El costo del derrocamiento de Kadafi

La revelación de que Libia es una de las bases de apoyo de la red terrorista responsable por el sangriento ataque suicida en Manchester vuelve a llamar la atención hacia el trágico destino del país norafricano, devastado por la insurgencia contra el régimen de Muamar Kadafi en 2011, por una alianza entre grupos rebeldes islamistas y fuerzas militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Hoy, Libia, es ingobernable, sometido a feroces luchas intestinas de clanes se volvió la antesala del infierno, con dos gobiernos disputando el control, cada cual con su Parlamento y sus milicias, actividades económicas y vida civil desestructurados y el país convertido en un vasto campo de entrenamiento militar y de terrorismo para fanáticos islamistas dispuestos a matar “infieles” en el exterior, en especial, en Oriente Medio y en Europa. Además de constituir un trampolín para millares de refugiados de las guerras promovidas por el fanatismo islamista y sus partidarios de la OTAN y de las petromonarquías del Golfo Pérsico, que se dirigen, principalmente, hacia Europa.

Al momento del derrocamiento de Kadafi, a pesar de que su exagerada ambición de poder propiciaba alianzas geopolíticas poco recomendables, Libia se organizaba para ser una nación dominada por las luchas de clanes. Así tenía uno de los niveles de vida más altos del continente, medido por el Índice de desarrollo Humano (IDH) , que incluye la expectativa de vida, el PIB per cápita y escolaridad. La proporción de la población debajo de la línea de pobreza era inferior a la de varios países europeos. Al contrario de la mayoría de los países árabes, las mujeres libias no sufrían restricciones en cuanto a su modo de vida, se podían vestir como quisieran, ingresar a universidades (donde ya superaban a los hombres en número) y ejercer prácticamente cualquier profesión. La educación y la salud pública eran gratuitas.

Otra consecuencia del bombardeo de la OTAN fue la destrucción de importantes obras de infraestructura, a ejemplo de lo que también sucedió años atrás en Irak, donde luego surgió el monstruoso Estado Islámico (EI). Así, una de las principales estaciones de bombeo y de dos fábricas de tuberías del Gran Río construido por el hombre, el mayor sistema de irrigación del mundo, vital para el abastecimiento de agua de un país en el que los desiertos cubren 90% del territorio. Una de las mayores obras de ingeniería de la Historia, al costo de 25 mil millones de dólares, el sistema está constituido por más de 4 mil kilómetros de ductos que llevan agua de acuíferos subterráneos del Sur hacia las principales ciudades del Norte del país.

Huelga anotar que desde el conflicto, los daños sufridos y la devastación general de país han perjudicado enormemente el funcionamiento del sistema, acarreando grandes problemas de abastecimiento, tanto en las ciudades como en las áreas rurales necesitadas de irrigación.

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