Cuando la sociedad civil comienza a desconstruirse

En los últimos meses se ha desencadenado un intenso debate en Europa, particularmente en Alemania, en torno del problema de la existencia de un conflicto cada vez más agudo entre las élites políticas y la población. Además de un estudio divulgado recientemente por el influyente Instituto de Estudios Estratégicos británico Chatham House, el historiador alemán Jörg Baberowski manifestó tal preocupación en un artículo publicado en el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung (NZZ), el 15 de julio pasado. Ese debate, en buena medida, emergió tras la estela de otro artículo escrito a finales de 2016 por el ex presidente de la Suprema Corte alemana, Dr. Jürgen Papier, sobre “La Unión Europea y el Estado nacional.”

En una reacción a los acontecimiento provocados por la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), el debate aborda el futuro del bloque europeo, el papel del Estado nacional en la UE y qué visión a largo plazo se necesitará luego de las elecciones de este año en Francia (en mayo pasado) y en Alemania, que se realizarán el mes de septiembre entrante.

 Chatham House: descontento en baño maría

Chatham House divulgo a finales de junio una investigación de la visión de las élites y de la población europea sobre la situación y las perspectivas de la UE. Realizado entre diciembre de 2016 y febrero de 2017 en diez países, el estudio incluyó a 10 mil personas de la población en general y a cerca de 1 800 integrantes de la “élite,” considerando entre ellos a individuos en posiciones de influencia en la política, la prensa, los negocios y la sociedad civil, en el ámbito local, regional, nacional y europeo (dentro de las estructuras de la UE). La conclusión fue que, aunque los dos grupos muestran un alineamiento en sus actitudes en lo tocante a la solidaridad y la democracia del bloque y un sentido de identidad europea, los resultados también muestran una división importante en actitudes, creencias y experiencias de vida.

“La élite es más propensa a disfrutar los beneficios de la integración de la UE y es más liberal y optimista. En cambio, hay un descontento hirviendo entre el público, gran parte del cual ve a la UE en términos negativos, quisiera verla devolver algunos poderes a los estados que la integran y se siente aprehensiva por los efectos de la migración. Sólo 34 por ciento del público siente que se benefició con la UE, en comparación con el 71 por ciento de la élite,” dice el texto.

Los autores señalan que el problema es que “no hay consenso entre la élite sobre el equilibrio de poderes entre la UE y los estados que la forman.” La conclusión apunta que es necesaria una gran reforma y que “que se deben reorientar los debates para que la futura dirección de la UE refleje la preocupaciones de la amenaza percibida contra las tradiciones y las cultura nacionales, así como para responder a los anhelos del desempeño de la economía.”

El fin de la sociedad civil

Este fue el título del último artículo de Jörg Baberowski en el NZZ. Su tono general es bastante pesimista en lo que corresponde al estado mental de la sociedad civil occidental. Según él, hay un “proceso de disolución” de la sociedad civil –en la cual un número cada vez mayor de ciudadanos “desprecia” al “establishment” , al Estado, al mismo tiempo en el que las élites repudian a los “papanatas” populistas.

Este fenómeno es evidente por el hecho de que en toda Europa se extienden los movimientos que dicen que ellos son los representantes del verdadero pueblo (por ejemplo, los movimientos de identidad). “Su arma es la protesta, sus medios son las calles y las redes sociales. Aquí ya no tienen cabida los debates que libran los principales medios de comunicación.”

De acuerdo con Baberowski, tales movimientos “populistas” desprecian a los políticos y a las élites, a los que ven cada vez más “irreales” y propensos a proclamar que vivimos en el mejor de los mundos. Algunos integrantes de las élites se muestran pasmados con el éxito de las protestas y se preguntan ¿cómo fue posible que los ciudadanos votasen por representantes tan vulgares? Al final de cuentas ¿qué habían hecho las élites pseudo liberales para justificar eso?

Observa que la respuesta no es ningún enigma: “Ellos violan las reglas del buen gusto y le dicen al público por las redes sociales que a ellos les tiene sin cuidado el “establishment”. En cuanto a eso, la clase dirigente descalifica a los provocadores, a los que trata de “ingenuos”, sin entender que esa descalificación es la causa real de la votación de los partidos de protesta.”

Erosión del modelo de sociedad civil

La democracia del pasado era menos pluralista y dinámica, pero los ciudadanos la veían como un orden que les pertenecía, toda vez que les correspondía y era mediada por medio de instituciones civiles, afirma Baberowski. El Estado nacional europeo era un lugar habitado por personas, que, a pesar de sus diferencias sociales, podían sentirse partes de un conjunto. Era un proyecto exitoso, pues combinaba las funciones de protección y de prosperidad y privaba de poder excesivo a las autoridades particulares, sin destruirlas:

“La sociedad civil creó barreras contra las pretensiones del Estado hacia la omnipotencia, porque la voluntad del individuo se manifestaba en corporaciones, asociaciones y partidos. La sociedad, constituida legalmente, era la garante que impedía al gobierno actuar arbitrariamente. Hoy, sin embargo, la sociedad civil se disolvió y fue sustituida por individuos que abordan el Estado como individuos o miembros de un grupo definido étnica o religiosamente, con intereses exclusivamente particulares.

