final de su discurso de dos horas, Putin afirmó: que “este es un período de cambio para todo el mundo y aquellos que estén dispuestos y sean capaces de cambiar, aquellos que están tomando iniciativas y moviéndose hacia el frente asumirán el liderato”.

Tomados de sorpresa, los lideratos y la prensa occidental no lograron más que balbucear las esperadas acusaciones de que Putin estaba promoviendo una nueva carrera armamentista. El secretario de Defensa del Reino Unido, Gavin Williamson, marco el tono al afirmar que Rusia eligió “un camino de escalada y provocación”, reportó el periódico Daily Telegraph del pasado primero de marzo. El Times londinense del siguiente día dijo. “Putin revela super-armas para retar a Occidente”. El New York Times del mismo día manifestó que Putin “amenazó a Occidente con una nueva generación de armas nucleares”.

De manera sorprendente, el hasta ahora, normalmente boquiflojo presidente Donald Trump no emitió comentario público al respecto.

La histeria oligárquica es justificada, pues las nuevas capacidades rusas sepultan cualquier posibilidad de extensión de dominación hasta ahora usufructuada por el eje anglo-americano en el futuro inmediato. Sin embargo, solamente espíritus contagiados por siglos prácticas hegemónicas pueden engañarse o pretender engañarse sobre el alcance más profundo de lo que Putin transmitió al mundo.

Como lo afirmó el analista militar Arkady Savistky: “(…) El presidente ruso nos recordó que el objetivo más importante es mejorar las vidas de las personas, con avances tecnológicos en todas las áreas. Para hacerlo, es necesario un período de calma, durante el cual las amenazas externas sean mantenidas a distancia. Y para eso es que se proyectan las armas. No una carrera armamentista, sino la creación de un ambiente adecuado para hacer florecer una economía de alta tecnología” (Strategic Culture Foundation, 5 de marzo de 2018).

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