El “Club de las bombas” cumple años – el Estado islámico envía saludos

EI-foto-AFP

Un año después del inicio de la ofensiva aérea multinacional contra el Estado islámico (EI), anunciada con gran pompa y circunstancia por el presidente Barack Obama, con el objetivo de “degradar y, finalmente, destruir” la organización musulmana, los motivos para celebrar son un tanto selectivos.

En realidad los únicos que tienen motivos para soplar la velita son el EI y el “Partido de la guerra” de Washington y sus apéndices europeos, árabes e israelíes.  El “califato,” por el motivo obvio de no sólo haber sobrevivido un año, sino por haber ampliado su influencia, entre muchas otras pruebas tenemos la infame destrucción de templos históricos de la milenaria ciudad siria de Palmira.   Y los belicosos, por mantener la situación de conflagración en toda la región, de acuerdo con sus planes estratégicos post 11 de septiembre de 2001.

Una oportuna nota publicada por la red RT sintetiza los resultados de la embestida:

“La campaña, inicialmente sin nombre, fue bautizada, “Operación determinación inherente” (“Operation Inherent Resolve”) en octubre de 2014.  Desde entonces, Estados Unidos y sus aliados hicieron 53 278 misiones aéreas “en apoyo a las operaciones” en Irak y Siria, con un total de 6 700 ataques aéreos hasta el 8 de septiembre de 2015, de acuerdo con informaciones oficiales proporcionadas por el Pentágono.
“Cerca de 10 mil “blancos” del EI, de tanques y vehículos en trincheras e instalaciones petrolíferas, fueron destruidos.  Sin embargo, no hay un recuento oficial de víctimas, aunque se estima que la bajas del EI fueron superiores a 8 500 hasta mayo de este año.  El costo de la campaña se estimó en 9.9 millones de dólares al día, lo que da un total de 3700 millones de dólares hasta agosto de 2015.
“La campaña aérea, ciertamente, produjo algunos resultados que impresionan.  Sin embargo no ha modificado de manera fundamental la realidad en el terreno, donde los militantes del EI se han hecho más fuerte.  Luego de que las fuerzas iraquíes apoyadas por Estados Unidos se apoderaron de Tikrit, en abril de 2015, tras meses de combates cerrados, oficiales estadounidenses comenzaron a hablar de ir hasta Mosul y más allá, pero toda conversación sobre una victoria rápida y fácil terminó en mayo, cuando combatientes del EI capturaron Ramadi y llegaron a distancia de tiro de Bagdad. (…)
“A finales de 2014, el Congreso estadounidense aprobó un programa de 500 millones de dólares para entrenar y equipar a “rebeldes moderados”  a la manera de una fuerza para usarse contra el EI en Siria.  El ambicioso proyecto contemplaba disponer de una fuerza de por lo menos 5 000 combatientes, con  campos de entrenamiento en Turquía, Jordania, Arabia Saudita y Catar, para finales de 2015.  En la práctica, menos de 200 terminaron el entrenamiento y el primer grupo de 54 combatientes termino siendo emboscado y dispersado por el Frente Al-Nusra, sin siquiera haber entrado en combate con el EI.  Comandantes rebeldes se niegan a enviar sus hombres contra el EI, en tanto que no reciban garantías de que Estados Unidos podrán protegerlos (sic).
“La única fuerza que ha tenido éxito contra el EI termino por convertirse en un blanco de Turquía, aliada de Estados Unidos, debido a la política interna y regional turca.  Luego de rechazar las fuerzas del EI de la sitiada ciudad de Kobani, las milicias curdas del Norte de Siria dominaron una serie de plazas fuertes del EI a lo largo de la frontera con Turquía.  Sin embargo, en julio de 2015, la ofensiva fue detenida por la intervención turca.  Al mismo tiempo que cedía a Estados Unidos el derecho de usar dos de sus bases aéreas –Incirlik y Diyarbakir- para atacar al EI. Ankara envió sus propios aviones de combate contra los curdos” (RT, 10/09/2015).

No es necesario  un vasto conocimiento de estrategia o de política regional para anticipar el desenlace de la ofensiva de lo que hemos llamado el “Club de las bombas;” el mero sentido común indicaría que una organización como el EI no podría ser debilitada significativamente, mucho menos destruida, con ataques aéreos.  Como ilustración republicamos fragmentos de nuestros análisis de septiembre y octubre de 2014:

“Obama y el “Club de las bombas”,  octubre de 2014

(…) Un plan destinado al fracaso en cuanto al objetivo anunciado, pero perfecto para mantener abiertos los conflictos en marcha y en potencia de la región, y engrosar las dotaciones presupuestales extraordinarias del Pentágono y las ganancias de las empresas del complejo industrial-militar estadounidense.  Como se sabe, las campañas aéreas de este tipo no pasan más allá de ser doctrinas militares utópicas, extremadamente costosas en equipamiento y en armamentos, pero poco útiles contra los blancos que generalmente no se comportan como fuerzas militares regulares –reflejos del estado mental enfermo de poder que se niega a admitir el ocaso histórico del hegemonismo. (…)
Otra evidencia de que el plan contra el EI no tiene valor es la negativa de todo tipo de entendimiento con el presidente sirio Assad, comandante en jefe de una de las pocas fuerzas militares capaces de enfrentar efectivamente a los yijadistas, en el marco de una operación combinada con las de los dos países vecinos y el apoyo real de las potencias extranjeras.  (…) Una prueba más de que no existe ni la mínima intención real de neutralizar la amenaza del EI, la Unión Europea anunció un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, otro país cuya colaboración contra los yijadistas es imprescindible.

