Economía y finanzas: prueba tornasol del gobierno de Trump

Desde los analistas más renombrados hasta el investigador más novato, todos tuvieron que admitir que Donald Trump venció porque enfrentó directamente los problemas económicos y de empleo que afligen a la gran mayoría de los estadounidenses, entre los que trabajan para ganarse la vida y aquellos que, en los EUA, son llamados la clase media.

Inclusive en Italia, la prensa no entendió que esa América no estaba preocupada primariamente con la inmigración, la política exterior, la guerra o el terrorismo, sino con su propio nivel de vida.

En todos sus discursos Trump reiteró que, “hoy, 92 millones de estadounidenses están al margen, fuera de la fuerza de trabajo, no son parte de nuestra economía. Es la nación silenciosa de los estadounidenses desocupados”. Si tantos electores le dieron crédito, esto significa que las estadísticas oficiales que saludan la gran “recuperación” de la economía, con millones de nuevos puestos de trabajo, no reflejan la situación real del país ((o por lo menos, como esta es percibida por gran parte del electorado).

Por lo tanto, fue en el campo económico que la confrontación de Trump contra el “establishment” comenzó a definirse y consolidó el voto de protesta.

Ahora será necesario esperar para ver si él es capaz de mantener muchas de las promesas hechas durante la campaña electoral.

En su discurso de victoria, reiteró la intención de “invertir por lo menos un billón de dólares en infraestructura”, de los cuales 50 mil millones serán para el sector energético. En el futuro, dijo, las tasas de interés no serán tan bajas como las actuales, entonces, ahora es el mejor momento para contraer nuevas deudas y construir nuevos aeropuertos, puentes, carreteras, trenes rápidos, etc. El aseveró que pretende usar el apalancamiento del crédito, que aprecia bastante, para multiplicar los recursos financieros necesarios.

A este respecto, sin embargo, vale la pena recordar que, en agosto, algunos banqueros ya habían hecho una propuesta para crear un banco para infraestructura con capital de mil millones de dólares. Como siempre, será necesario ver quien estará al frente de tal operación y con base en que principios económicos será desarrollada.

Semejante política de inversiones debe integrar una serie de iniciativas para la creación de 25 millones de nuevos empleos en diez años, manteniendo una tasa de crecimiento anual del 3.5%. Para apoyar tal proyecto, Trump dijo que reduciría al 15% la carga fiscal de las empresas, que actualmente es de 35%.

Para pasar de los números a los hechos, el camino se tornará difícil y complicado, particularmente, si se piensa que podrían alcanzarse resultados semejantes dejando a los mercados operar por cuenta propia, sin ninguna orientación o corrección. En esto, el presidente electo piensa, tal vez, por una convicción ideológica demasiado liberal, que la reducción de los impuestos genera automáticamente más empleos. Sin embargo en los últimos años muchos automatismos económicos y monetarios deseados han demostrado ser nada más puras ilusiones, tanto en los EUA como en Europa.

Trump reconoce que el déficit comercial de los EUA con el resto del mundo, de 800 mil millones de dólares anuales, ya no es sustentable. Por eso, quiere renegociar el acuerdo de libre comercio con México y Canadá y cancelar la Alianza Transpacífica. Para el presidente electo, China es el principal “enemigo” económico, que manipula la propia moneda con desvalorizaciones, práctica que pretende someter a multas y obligaciones. Para Trump, se trata de una política que castiga el empleo en los EUA. Pero, además del discurso proteccionista, ciertamente, será bastante complicado equilibrar una recuperación de los empleos internos con una estabilidad de las relaciones económicas internacionales.

Es importante que, durante la campaña electoral, copiando un discurso del pre-candidato demócrata Bernie Sanders, Trump haya puesto en el centro del debate la idea de reintroducir la Ley Glass-Steagall de separación bancaria. Esta ley, aprobada por Franklin Roosevelt en 1933, para acabar con la especulación financiera hecha por los bancos con el dinero de los ahorradores, fue abolida por Bill Clinton en 1998, abriendo camino para un tsunami especulativo de derivados y otros instrumentos financieros tóxicos, lo cual desató la gran crisis bancaria de 2008 y la subsecuente depresión económica global.

Regístrese que Trump, siempre imitando a Sanders, denunció la llamada reforma Dodd-Frank del sistema financiero de los EUA, como “un desastre que penaliza a los pequeños empresario y sus intentos de acceso al crédito”. Según él, un principio de justicia exige que hasta Wall Street sea sometido a estrictas reglas.

Así como en otras áreas, será necesario esperar para ver lo que Trump hará en el campo económico y financiero. Pero ya se podrá tener una idea cuando anuncie a sus secretarios. Si, por ejemplo, como se especula, nombra a un banquero de Goldman Sachs o JP Morgan para la Secretaría del Tesoro, será evidente que difícilmente convertirá en hechos muchos de sus compromisos de campaña.

Sin embargo, las incógnitas son muchas y tenemos el deber de verificar antes de opinar de forma definitiva. Al momento, sus propuestas son solamente palabras y, entre lo que se dice y lo que se hace, hay mucho trecho.

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