El plan para la “desbrasileñización” de la cuenca del Amazonas

MSIa Informa, 25 de septiembre de 2020.-El enfoque alarmista que se le ha dado a la desforestación y a los incendios de toda la región de la Amazonía  no tiene que ver con alguna  preocupación con el ambiente o con la población regional, sino con un plan de apropiación de los biomas, Amazonia y Cerrado (región de sabana).

Son dos los motivos del plan, que se ejecuta desde los años ochentas del siglo pasado.

Primero, conservar el bosque amazónico combinando el jardín botánico y el zoológico ( ahí se incluyen los zoológicos humanos de indígenas  tratados de inaptos para la civilización), en un vasto depósito de recursos naturales para uso del poderío oligárquico mundial,  el verdadero dueño del movimiento ambientalista-indigenista internacional, además de servir de “lastre” o “colateral” de la creciente “financierización” de los asuntos ambientales.

Segundo, restringir la competencia de la igualmente creciente producción agropecuaria en la también rica región del “Cerrado”  brasileño.

Por ello, toda iniciativa que tenga el fin de racionalizar  las actividades productivas en esos biomas, y hacerlas compatibles con  criterios técnicos  de protección ambiental, es combatida, pues el objetivo es mantenerlos cuanto más libres de la presencia humana (con excepción de indígenas, colonizadores y otros grupos dedicados a actividades de mera subsistencia).

Por eso se menosprecia, o de plano se ignora el Código Forestal gubernamental, que establece una  “reserva legal”, -única en el mundo-, la cual exige la preservación de la vegetación original en 80 ó 50 por ciento en las propiedades particulares situadas en los biomas Amazonia y Cerrado, respectivamente. En lugar de esto, el aparato ambientalista-indigenista y sus patrocinadores quieren  ahora, la irreal “desforestación” cero.

Lo mismo sucede con la regularización de la propiedad, requisito fundamental para cualquier normatividad de desarrollo y de cuidados ambientales, pero que es bombardeada por los mismos grupos de interés y por sus portavoces de la prensa.

La intención de reducir la presencia humana y las actividades económicas modernas en la región se manifiesta también  en el empleo recurrente de la palabra “desintrusión”  (acabar con los intrusos) en actos de despojo de los habitantes de tierras seleccionadas por el armatoste  ambientalista para la demarcación de tierras indígenas, o la ampliación de las ya existentes, sin importar si están ocupadas y si tienen títulos de propiedad  desde hace décadas, o en algunos casos hasta más de un siglo.

Un ejemplo emblemático de esa normatividad fue la Tierra indígena Raposa Serra do Sol, en el estado de Roraima, cuya demarcación en una zona continua implicó la retirada de 47 haciendas pequeñas de cría de ganado y 16 haciendas de plantación irrigada de arroz. Estas últimas ocupaban menos de 6 por ciento de los 17 430 kilómetros cuadrados de la reserva y representaban la principal actividad productiva del estado, cuyos excedentes se exportaban a otros estados amazónicos.

El resultado de esta “desintrusión” fue que miles de personas tuvieron que abandonar la región, entre ellos muchos indígenas pertenecientes a familias que por mucho tiempo se habían integrado a los no indios y que tuvieron que trasladarse muchos de ellos a vivir precariamente en la pobre periferia de la capital, Boa Vista.

Ejemplos de la deplorable “desintrusión” se acumulan a montones en otros  estados de Brasil, Mato Grosso do Sul, en Paraná, en Rio Grande do Sul, etc. El desastre fue ampliamente descrito  por la periodista Patricia Sanches del portal RD (18/04/2014).

Además en un artículo publicado en mayo pasado en el sitio Consultor Jurídico, el ex diputado federal y ex ministro de Justicia Osmar Seraglio escribió con propiedad:

“Si los recursos extranjeros que se pregona que se dirigirán al problema indígena se aplicasen de hecho en su bienestar, se percibiría que tendrían campo fértil para mejorar su alimentación, su salud o su educación. Pero… ¿alguien conoce algún programa de alimentación o un hospital o una escuela pagados con dichos recursos?

“Los indígenas de Brasil son tratados como Intocables. Y es triste que aquellos que se proclaman sus defensores son precisamente los que los llevan a la discriminación. Pretender que la aculturación es interferir en sus tradiciones es como afirmar que el emigrante alemán o italiano no pudieran practicar sus culturas en nuestra sociedad”.

Tales ejemplos  no logran ocultar la finalidad de acabar  la presencia humana en más de la mitad del territorio nacional –en rigor, una auténtica “desbrasileñización” de la cuenca del Amazonas.

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