El anuncio del descubrimiento de un yacimiento de petróleo en el mar del Caribe, a 190 kilómetros de la costa de Guyana, en una zona desde hace tiempo reclamada por Venezuela, podría ser la chispa que avive las tensiones con repercusiones para toda la región caribeña llegando a la misma cuenca amazónica brasileña.
En mayo pasado, un consorcio encabezado por el gigante estadounidense ExxonMobil anunció resultados “significativos” en un pozo explorador perforado en el Bloque Stabroek, un área de 26 400 kilómetros cuadrados concedido por el gobierno guyanés en 1999. De acuerdo al boletín de prensa publicado, el sondaje encontró más de 90 metros de arenas oleaginosas a 5 400 metros de profundidad, en una capa de agua de 1 700 metros (ExxonMobil, 20/05/2015).
Si se confirman otras perforaciones, potencial del reservorio se podría situar en centenas de millones de barriles de petróleo recuperable, lo que lo situaría entre los mayores descubrimientos de la última década e involucraría valores varias veces superiores al PIB de Guyana (actualmente de 3 mil millones de dólares).
El Bloque en cuestión, el Stabroek está situado en aguas del prolongamiento marítimo de la región de Essequibo, que constituye nada menos que dos tercios del territorio de Guyana y cuya posesión es reclamada por Venezuela (ver mapa). Caracas ha disputado desde 1963 en Naciones Unidas la validación de un laudo arbitral de 1899 que atribuyó Essequibo (168.000 km2) a la entonces Guyana Inglesa, decisión mantenida luego de la independencia de la Colonia del Reino Unido, en 1966.
El anuncio provocó un tiroteo diplomático entre el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su colega guyanés, David Granger. El primero en hacer oír su voz fue Maduro, quien reafirmó la reivindicación venezolana de la zona disputada y determinó por decreto el establecimiento de una zona de defensa marítima que incluye toda la zona abarcada por las proyecciones marítimas de Essequibo. En respuesta, Granger ordenó la suspensión de los vuelos entre los dos países que realiza la compañía aérea venezolana Conviasa, supuestamente por deudas aeroportuarias de la empresa. A su vez, Maduro convocó a consultas al embajador venezolano en Georgetown y, a finales julio, viajó a Nueva York para presentar el problema personalmente al Secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Días después, dio marcha atrás en lo que respecta a la extensión de la zona de defensa marítima, con otro decreto que excluía las coordenadas de la zona.
Sin embargo, el navío de investigaciones de la ExxonMobil, al concluir sus pruebas en el pozo exploratorio, se retiró de la zona, no sin anunciar que los trabajos de delimitación del campo se retomarán a principios de 2016.
No es la primera vez que Venezuela interfiere con los intentos guyaneses de explotación de hidrocarburos en la zona de exploración económica exclusiva que le es atribuida. En octubre de 2013, un navío de la Marina venezolana interceptó un navío de investigación al servicio del gobierno guyanés y de la Anadarko Petroleum Corporation estadounidense, que realizaba sondeos sísmicos en la zona en disputa. El incidente, en ese momento, no tuvo mayores repercusiones, pero ahora, el presidente Granger no parece dispuesto a dar marcha atrás en la antigua pretensión del país de explorar sus considerables recursos naturales. Para demostrarlo, tan sólo tres días después de tomar posesión en su cargo de presidente, el 20 de mayo, junto con varios integrantes de su gabinete, hizo una visita al navío-sonda Deepwater Champion.
De formación militar, Granger recibió instrucción superior en el Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y Nigeria, y fue el comandante de la minúscula Fuerza de Defensa de Guyana entre 1979 y 1990, cuando fue nombrado asesor de seguridad nacional del entonces presidente Desmond Hoyte, entre 1990 y 1992, luego pasó a la reserva.
A mediados de junio, Granger hizo una rápida visita “privada” a los Estados Unidos, un mes después regresó en visita oficial. http://www.aporrea.org/internacionales/n273982.html
El 24 de julio, en Washington tuvo una reunión con la subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, encuentro al que la prensa no tuvo acceso , y una conferencia en el Centro para Estudios para la Defensa Hemisférica William J. Perry, donde defendió una nueva “iniciativa parar la Seguridad de la Cuenca del Caribe,” al afirmar que el acuerdo actual con este nombre se muestra ya insuficiente.
