El oro de la cuenca del Amazonas y el narcotráfico

Una serie de reportajes del periódico El Nuevo Herald de Miami publicada en enero, informa de la vinculación entre la minería ilegal de oro y el narcotráfico en la cuenca del Amazonas. El problema es más intenso en Colombia, pero afecta también a Perú, a Ecuador y a Brasil.

La investigación del periódico estadounidense expone una vasta red de contrabando de oro extraído de las selvas amazónicas; el metal es utilizado por los narcotraficantes para lavar sus ingresos por la venta de cocaína y se exporta a los Estados Unidos, vía Miami.

El resultado, dice el periódico, es que el oro contenido en la joyas, monedas y teléfonos celulares estadounidenses ha ayudado a los narcotraficantes a financiar las remesas de drogas al país, lo cual, a su vez, fomenta la extracción ilegal de oro en zonas remotas de la selva valiéndose de abundantes productos químicos tóxicos, los cuales envenenan el ambiente y a los mismos mineros. En parte, esta rama de la minería ilegal está controlada desde hace un buen tiempo por los grupos narcoguerrilleros colombianos disidentes del acuerdo de paz.

De acuerdo con el Herald, los servicios de espionaje de Colombia estiman que la minería ilegal de oro tiene un rendimiento anual del orden de 2, 400 millones de dólares, tres veces más que el tráfico de cocaína. “El oro se convierte en fuente de vida de pandillas y de guerrilleros, y está convirtiendo las selvas vírgenes en paisajes tóxico llenos de mercurio y cianuro,” agrega el periódico (El Nuevo Herald, 16/01/2018).

El mismo presidente Juan Manuel Santos ya había admitido en 2015, “hoy, la minería ilegal mueve más recursos para las bandas ilegales, para la guerrilla, para las mafias… que el mismo narcotráfico.” Desde entonces, observa el reportaje, nada cambió.

Debido a la gravedad del problema, muchas de las estrategias y tácticas empleadas por las fuerzas militares y policiales colombianas en el combate al narcotráfico se están aprovechando en la represión a la minería ilegal; para esto el gobierno colombiano creó una fuerza policiaca especial, la Unidad Nacional contra la Minería Ilegal. Su comandante, el coronel Juan Francisco Peláez, afirmó al Herald que cualquier grupo armado vinculado al tráfico de cocaína, probablemente, se está enriqueciendo con la minería ilegal de oro.

“Para mí, la minería ilegal es peor que los cultivos de coca,” afirmó al reportero que lo acompañó en una operación en un lugar remoto de la selva al noroeste del país. “Vea esto, parece un paisaje lunar. Cuando ellos arrasan la vegetación, esta no vuelve a crecer en 100 años, inclusive más, si dejan la tierra contaminada de mercurio.”

El dominio de la minería ilegal de la región se lo disputan el grupo norcoterrorista Ejército de Liberación Nacional (ELN), la pandilla de delincuentes del Cartel del Golfo y facciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) rebeldes.

“La minería ilegal en Colombia, así como operaciones similares en Perú y en Brasil, se concentra, perversamente, en algunas de las regiones más vírgenes y de mayor diversidad de la región,” dice el reportaje.

La extracción ilegal de oro en el país ya es la principal causa de desforestación de la cuenca amazónica colombiana, causante de más de 240 kilómetros de zona devastada tan sólo en 2014, según datos de Naciones Unidas. El uso de mercurio y de cianuro de sodio, utilizados en la extracción del oro, ha contaminado las aguas y a la fauna de tal forma que algunas comunidades ribereñas del norte del país dejaron de comer pescado por miedo a la contaminación.

A pesar de los esfuerzos de las autoridades, cerca de 80 por ciento del oro producido en Colombia es de origen ilegal y su extracción se hace sin los cuidados ambientales elementales.

El esquema es relativamente simple. El oro se compra a los mineros irregulares con grandes descuentos disponiendo de dinero proveniente de las drogas, el cual se legitima con documentos falsos preparados por intermediarios especializados para que parezcan provenir de fuentes legítimas. El blanqueo vuelve indistinguible el metal extraído legalmente, y así se exporta, entonces, a Estados Unidos y a Europa. En ocasiones se paga el oro con dinero que proviene directamente del narcotráfico.

“Es una actividad muy rentable, poco perseguida,, facilita el traslado y el lavado de activos,” dijo Leonardo Guiza, profesor de Derecho de la Universidad del Rosario, de Bogotá, especialista en este tema.

El peligro mayor para los países amazónicos, a ejemplo de Brasil, es el déficit de soberanía padecido en la región, una realidad admitida hasta por el mismo comandante del Ejército Brasileño, general Eduardo Villas-Bôas.

En una audiencia ante la Comisión de Defensa y Relaciones Exteriores del Senado de julio de 2015, el general Villa-Bôas se refirió a la situación del narcotráfico en la cuenca del Amazonas, anotando que Brasil se ha convertido en corredor de paso de la cocaína destinada a Europa, debido a su frontera con los tres mayores productores de droga del mundo, Colombia, Perú y Bolivia. Según él, ya se identificaron y se destruyeron plantaciones pequeñas de coca en territorio brasileño y hay información sobre la actuación de traficantes brasileños y mexicanos en la cuenca del Amazonas: “Ya fue detectada la presencia de carteles mexicanos, aquí, en Colombia y en Perú. El cartel mexicano tiene un modus operandi extremadamente violento, y esa violencia ya se comienza a desbordar hacia nuestro lado” (Agencia Senado, 16/07/2015).

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