La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas reforzó la tendencia que se viene manifestando en todo el planeta, de rechazo a las agendas “globalistas” de las elites dirigentes que ya resultaron en el Brexit, en la elección de Trump y en la defenestración del primer ministro italiano Matteo Renzi. A pesar de que el ex-banquero y ex-ministro pro-status quo Emmanuel Macron haya salido victorioso y se le apunte como el vencedor en la segunda vuelta, contra la candidata antiglobalista del Frente nacional, Marine Le Pen, los franceses demostraron claramente su insatisfacción con el rumbo que las élites están tomando en su país.
Sumándose la votación de Macron (24%) con las del desventurado candidato del Partido Socialista (PS) del presidente François Hollande, Benoît Hamon, previamente lanzado para protagonizar la mayor humillación de los socialistas con números del 6.4%de los votos, tenemos que solamente el 30.4% del electorado se posicionó abiertamente a favor de la agenda del Establishment –en especial, apoyo incondicional a la Unión Europea, austeridad financiera, vinculación estratégica con los EUA y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y diplomacia de fuerza contra Rusia.
Por otro lado, la suma de los votos de Le Pen (21.3%), Jean-Luc Mélenchon (extrema izquierda -19.6%) y los casi 9% obtenidos por los seis candidatos menores, todos representando partidos críticos del status quo, representa poco menos que la mitad de la votación total, en firme oposición al “globalismo” de las elites dirigentes. Considerando una división en proporción incierta del 20% de los electores de Francois Fillon, del Partido Republicano (quien, a pesar de haber manifestado inmediatamente su apoyo a Macron para la segunda vuelta, desagradaba al Establisment por su oposición a las sanciones contra Rusia), una sólida mayoría del electorado puede ser catalogada como antiglobalista.
Tales números todavía son más significativos, frente a la participación del 78% del electorado en una contienda en que el voto no es obligatorio.
No obstante, esto no implica que el electorado antiglobalista se inclinará automáticamente por Le Pen, en la disputa final contra Macron para el 7 de mayo, incluso porque las idiosincracias y la imagen de radical de la candidata del FN dificultan su aprobación por buena parte del electorado y, al mismo tiempo, facilitan una vigorosa campaña de propaganda del Establishment a favor de Macron.
De hecho, los apoyos a Macron vienen de todos los sectores de las elites dirigentes francesas y del exterior, con explícitas manifestaciones de los líderes de la UE, del ex-presidente estadounidense Barack Obama y de numerosas personalidades. Un artículo publicado en el sitio de The Economist,el día de la elección, hace explícita la perspectiva de estos altos círculos globales.
“(…) La batalla por el internacionalismo liberal se movió hacia la cuna del iluminismo. El destino de Francia no es todo lo que está en juego. La Unión Europea se estancará, si una de sus fuerzas motrices se muestra en caos u hostil. Podría incluso fracasar, desmantelando el principio organizador de todo un continente.(…) una victoria total del 7 de mayo para Marine Le Pen… o Jean-Luc Mélenchon… sería una catástrofe (…) En el balance de las cosas, apoyaríamos al Sr. Macron.”
Del otro lado del Atlántico, el senior follow del Consejo de Relaciones Exteriores de New York (CFR), Philip H. Gordon, describe el resultado de la disputa del 7 d mayo como “un referendo sobre la globalización en el corazón de Europa” (CFR, 24 de abril de 2017)
En realidad, Macron no es el joven outsider y “antipolítico tradicional” que sus comercializadores y propagandistas se han empeñado en vender. Al contrario, su meteórica carrera profesional y política es más indicativa de un protegé cuidadosamente cultivado por los altos círculos oligárquicos para representar sus intereses en la arena política.
Graduado en 2004 en la tradicional Escuela Nacional de Administración, que forma la mayoría de los cuadros gubernamentales franceses, ingresó al Ministerio de Economía como auditor, permaneciendo hasta 2007, cuando fue nombrado vice-relator de la Comisión para el Mejoramiento del Crecimiento Económico Francés. Allí, su tutor fue el economista Jacques Attali, presidente de la Comisión y nombre destacado en los altos círculos financieros europeos.
Al año siguiente, seis años después de su graduación, dejó la Comisión, pagando una multa contractual de 50 mil euros, para ingresar como alto ejecutivo del banco de inversiones Rothschild & Cie, de la conocida familia bancaria. En 2010, se convirtió en uno de los asociados del banco y entró al club de millonarios. En 2012, aceptó la invitación de Hollande para entrar a su gobierno, en la función de secretario general adjunto de la Presidencia de la República, cambiando las millonarias participaciones de sus ganancias del banco por un salario dos órdenes de magnitud inferior. Dos años después, fue promovido a ministro de Economía, cargo que ocupó hasta 2016, cuando dejo al PS para crear su propio movimiento, ¡En Marcha!
Una carrera a la vez, para un hombre de 39 años que apenas 13 años después de graduado podría dirigir la segunda nación más poderosa de Europa.
El hecho de haber sido uno de los siete franceses participantes e la ultrasecreta reunión anual del Grupo Bilderberg, en 2014 (Copenhague, Dinamarca), incluso antes de ocupar el Ministerio de Economía, refuerza la idea de que Macron es un proyecto oligárquico, preparado para contener la escalada de protestas a la desastrosa agenda del “globalismo”, en un país clave de Europa, como lo declaró la editorial del Economist.
Como es sabido, los cónclaves Bilderberg han constituido uno de los foros más altos de formulación y ajuste de las agendas entre las facciones oligárquicas transatlánticas, y la presencia de uno de ellos señala que el invitado recibió las bendiciones del Establishment.
Un triunfo del “Proyecto Macron”, podría enterrar de una vez a la V República inaugurada por Charles de Gaulle en 1958. Con su idea de una Europa del Atlántico a Los Urales y de una Francia estratégicamente independiente del eje anglo-americano y a la altura de su dimensión histórica en la evolución de la Civilización Occidental.
Sin embargo, aunque Macron confirme el favoritismo en la segunda vuelta, esto no es garantía de que, en el gobierno, pudiera aplicar integralmente la plataforma “globalista”, en vista de las nuevas elecciones para la Asamblea Nacional, en junio próximo. Esta batalla podría reflejar una nueva realidad política que se manifestó en la primera vuelta de la elección presidencial y podría no ser tan favorable a un gobierno alineado con aquella agenda supranacional. Y antes de esto, el esperado debate con Le Pen el 3 de mayo, podría mostrar la verdadera cara de quien aparece como un “objeto político no identificado”.

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