Ucrania: neofascismo con disfraz de "democracia" amenaza estallar conflictos

La impresionante velocidad de los acontecimientos en Ucrania, sumada a la notoria parcialidad de la cobertura realizada por los medios de comunicación, dificulta una comprensión precisa de la situación del país. De hecho, en menos de 48 horas, el acuerdo establecido a duras penas entre el presidente Viktor Yanukovich y sus opositores, que contemplaba elecciones anticipadas para septiembre próximo, fue rebasado por lo que no tiene otras características que la de un golpe de Estado contra un gobierno legalmente establecido, según el criterio internacionalmente aceptado, con la deposición del presidente y su inmediata persecución criminal.

En la estela, queda un país con la capital ocupada por grupos paramilitares claramente neofascistas, un frágil gobierno provisional con una dudosa capacidad de conducir un nuevo proceso electoral, adelantado para mayo, y una real amenaza de secesión de Crimea, donde la población mayoritariamente de origen ruso se siente amenazada por las provocativas manifestaciones anti-rusas de los nuevos dueños del poder en Kiev, comenzando con la inconcebible supresión del ruso como lengua oficial.

Se cierne la amenaza de una peligrosa intensificación de los ánimos entre la Federación Rusa y el bloque occidental integrado por los EUA y la Unión Europea, el cual apoyó activamente las manifestaciones que llevaron a la deposición de Yanukovich; lo que tenemos enfrente es un escenario que puede crear condiciones para una nueva confrontación Este-Oeste, tal y como es la aspiración de las facciones más belicosas del Establishment anglo-americano, entre ellas la de los “neoconservadores” que dominan la política externa norteamericana.

Esto ocurre en un momento en que Moscú desempeña un crucial papel en la búsqueda de soluciones políticas para los conflictos y disputas en la crítica región del Gran Oriente Medio, sin hablar de su importancia para la estabilización del Asia Central, después del retiro de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de Afganistán.

Con tantos incendios prendidos, una nueva Guerra Fría, nunca sería una opción, y peor, es un desastre ya que la crisis sistémica global se profundiza y necesita de alternativas no contempladas por las actuales “reglas del juego” encuadradas en la cooperación internacional para la solución de los conflictos y en la reorientación del sistema financiero internacional a las necesidades de la reconstrucción de la economía mundial.

Con semejante comprensión, el canciller ruso Sergei Lavrov ha insistido en la necesidad de la cooperación entre Ucrania, la UE y Rusia, para asegurar la estabilización y la integridad del país, que, según él, no debería tener que optar por un alineamiento con Bruselas o con Moscú.

Por ironía, un hecho inesperado para los centros occidentales de poder, fue la sustitución de los manifestantes pro-occidentales que, en noviembre pasado, iniciaron las protestas contra el gobierno de Yanukovich, por violentos grupos neofascistas y ultranacionalistas, cuyo surgimiento ya preocupa a muchos simpatizantes del “cambio de régimen” en Kiev. En un artículo publicado en el sitio Globalresearch.ca el 31 de enero, semanas antes de la explosión de la violencia que resultó en la salida de Yanukovich, el analista norteamericano Eric Dreitser, fundador del sitio Stopimperialism.com, describe a tales grupos:

“La violencia en las calles de Ucrania es mucho más que una expresión de ira popular contra un gobierno. En vez de esto, es el más reciente ejemplo de la ascensión de la más insidiosa forma de fascismo que Europa haya visto desde la caída del Tercer Reich.

“Los últimos meses han visto protestas regulares de la oposición política ucraniana y sus simpatizantes -abiertamente, en respuesta a la negativa del presidente Yanukovich de firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea, visto por muchos observadores políticos como el primer paso para una integración europea. Las protestas permanecieron, en gran medida, pacíficas, hasta el 17 de enero, cuando manifestantes armados con macanas, cascos y bombas improvisadas desataron una violencia brutal contra la policía, invadiendo predios gubernamentales, agrediendo a cualquier persona sospechosa de simpatías pro-gubernamentales y llevando el terror a las calles de Kiev. ¿Pero quiénes son estos violentos extremistas y cuál es su ideología?

“La asociación política es conocida como Pravy Sektor (Sector Derecho), que es esencialmente una organización sombrilla para varios grupos ultranacionalistas de derecha (léase fascistas), que incluye a simpatizantes del Partido de la Libertad (Svoboda), Patriotas de Ucrania, Asamblea Nacional Ucraniana-Autodefensa Nacional Ucraniana y Trizub. Todas estas entidades comparten una ideología común, que es vehementemente anti-rusa, anti-inmigración y anti-judía, entre otras cosas. Además, comparten una reverencia común hacia la llamada Organización de Nacionalistas ucranianos de Stepan Bandera, los famosos colaboradores de los nazis que lucharon activamente contra la Unión Soviética y se involucraron en algunas de las peores atrocidades cometidas por cualquier beligerante, durante la II Guerra Mundial.

“(…) Utilizando la intimidación y la fuerza bruta, más típicas de los Camisas Pardas de Hitler o de los Camisas Negras de Mussolini que las de un movimiento político contemporáneo, estos grupos consiguieron transformar un conflictos en torno a políticas económicas y lealtades políticas del país en una lucha existencial por la propia sobrevivencia de la nación que esos así llamados “nacionalistas” proclamaron amar tan intensamente. Las imágenes de Kiev en llamas, de las calles de Lviv repletas de amotinados y otros atemorizantes ejemplos de caos en el país ilustran, más allá de cualquier duda, que las negociaciones políticas con la oposición reunida en la Plaza Independencia (en el centro de Kiev) no es ya el tema central. En vez de esto, la cuestión es el fascismo ucraniano y si este será apoyado o rechazado.”

En este contexto, quizá imprevisto por las capitales occidentales y que eleva las tensiones en el país y en el eje Washington-Bruselas-Moscú, solamente los pirómanos “neocons” salen ganando, pues el caos y la violencia favorecen sus planes para encajonar a la Rusia de Vladimir Putin y preservar la capacidad de imposición manu militari de su agenda hegemónica. Como lo advierte el ex-subsecretario del Tesoro Paul Craig Roberts, en su columna del 26 de febrero, con la cual concluimos:

“Si Washington perdió el control del golpe y fuera incapaz de restaurar el control a los moderados con los cuales se alineó, junto con la UE y la OTAN, la guerra parecería inevitable. No hay duda de que las provincias rusas (de Ucrania) procurarían y recibirían la protección de Rusia. Si Rusia irá adelante y denuncia a los nazis en Ucrania Occidental, no se sabe. Si Washington, que parece haber posicionado fuerzas militares en la región, suministrará a los moderados la fuerza militar para derrotar a los neonazis, es una interrogante, así como la respuesta rusa.

“Di el título ‘Sonámbulos nuevamente’ a una columna anterior, en una analogía sobre como los errores de cálculo condujeron a la I Guerra Mundial. Ahora, el mundo entero debería estar alarmado con la imprudente e irresponsable interferencia de Washington en Ucrania. Al crear una amenaza estratégica directa para Rusia, los enloquecidos hegemones de Washington crearon una confrontación de grandes potencias y el riesgo de una destrucción mundial”.





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