Se está desencadenado en Italia una acalorada discusión en torno a la creación de un “banco malo” (bad bank, en su expresión original en inglés), una institución específicamente creada para albergar a los activos “tóxicos” en posesión de los bancos del país.
El sistema bancario italiano se encuentra de nuevo en graves dificultades y demanda otra vez, un salvamento público. Esto fue admitido parcialmente en medio de la vorágine de la crisis financiera global, al contrario de lo ocurrido en EUA, Inglaterra, Alemania y otros países. En Londres y Berlín, el rescate de los bancos fue, respectivamente, de 167 mil y 144 mil millones de euros. En Italia, sólo fueron 7 900 millones, de tal modo que el gobierno italiano pareció ser el más virtuoso. Hoy, la Unión Europea (UE) considera el rescate italiano como un “auxilio estatal”, en contraste con la legislación vigente.
Ahora sabemos que las deudas incobrables de los bancos son del orden de 190 mil millones de euros. Quizá se puedan recuperar casi 80 mil millones. Hay que recordar que, en 2008, estos créditos ascendían a 42 800 millones de euros.
Hoy, por desgracia, la cantidad de títulos deteriorados (los incumplimientos y los créditos empresariales en dificultades reales) se elevó a más de 350 mil millones de euros, correspondientes a al 17.7% de todos los préstamos concedidos por el sistema bancario italiano. El Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que esta proporción ha aumentado rápidamente, dejando a Italia apenas al frente de Irlanda, Chipre y Grecia.
Los préstamos malos están concentrados, principalmente, en el Sur. Desde junio de 2010, la cantidad referente a empresas corporativas se triplicó, subiendo a 122 mil millones de euros, lo que representa el 72% del total de valores de difícil recuperación.
En particular, se refieren a préstamos superiores a 5 mil millones de euros, que aumentaron 450% desde 2009. Dos tercios de ellos se concentran en los cinco mayores grupos bancarios.
Se llamó al Banco de Italia para buscar soluciones. Pero, antes de presentar alguna propuesta, debería explicar porque en los últimos años, no se empeñó en ejercer los controles puntuales y aplicar las medidas correctivas necesarias.
Para dorar la píldora muchos alegan que el “banco malo” podría ser bueno para la economía: los bancos con problemas, libres del paquete, harían que volviera a fluir el crédito y apoyar a las empresas. Esto es un cuento de viejitas que no convence. En diciembre del año pasado, se registró un decrecimiento anual del 1.6% en estos flujos –y no se pueden ocultar todas las causas debajo del tapete de la crisis global, incluso reconociendo los muchos daños que ella ha causado.
Además de los muchos juegos de palabras y de tantas discusiones “técnicas”, el problema del “banco malo” y de los títulos tóxicos reside, principalmente, en dos aspectos fundamentales: 1) ¿quién evaluará como serán evaluados los préstamos malos; y 2) ¿quién pagará la diferencia, los bancos o el estado? Para crear esta institución, el Banco de Italia ya contrató al Boston Consulting Group, consultoría privada estadounidense que se jacta de asociaciones y cooperación con el Goldman Sachs. (¿Por qué no asumió el control, como ocurrió en España?).
Hay dos posibilidades de acción: la primera es que los bancos y otras instituciones financieras privadas consigan el capital necesario para la compra de los activos tóxicos y la constitución del “banco malo”, adquiriendo semejantes títulos con una recuperación. El riesgo y los costos serían soportados por los bancos. Esta solución no tiene el apoyo de ellos, cuyo lobby ventila la posibilidad de tener que recurrir a la práctica del rescate interno (ball-in, en la jerga financiera), en caso de que se concretaran casos de insolvencia, lo que implicaría la participación de los accionistas y también de los titulares de las cuentas de ahorro.
La otra posibilidad es que el Estado actúe como el garante de eventuales daños resultantes de una recuperación inferior al valor ya descontado de los títulos adquiridos. Previsiblemente, esta es la opción preferencial del sistema bancario.
En 2008, para la estabilización de los mercados financieros, el gobierno alemán creó la agencia Soffin-FMSA y destinó 480 mil millones de euros en títulos públicos para comprar con descuento títulos podridos en posesión de los bancos. Posteriormente, estos fueron transformados en títulos de dinero nuevo junto al Banco Central Europeo (BCE). La agencia tendrá una existencia de 20 años. Si, en este plazo, no recupera todo el dinero gastado, la diferencia será cubierta por los bancos tenedores de los títulos dudosos, y no por el Estado. En la operación con el Kommerzsbank, salvo con 90 mil millones de euros, como garantía, el estado pasaría a controlar 25% de las acciones de los bancos.
El gobierno, el Parlamento, el Banco de Italia, la Comisión Europea y muchas otras instituciones involucradas, como el Mecanismo Europeo de Estabilidad, del cual Italia forma parte financieramente, siguen discutiendo la creación de un “banco malo”.
En nuestra opinión, deberá de trazarse una línea roja: en un momento en que no haya dinero para la educación, pensiones, bienestar social, investigación, etc., sería inconcebible e intolerable tapar los hoyos de los bancos con dinero público.
Si, por desgracia, esta fuera la decisión del gobierno y del Banco de Italia, otra vez, estaríamos ante la vieja práctica bancaria de privatizar ganancias y socializar pérdidas –en este caso, causados por la especulación y los juegos de azar financieros.

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