El 2 de agosto fue el “apocalipsis ambiental” según los ambientalistas

El miércoles 2 de agosto, los periódicos y los sitios de internet noticiosos en general y ambientalistas en particular, informaron al mundo que esa fecha marcó el Día del sobregiro de la Tierra para este año. La efeméride, se trata del día hipotético en el que la Humanidad ya habría “agotado” toda la capacidad anual de renovación de los recursos naturales a su disposición en el planeta. Esto quiere decir, para los creadores del concepto, que de ahora hasta finales del año, estaríamos comiendo nuestro “ahorro” natural, debido a un estilo de vida cuya sustentación necesitaría de 1.7 planetas como la Tierra.

En el sitio de World Fund for Nature (WWF), por ejemplo, encontramos la siguiente explicación:

“Si la naturaleza fuese manejada como una cuenta bancaria, todos esperaríamos que se nos avisase cuando ya no tuviésemos dinero para retirar. Pues hoy, 2 de agosto, es el día en el que nosotros, la Humanidad, recibimos ese aviso “oficial” del “Banco de la naturaleza.” Se llama el Día del sobregiro de la Tierra”.

“La Tierra nos suministra cosas vitales como agua potable, alimento y aire –y, hasta cierto punto, ella tiene una admirable capacidad de regenerarse. Pero no podemos estar retirando todo el tiempo y esperar que la Tierra corresponda. El Día del sobregiro de la Tierra marca el momento en el que retiramos todo lo que el planeta puede sustentar en el presente año. (…) Más allá de este punto tiene todavía 150 días por delante, pero la “cuenta” está en cero. ¿Y qué significa esto para nuestra admirable vida silvestre, para nuestras zonas forestales y para las personas? No son buenas noticias. Más bosques talados. Océanos vacíos. Especies explotadas hasta hacerlas colapsar” (WWF, 02/08/2017).

En términos más específicos, la determinación de la fecha parte del concepto de otro, la “huella ecológica,” introducido en los años noventas del siglo pasado por el canadiense William E. Rees, Doctor en ecología poblacional, y su alumno Mathis Wackernagel, suizo con doctorado en planeación regional. En los años siguientes, ambos se empeñaron en crear varios canales dentro del aparato ambientalista internacional y se unieron a otros para difundir el concepto.

Rees fundó la Sociedad Canadiense de Economía Ecológica (Canadian Society for Ecológical Economics), además es investigador del Instituto post-carbono (Post Carbon Institute) y del Proyecto integridad global (Global Integrity Project), y es asesor de la Red de capacidad de soporte (Carrying Capacity Network), entidad estadounidense abiertamente racista que promueve la reducción de la población y una dura represión de la migración a Estados Unidos, principalmente de los países hispánicos.

Por su parte, Wackernagel, al lado de la ingeniera ambiental estadounidense Susan Burns, creó en 2003 la Global Footprint Network (GFN) –Red de Huella Global), con sede en Oakland, Estados Unidos, con filiales en Ginebra, Suiza, y Bruselas, Bélgica. Como su nombre los indica, la dicha red se especializa en calcular las “huellas ecológicas” para toda la Humanidad, a una escala que va del planeta entero hasta cada una de las personas, pasando por países y ciudades. Para popularizar el concepto, la GFN creó el “Día de sobregiro de la tierra” (Earth Overshoot Day, en inglés), divulgado anualmente.

La primera fecha para el día del apocalipsis mundial, calculada retroactivamente, fue el año de 1987, cuando cayó el 19 de diciembre. De allá a entonces, la fecha se fue recorriendo rápidamente hasta llegar a la actual, 2 de agosto, lo que indicaría el deterioro fulminante de la supuesta capacidad de recuperación del planeta.

Recurramos al WWF Brasil para tener una definición de los conceptos involucrados:

“La huella ecológica es una metodología de contabilidad ambiental que evalúa la presión del consumo de las poblaciones humanas sobre los recursos naturales. Expresada en hectáreas globales (gha), permite comparar diferentes patrones de consumo y verificar si está dentro de la capacidad ecológica del planeta. Una hectárea global significa una hectárea de productividad media mundial para tierras y aguas productivas en un año”.

“La biocapacidad representa, de suyo, la capacidad de los ecosistemas para producir recursos útiles y absorber los residuos generados por el ser humano.

“Siendo así las cosas, la huella ecológica contabiliza los recursos naturales biológicos renovables (granos y vegetales, carne, peces, madera y fibra, energía renovable, etc.), segmentados en Agricultura, Pastos, Bosques, Pesca, Zona construida y Energía y absorción de bióxido de carbono (CO2).

Según los adoradores del osito panda:

“La media mundial actual de la huella ecológica es de 2.7 hectáreas globales por persona, mientras que la biocapacidad disponible para cada ser humano es de tan sólo 1.8 hectárea global. Tal situación coloca a la población del planeta en grave déficit ecológico de 0.9 gha/cap. La Humanidad necesita hoy un planeta y medio para mantener su ritmo de consumo, lo que coloca a la biocapacidad planetaria en gran peligro”.

Veamos las “huellas,” para comparación, de algunos países den 2013, de acuerdo con la GFN (en gha/cap): Canadá: 8.76; Estados Unidos: 8.59; Finlandia: 6.73: Rusia: 5.72; Francia: 5.06; Reino Unido: 5.05; Malasia: 4.21; España: 4.03; China: 3.59; Argentina: 3.73; Indonesia: 1.45; Sudán: 1.43; República Centro Africana; 1.14; India:1.06.

Es fácil constatar la existencia de una correlación directa entre el grado de desarrollo y la “huella” de los países. Y, considerando la media mundial de 2.7, se verifica que el grado de desarrollo mínimamente aceptable para sociedades modernas, digamos, por lo menos equivalentes al de España (4.03), está muy por encima del que las formulaciones matemáticas de la GFN consideran tolerables para el planeta. La misma organización no gubernamental da esa visualización, en la gráfica siguiente, que compara el “número de Tierras” necesario para que el mundo entero tuviese el grado de desarrollo de cada país señalado. Como los que tienen los mayores índices de desarrollo humano (IHD) están a la derecha de la gráfica, el mensaje emitido por la “huella” es directa: el planeta no soporta la expansión global de los índices de desarrollo de los países más ricos a los demás. Así también podría denominarse la “huella del neocolonialismo”.

La GFN entrega también una herramienta para que cada individuo calcule su “día del apocalipsis,” de acuerdo con varios indicadores: consumo de productos animales, distancia de la fuentes de producción de los alimentos, tamaño de su vivienda, número de residentes, disponibilidad de electricidad, eficiencia de los aparatos eléctricos, cantidad de basura generado, uso de automóviles y de transportes públicos, uso de avión y otros.

Como la GFN viene haciendo el cálculo del “día del sobregiro” desde 2003 y, hasta hoy, el planeta no se agotó, la conclusión es que la “huella” no pasa de ser otra de las incontables falacias con las que el movimiento ambientalista internacional ha buscado imponer al mundo su plan neomalthusiano de restricciones al progreso socioeconómico, principalmente el de los países que buscan superar su subdesarrollo.

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