“La globalización abrió nuevas perspectivas para los educados y prósperos, pero dejó muy poco para los pobres. La disolución del ambiente social, la emergencia de las estructura económicas y políticas supranacionales, que ya no pueden ser controladas por los gobiernos nacionales, y la tribalización y fragmentación del ambiente social, destruyeron las vidas de las personas que se había mantenido unidas a los grupos sociales por un periodo largo, independientemente de sus diferencias. Algunos votaban por hábito por los viejos partidos por los que siempre habían votado, aunque las diferencias fuesen irreconocibles. ¿Pero quién cree que los partidos democráticos dan respuestas a las cuestiones candentes de nuestro tiempo actual? Por ello, ¿deberíamos sorprendernos con la pérdida de autoridad de la democracia, si los ciudadanos apenas si son informados de que ya no pueden luchar por cuestiones existenciales relevantes para el orden social, porque ya se decidió que hacer al respecto?”.

Baberowski argumenta a favor de la restauración de algunos de los elementos más valiosos de la sociedad civil y del Estado nacional, al destacar que: “sin el Estado nacional, la voluntad del ciudadano no puede mediarse, no hay un territorio en el que se puedan promover los derechos, excepto el egoísmo de los vencedores de la globalización y de los educados, que toman todo lo que necesitan para su felicidad.” Para la “élite” es fácil explicar su visión del mundo y convertirla en la visión de todos. Ni siquiera se tiene que hacer mucho esfuerzo, porque nadie más se le enfrenta. No hay un impulso correctivo de la sociedad. Como escribiera Alexis de Tocqueville hace 150 años:

“Así, el soberano, después de tomar a cada individuo en sus manos poderosas y de haberlos transformado a su gusto, extiende sus brazos a la sociedad en su conjunto. No tiraniza, fustiga, debilita, inhibe y lleva a cada nación al nivel de convertirlas en un rebaño de animales asustados y ocupados, cuyo pastor es el gobierno”.

Europa entre los estados nacionales y la Unión

Ambos documentos se deben ver en el marco de la discusión presentada por Jürgen Papier en su artículo de octubre de 2016. El autor describe la “dicotomía” entre la UE y los estados que la forman. Subraya que, debido a su constitución normativa, la UE no es un súper Estado súper dimensionado y alienígena, sino “una alianza de Estados constituidos democráticamente y soberanos.” Son embargo, observa que se pretende luchar por una Europa ampliada y que no deje espacio para que los estados que la forman determinen sus vidas económicas, culturales y sociales, “los principios elementales de la constitución del Estado nacional se sacrifican.”

Papier resalta en particular el tan discutido “principio de subsidiariedad” (que da a los estados miembros de la UE espacio suficiente para que formulen su política) estipulado en el Artículo 5, 3er párrafo del Tratado de Lisboa. Esencialmente significa que la UE intervenga tan sólo cuando los estados que la forman no fueran capaces de poner en práctica su propia política en el ámbito nacional, regional o local, que por sus dimensiones, deberían ponerse en práctica en el ámbito de la Unión.

Para Papier, la democracia y la subsidiariedad sólo se pueden mantener en la medida en la que la mayor profundización de la integración de la unificación y de la centralización no sean objetivos primarios de la UE. Desde su punto de vista, la democracia representativa parlamentaria continúa siendo un modelo de Estado que proporciona al individuo y a la mayoría de los ciudadanos las mayores oportunidades de ejercer influencia en la formación de sus condiciones de vida, garantizando que no prevalezcan los intereses particulares promovidos por poderosos entidades de cabildeo, sino el “bien común” y el “interés público.” Tal sistema parlamentario sólo se puede realizar en un “Estado nacional,” que, por consiguiente, se torna indispensable. En una Europa unida, sólo es Estado nacional puede incorporar los valores y las ideas principales y la cohesión de la sociedad”.

En la actualidad, afirma Papier, se tiene la impresión de que las decisiones políticas se toman tan sólo como “decisiones de intervenciones de crisis,” dando la impresión de que toman en condiciones de “estado de emergencia.” Hay un “estado de emergencia” casi permanente, observa, y esto lleva a una situación en la que los parlamentos pierden influencia. Por consiguiente, el mote para la UE debería ser “in pluribus unum (en muchos, uno), en contraste con Estados Unidos que corresponde al concepto de un Estado federal. Recordó que el Artículo 4 de la UE determina que “la Unión Europea respeta la identidad nacional de sus estados miembros. Esto incluye el derecho a la autodeterminación del pueblo, que no quiere abdicar a este derecho al entrar a la UE. Si el derecho a la autodeterminación del pueblo europeo, por el cual se luchó con tanta intensidad en Europa Oriental, luego del derrumbe de la Unión Soviética, se cuestionara o fuese debilitado por una unión como un poder central, esto coloca realmente en peligro la cohesión de la Unión Europea.”

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