El papel esencial de la banca cooperativa de crédito

El sistema bancario debe ser el soporte primario del desarrollo de las actividades industriales y de negocios de la economía real. Pero a diferencia de esto, la propuesta del gobierno italiano para la reforma de los bancos populares, por desgracia, parte de una premisa errada pues tiene el objetivo de atender las exigencias de la alta finanza, en lugar de privilegiar las estructuras crediticias directamente ligadas a un territorio dado y su crecimiento económico.

Por los términos de la propuesta, presentada por decreto y sin ninguna participación de la Assopopolari (Asociación Nacional de Bancos Populares), los 10-11 bancos populares con activos superiores a los 8 mil millones de euros serán transformados en sociedades anónimas.

En la condición de organismos cooperativos, sus actuales consejos de administración son electos mediante voto individual. El cambio estructural propuesto por el gobierno está motivado por el hecho de que el voto individual violaría el principio democrático, penalizando a aquellos fondos que participaran con un capital más sustancial. Además, se afirma que la apertura a los mercados globales podría atraer inversiones nacionales e internacionales, convirtiendo a los bancos en más grandes y competitivos.

En realidad esto podría transformar a los bancos populares en blanco de escaladas financieras y ataques especulativos, que distorsionarían su función original de apoyo al desarrollo de las regiones, pequeñas y medianas empresas (PyMES) y a las familias. Lo más probable es que se conviertan en peones locales de los bancos «demasiado grandes para caer»

Es de verdad sorprendente el hecho de que, en Italia, llegara el día en que se «ofrecieran» los bancos populares a la furia de los tiburones de la alta finanza. En el mundo bancario estadounidense, por el contrario, ya se reconoce que las dimensiones colosales de los bancos globales constituyen el verdadero problema de la estabilidad financiera y la causa de las pasadas crisis sistémicas.

No se trata solamente de una docena de bancos. A nuestro ver, tarde o temprano, la nueva perspectiva representa una amenaza a toda la estructura de los bancos populares y de crédito cooperativo -evidentemente, considerados obsoletos por el mundo de las finanzas globales. Pensamos exactamente lo opuesto, no solamente para el caso de Italia, sino de toda Europa. Son los bancos locales los que sustentan el crecimiento y proporcionan oxígeno al sistema productivo italiano, por ejemplo, financiando al 95% de las PyMEs)

En los últimos años, el Banco Central Europeo (BCE) dispuso de más de un billón de euros en operaciones de refinanciamiento a largo plazo y tasas de interés cercanas al cero, con la esperanza de que este dinero pudiera financiar la recuperación económica. Sin embargo, hasta el día de hoy, los megabancos que recibieron el dinero no abrieron las llaves del crédito a las PyMEs.

En Italia, entre 2011 y 2013, los bancos populares aumentaron en 15.4% el crédito ofrecido a empresas y familias, mientras que las sociedades anónimas bancarias lo reducían en un 4.9%.

Es verdad que, en 2013, los bancos populares desembolsaron 15% del crédito, contra 75% de los grandes bancos. Pero Italia tiene una situación única, en que los bancos nacionales fueron completamente privatizados, perdiendo su histórica función social y de servicio al interés público.

En 2014, los bancos populares y 381 cooperativos -que emplean a 120 mil personas -otorgaron juntos casi 240 mil millones de euros en créditos a las PyMEs, un aumento del 35 mil millones de euros en relación al año anterior. Las empresas exportadoras recibieron 50 mil millones de euros. Desde la crisis de 2008, los financiamientos a las PyMEs exportadoras aumentaron en 28%. De esta forma, estos bancos locales han desempeñado eficazmente un papel anticíclico, favoreciendo la recuperación económica en las regiones donde operan.

De manera común, se habla de la estructura ejemplar de la industria alemana, basada en su red de PyMEs, la llamada Mittelstand, pero se ignora que la gran fuerza del país reside en su extensa red de bancos cooperativos. Según un estudio realizado por el Bundesbank, el banco central alemán, en 2008, había más de 1 200 instituciones del género, con 13 600 agencias, regidas por los principios del interés mutuo y social, con activos agregados de un billón de euros con servicios a 30 millones de clientes.

La sociedad y muchos economistas alemanes se han movilizado en defensa de la red de bancos locales, que también están bajo la embestida de los grandes bancos alemanes, incluyendo el Deutsche Bank y el Kommerzbank, e internacionales.

El economista alemán Richard Werner, director del Centro de Estudios Bancarios de la Universidad de Southampton de Inglaterra, salió en defensa de los bancos populares y cooperativos, en Alemania y en Europa, demostrando con evidencias concretas que estos bancos, y no el BCE, los bancos centrales y los megabancos globales, son los motores de la creación del crédito productivo y de la expansión de la base monetaria necesaria para apoyar la recuperación económica.

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