En un artículo publicado el 2 de agosto, el ex diplomático venezolano Darío Morandy, quien fuera embajador den Georgetown, escribió:
“La estrategia de Guyana está al descubierto. Pretenden desconocer el Acuerdo de Ginebra, para recurrir a la Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas… Tienen aliados para intentarlo y la orientación del Departamento de Estado como socio esencial le ha permitido avanzar rumbo a ese objetivo. En este marco, se puede entender la presencia de David Granger en Estados Unidos y su participación en el Centro de Estudios para la Defensa Hemisférica William J. Perry, ampliamente elogiada por Rebeca Bill Chávez, asistente del secretario de Asuntos de Defensa del Hemisferio Occidental, y por Mark Wilkins, director de esa institución, quien destacó la importancia de Granger en la presidencia de Guyana como una garantía para la defensa y la seguridad de los intereses de Estados Unidos en el Caribe.
“Es oportuno recordar que el pasado día 13 de julio, el ministro de Relaciones Exteriores de Guyana, Carl Greenidge, y el encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Georgetown, Bryan Hunt, firmaron una carta de intención en el marco de la “Iniciativa para la Seguridad de la Cuenca del Caribe,” que contempla la transferencia inmediata de 50 mil dólares como complemento de los 850 mil transferidos anteriormente como apoyo a la logística de un desconocido programa de seguridad que, supuestamente, incluye la lucha contra el narcotráfico y la corrupción. Este miserable aporte permite reafirmar que estamos ante un plan financiado y orientado por el Departamento de Estado, que utiliza a Guyana como epicentro, por su localización estratégica.
“Al mismo tiempo, ExxonMobil prosigue con el desarrollo de un plan de investigaciones y de exploración que contempla una inversión inicial de 200 millones de dólares. Un plan de diez años divididos en tres grandes etapas. La primera etapa comenzó con la presencia del navío-sonda Deepwater Champion… Este navío, dotado de una tecnología moderna para la recopilación de información estratégica, estuvo trabajando cuatro meses en el Bloque Stabroek y se fue, una vez que cumplió su misión. Sería ingenuo creer que salió corriendo por la intervención de Venezuela.”
El Gran Caribe pieza de la geopolítica anglo americana
El respaldo de Washington a los planes de Georgetown y de la Exxonmobil (que tiene como socios minoritarios a la empresa también estadounidense Hess Petroleum y la china CNOOC) es consistente con la reorientación estratégica del “establishment” anglo-americano para el Hemisferio occidental, pivoteada en el control de recursos.
Lorenzo Carrasco, director de este servicio, hizo un análisis titulado: “La geopolítica del ‘Gran Caribe:’ amenaza a la cuenca del Amazonas y a la integración de América del Sur,” que fue publicado en el periódico Página Iberoamericana en su edición de agosto de 2012, en el que cita un artículo de los periodistas Robert D. Kaplan y Karen Hooper, publicado en el sitio de la agencia de información privada Stratfor, titulado “La fuente del poder estadounidense,” en el cual afirmaban:
“Históricamente, el poderío geopolítico estadounidense tiene su origen, no en Europa o Asia, sino en el Gran Caribe. El Gran Caribe es el mundo que va de Yorktown a las Guayanas, es decir, de los estados mesoatlánticos a las selvas del norte de América del Sur. El Hemisferio Occidental, como lo explicó en 1942 el estratega holandés-americano Nicholas J. Spykman, no se divide entre la América del Norte y la del Sur. Se divide entre las latitudes al norte de la gran barrera de la selva amazónica y las latitudes al sur de ella. En otras palabras, bajo una óptica geopolítica, Venezuela no es, absolutamente, un país sudamericano, sino caribeño. La mayor parte de su población de sus 28.8 millones vive al norte, a lo largo del Mar Caribe, lejos de las selvas del sur.