“Estado islámico: El “Club de las bombas” no podrá derrotar a su propia creación”,  septiembre de 2014:

“Aparte del problema crucial de la ilegitimidad de la intervención, no autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo cierto es que el “Club” no tiene ni menor perspectiva concreta de por los menos debilitar al EI y reducir su dominio sobre el vasto territorio que ya ocupa, tanto en Irak como en Siria, o sobre su capacidad de lanzar ataques puntuales en otros países.  En un artículo publicado en el sitio Antiwar.com (22/09/2014), el comentarista Jason Ditz afirmó: “Seis semanas de ataques aéreos cada vez más intensos llevaron al gobierno de Obama a poner por las nubes el “progreso” de su nueva guerra en Irak.  Sin embargo, la situación en el terreno no justifica esto.  Lejos de ser un progreso, la situación a todas luces no ha cambiado en seis semanas, con apenas un puñado de aldeas en la línea de frente que cambian de manos y con el ISIS (otras siglas para referirse al EI) dueño del mismo trozo de Irak que dominaba antes de que Estados Unidos iniciara los ataques.  Los ataques aéreos alteraron la táctica del ISIS, que no deja más sus costosos vehículos “made in USA” expuestos al aire libre… lo que lo hace  más difícil de ser atacado y no menos atrincherado.”
“Al igual que otros analistas, Ditz sospecha que los actos de Washington tengan otros motivos: “La decisión del gobierno de declarar una guerra contra el ISIS, a pesar de no tener ninguna oportunidad de alcanzar ninguno de sus objetivos declarado, no fue accidental.  Esto  llevará, inevitablemente, a un nuevo impulso de los halcones del Congreso para agravar la guerra”.
“En el Asia Times Online, haciendo gala de su ironía,  el periodista Pepe Escobar observa: “Las personas realmente capaces de derrotar a los fanfarrones del Califa no utilizan (proyectiles) tomahawks.  Ellas son: el Ejército Árabe de Siria (cerca de 35 mil muertos en acción contra el ISIS/ISIL/EI o Al-Qaeda); Hisbolá; los asesores u operativos de los Guardias Revolucionarios Iraníes; y las milicias curdas.  Esto no sucederá.  El gran éxito cinematográfico de la temporada es el Imperio del caos que bombardea al Califa y al fantasma de la Gran guerra al terror.  Dos funciones por el precio de una” (Asia Times Online, 24/09/2014).

““Club de las bombas”: la cuenta se aproxima a los mil millones (de dólares),”  octubre de 2014:

“Aunque el “Club de las bombas” de Obama promueve una guerra espectacular y el debilitado Ejército iraquí padece en los choques con los terroristas, casi siempre más motivados y determinados, las fuerzas que ofrecen un combate efectivo al EI (y que se beneficiaría enormemente con el apoyo aéreo y de información que el “Club” les podría proporcionar) no reciben ni siquiera una fracción de la atención que la prensa internacional dedica al espectáculo aéreo: las milicias curdas (en especial el PKK turco, considerado organización terrorista tanto por Ankara como por Washington), la Fuerza Quds iraní, Hisbolá y el Ejército Sirio. (…)
“En esencia, a pesar de ser un negocio óptimo para las empresas bélicas gigantes de Estados Unidos, la campaña del “Club de las bombas” no tienen ninguna posibilidad de ser un divorcio de aguas en la campaña contra el EI, lo que nos lleva a la suposición de que está no es ni siquiera su finalidad.  Si lo fuera, Washington tendría que admitir el fracaso de su embestida contra el régimen de Assad y entrar en algún tipo de acuerdo con él y con Irán, todo con la bendición de Rusia, e indicar, al mismo tiempo, a sus aliados regionales, en especial Turquía, que cesen de inmediato el apoyo a los insurgentes sirios, lo que secaría una importante fuente de alimentación del EI.  Sin tener que poner sus “botas en el terreno” y con tan sólo una reducida fracción del costo del espectáculo del “Club,” gastado en apoyo de información y, posteriormente, de logística, los militares iraquíes, curdos, iraníes y sirios se podrían encargar del trabajo sucio contra los verdugos. (…)
“Y, con los miles de millones de dólares desperdiciados (o invertidos, dependiendo del punto de vista) en el show aéreo, sería posible iniciar un mini plan de inversiones productivas en una región carente de oportunidades de ocupación para miles de jóvenes en edad de trabajar, entre los cuales el EI se ha empeñado en reclutar nuevos adeptos”.

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