Alguien azuza la especulación financiera contra China

Bolsa-Xangai-Getty-Images

En China, las brazas que están debajo del asador, son más peligrosas que el incendio que recientemente ocurrió en la Bolsa de Shangai. Mientras la prensa se empeñaba en destacar el colapso de las cotizaciones y los valores, se dio poca atención a las inevitables preguntas: ¿Cuál fue la causa del colapso?  ¿Quién estuvo detrás? ¿Y por qué?

Sin duda, fue un evento potencialmente devastador. Entre el 12 de junio y el 9 de julio, el mercado accionario chino perdió 30% de su valor, una cantidad de 3 billones de dólares. Y obsérvese que después de la intervención de las autoridades monetarias con la inyección de liquidez nueva de aproximadamente 200 mil millones de dólares, el mercado volvió a subir 17%. Igualmente, hay en curso investigaciones para “expulsar” a los especuladores que jugaban al descubierto sobre la caída del mercado accionario.

Por supuesto, el foco del incendio no fue extinguido de forma segura y definitiva. Las diversas burbujas financieras del sector privado de la economía constituyen el problema número uno en China. El país tiene una deuda pública equivalente a 43% del PIB –un índice modesto comparado con los países occidentales. Pero la deuda de las empresas privadas llega a nada menos que el 160% del PIB, que es de casi 11 billones de dólares.

Se estima que a lo largo de los próximos cuatro años, China podría tener la necesidad de emitir títulos de deuda por encima de 20 billones de dólares, tanto nuevos como viejos a ser renovados. Y hasta la burbuja inmobiliaria, ejemplificada en muchas ciudades fantasmas construidas y deshabitadas, podría convertirse en una bomba de tiempo.

Son situaciones de incuestionable peligro, pero, aún así, son de un riesgo menor a la situación de los EUA. En realidad, la deuda pública y privada total de China es inferior a la de los EUA, Japón y muchas economías europeas. La economía real china, a pesar  de la reducción de los elevados niveles de crecimiento de los años anteriores, aún registra un crecimiento anual del PB de cerca del 7%.

Los datos del comercio exterior chino son extraordinariamente positivos. Tan sólo en los primeros seis meses de este año, el superávit comercial en la producción de bienes fue de 260 mil millones de dólares, una verdadera explosión, comparada con los 100 mil millones de dólares para el mismo período en 2014. En contraparte, los EUA registraron un déficit de 250 mil millones en la balanza comercial de bienes y servicios, en el primer semestre de 2015.

Es en los frentes geoeconómico y geopolítico que China está operando cambios e innovaciones de gran calado, especialmente, en el contexto del grupo de los BRICS. Tal vez no haya sido mera coincidencia el hecho de que la caída en la Bolsa de Shangai haya ocurrido de manera simultánea al inicio de las actividades del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, en inglés) y del Nuevo banco de desarrollo (NDB, en inglés).

Hay que recordar que el AIIB, con un capital inicial de cien mil millones de dólares, tiende a convertirse en el principal instrumento para la promoción de la modernización y de fomento de infraestructura en todo el continente asiático, comenzando con el  proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Sin embargo, mientras que los EUA y la muy complaciente Unión Europea (UE) encabezan una desestabilizadora campaña de sanciones económica contra Rusia, China mantiene una actitud independiente y completamente diferente. La evidencia más significativa es el acuerdo de 30 años, con un valor de 400 mil millones de dólares para la compra de gas ruso, el cual no involucra al dólar, sino a las respectivas monedas nacionales.

Desde nuestra perspectiva, el cambio más notable es la decisión china, tomada en silencio y no discutida por la gran prensa, de revisar progresivamente la composición de sus reservas de divisas, reduciendo la cantidad de títulos estadounidenses en su poder. Apenas en junio, Pekín compró 600 toneladas de oro,  mientras que se estima que en el segundo trimestre de 2015,  sus reservas cambiarias se hayan reducido en 140 mil-160 mil millones de dólares, tal y como se observó con el freno para comprar nuevos títulos del Tesoro estadounidense.

Todo esto explica la intención de alguien de fuera, en el sentido de dar un aviso a China, para no abandonar los viejos acuerdos y esquemas. Por lo tanto, vale la pena intentar comprender quien puede haber estado detrás de la ola especulativa. Los megabancos JP Morgan Chase y Goldman Sachs observaron púbicamente que China abandonó la habitual regla de comprar títulos estadounidenses con su superávit comercial.

Las agencias calificadoras, comenzando por Standard & Poor’s, hablan del “rápido crecimiento de la deuda, la opacidad del riesgo, la elevada proporción deuda/PIB y el riesgo moral” de China. Estas son clásicas “palabras de código” utilizadas en otros lugares, siempre u poco antes de un ataque especulativo. El Banco Mundial calificó al mercado chino como “desequilibrado, reprimido, costoso para mantenerse y potencialmente inestable”. Una evaluación que fue retirada después, alegando que su publicación había sido resultado de un error.

Una cosa es cierta: un juego de combate o apenas especulativo contra China podría tener efectos devastadores sobre todo el sistema financiero mundial, potencialmente mayor que la crisis de 2007-2008.

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