“Aunque los encabezados mediáticos de hoy hablen del Oriente Medio y de Asia, para muchos presidentes de EUA, del inicio del siglo XIX hasta el inicio del XX, las crisis de política exterior se centraron en el Gran Caribe. Fue un proceso de 100 años para que los jóvenes EUA, realmente, tomasen de las potencias europeas el control del Gran Caribe. El gran Caribe –EL Golfo de México y el Caribe, propiamente dicho- es de hecho, una extensión territorial de las aguas azules del territorio continental de los EUA. La influencia sobre él se debe a la construcción del Canal de Panamá, a inicios del siglo XX. Una vez que los EUA pudieron asegurar el control del Gran Caribe, el país se convirtió en el hegemón del Hemisferio Occidental, dejando sólo el Ártico canadiense y el cono de América del Sur (también las zonas de sombra de Bolivia, Ecuador y Perú), efectivamente, además del cinturón de seguridad establecido por la Marina de los EUA en las Indias Occidentales. Y con el Hemisferio Occidental bajo su dominio, los EUA pudieron, a partir de ahí, afectar el equilibrio de poder en el Hemisferio Oriental. Las victorias norteamericanas en las dos guerras mundiales y en la Guerra Fría fueron, originalmente, construidas apoyándose en la geopolítica del Gran Caribe.
Pero, como las distancias entraron en colapso, con un mundo más densamente poblado y crecientemente unido por la tecnología, el Gran Caribe vuelve nuevamente a la palestra (…).”
Una consecuencia de este declive estratégico es la reorientación del poder anglo-americano hacia el Hemisferio Occidental, como lo hemos señalando anteriormente. Evidencias de esta tendencia son las maniobras diplomáticas de Washington en América del Sur, visibles en la crisis presidencial de Paraguay y en el patrocinio en la creación de la Alianza del Pacífico, el nuevo bloque continental pactado entre Chile, Perú, Colombia y México.
Carrasco anotó que, los autores, Kaplan y Hooper no son «estrategas desequilibrados sometidos a condiciones de presiones muy grandes. En aquel entonces, Kaplan era miembro del Consejo de Política de Defensa del Pentágono y consultor del Ejército, la Fuerza Aérea y de los Fusileros navales de Estados Unidos, en tanto que Hooper era directora de análisis para América Latina y África de Stratfor.
Otro que señaló la amenaza de problemas de la región caribeña fue el general Luiz Eduardo Rocha Paiva, ex director de la Escuela de Comando y del Estado Mayor del Ejército (ECEME) y ex secretario general del Ejército. En una audiencia promovida por la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional del Senado, en Brasilia, el 3 de octubre de 2011, alertó que » las zonas de fricción» internacionales se comienzan a aproximar de la costa occidental de África y del Atlántico Sur.
Brasil, dijo, necesita de una estrategia para proteger sus recursos naturales y el extremo norte del País, en particular Roraima y la hoz del Amazonas, que podrían ser considerados blancos de las amenazas. Recordó la frontera de Brasil con la Guayaba Francesa, Surinam y Guyana, muy unidos todavía a sus antiguas metrópolis coloniales, todas integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): «Las guyanas son una cabeza de puente de la OTAN. Tenemos que encarar los conflictos mientras ellos sean tan sólo posibles y hacer lo posible para que nos se vuelvan probables, pues entonces sería ya demasiado tarde. La defensa no se improvisa»(Jornal do Senado, 3/10/2011).
En la misma ocasión, el profesor de la Universidad Estatal de Campiñas (UNICAMP) João Quartim de Morães también destacó el papel de la OTAN. Para él, la organización se fortaleció luego de la guerra fría y ha mostrado » más agresividad que la que había mostrado hasta entonces.» En lugar del período de paz que se esperaba a principios de la década de los años noventas, afirmó, se inició una «secuencia casi ininterrumpida de agresiones abiertas y descaradas,» como parte de lo que llamó «recolonización planetaria» por la organización.
“¿Es perceptible una amenaza a Brasil del bloque de la OTAN? No. Pero debemos desanimar las expectativas de alguien que quiera apoderarse de aquello nosotros tenemos y los demás no tienen. O, entonces renunciamos a la política exterior independiente,» concluyó.

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