Las dos caras de la política hemisférica de los EUA

La visita del secretario de la Defensa de los Estados Unidos, Leon Panetta a Brasil a finales del pasado abril, proponiendo lo que sería una nueva alianza militar de facto, mostró claramente la decisión estratégica estadounidense de desplazarse hacia el Hemisferio Occidental, para controlar los recursos petroleros en el Atlántico Sur, con especial atención en el potencial del gigantesco yacimiento de la capa “presal” de Brasil y los no menos valiosos yacimientos en la costa occidental del continente africano.

Las problemas agudos del poder angloamericano en el centro de Asia y Medio Oriente y concomitantemente la dificultad de controlar los recursos naturales de la región, lleva al “establishment” oligarca a mirar con codicia los recursos de lo que considera su patio trasero. Desde esta óptica debe verse también el énfasis de Inglaterra en mantener y consolidar militarmente – incluso con el despliegue de submarinos nucleares – sus enclaves militares en el Atlántico Sur, más que nada, las Islas Malvinas.

En este contexto se inscribe el ofrecimiento de Panetta, que también abarca aspectos tecnológicos como la compra de los nuevos aviones caza de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB).

El gobierno y las Fuerzas Armadas brasileñas podrían consultar a sus contrapartes mexicanas, para averiguar cuál es la verdadera actitud estadounidense en asuntos tan primordiales que se refieren a la soberanía nacional. Seguramente recibirían información precisa sobre las modalidades nada sutiles de desmoralizar y neutralizar la resistencia de los militares mexicanos a los designios exclusivistas que buscan, a las claras, el control del petróleo del país.

Así podemos ver dos caras de la política hemisférica del gobierno de Barack Obama, empapado de la dinámica neocolonial del “hard” y el “soft power”, puesto en práctica por la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

En México, después de ofrecer el lado “soft” de los acuerdo de TLCAN, prometiendo el “upgrade” al paraíso del primer mundo, llegó el corolario “hard”, con la insidiosa y subrepticia subordinación de la Fuerzas Armadas mexicanas al cronograma del Comando Norte de las Fuerzas Armadas de los EUA (Northcom), que impuso al país una doctrina extrajuridiccional, la cual permite castigar judicialmente a toda persona que se atreva a desobedecer el sistema de dominación.

Esto fue exactamente lo que aconteció a principio de mayo último con la inaudita y arbitraria detención del general Tomás Ángeles Dauahare, ex subsecretario de la Defensa Nacional, y de otros altos oficiales del Ejército. Estos ataques tienen el objetivo de eliminar el crecimiento de la resistencia a las continuas incursiones anti constitucionales de las agencias de inteligencia y seguridad de los Estados Unidos en México, para poder, posteriormente, calificar al país como un “Estado fallido”. Como se vio en el caso de las ilegales y clandestinas operaciones Rápido y Furioso y Receptor Abierto; gradualmente, esas agencias extranjeras se han convertido en coadyuvantes del fomento de la inseguridad y de la violencia que azota el territorio nacional.

Le toca a Brasil

Una de las intenciones de la creación del TLCAN era utilizar el acuerdo como la plataforma de lanzamiento para extenderlo al resto del continente con el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Desde el inició, contemplaba los recursos naturales hemisféricos, especialmente energéticos. Como se sabe, el proyecto fue rechazado activamente por la diplomacia brasileña, que de hecho asumió la posición tradicionalmente ejercida por México frente a las acometidas imperiales angloamericanas en la región.

Con el descubrimiento de los recursos petrolíferos de la capa presal de Brasil, la estrategia se hizo más sofisticada: ofrecer a Brasil un trato especial y un “Diálogo de Cooperación en Defensa”, en los términos que utilizó el secretario Panetta en su conferencia en la Escuela Superior de Guerra (ESG) en Río de Janeiro, el 25 de abril.

“Hoy esta es una relación -entre Estados Unidos y Brasil- entre dos potencias globales y saludamos la fuerza creciente de Brasil. Apoyamos a Brasil como líder global y buscamos una cooperación de defensa más cercana, porque creemos que un Brasil más fuerte y comprometido globalmente ayudará a incrementar la seguridad internacional para todos. Profundizando nuestra asociación, la fuerza de Brasil es más que nunca nuestra fuerza”, afirmó Panetta al exponer la nueva política de Defensa de su país.

La visita de Panetta es parte de una acción diplomática estadounidense que se desató inmediatamente después de la visita de la presidente Dilma Rousseff a los Estados Unidos en abril pasado. El 15 de abril, cinco días después de su regreso de Washington, la secretaria de Estado Hillary Clinton desembarcó en Brasilia, y diez días después, Leon Panetta hizo lo mismo.

Nuevos pactos post Guerra al Terror

En la ESG, Panetta propuso de hecho un nuevo acuerdo militar con Brasil semejante al que se estableció inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, y después denunciado en 1975 por el entonces presidente Ernesto Geisel, debido a las presiones de Washington contra el Programa Nuclear Brasil-Alemania. Es decir, porque se convirtió en un acuerdo que auspiciaba un verdadero apartheid tecnológico contra el país. En las palabras del propio secretario:

“Tenemos frente a nosotros una oportunidad verdaderamente histórica de construir una sociedad de defensa -una sociedad estratégica basada en el interés y el respeto mutuo, una sociedad basada en nuestra convicción de que un Brasil fuerte y próspero que asume su legitimo lugar como líder global será una fuerza para la paz y un modelo para otras naciones en el siglo XXI”.

Sería natural que en un sistema de relaciones internacionales estable, en un clima de prosperidad general y prevalencia de la soberanías nacionales, los Estados Unidos y Brasil, pudieran compartir un acuerdo de seguridad y de cooperación tecnológica en áreas determinadas; pero la situación mundial es diametralmente opuesta. Frente al debilitamiento financiero y militar, los grupos de poder norteamericanos reaccionan buscando caminos para mantener su hegemonía. En esta búsqueda se inscribe la elaboración de una nueva política de Defensa que garantice una salida mínimamente honrosa al desastre militar en que se embarcaron las últimas administraciones norteamericanas, con una orientación que se podría denominar la era post Guerra al Terror. Panneta lo expresó así:

“Obtuvimos triunfos significativos contra Al Qaeda. Debilitamos su liderato y su capacidad de realizar el tipo de ataque hecho el 11 de septiembre. Condujimos una guerra en Irak con un final responsable. En Afganistán, iniciamos la transición para la seguridad, gobernabilidad y responsabilidad para los afganos y, a pesar de los desafíos -y todavía existen desafíos verdaderos que necesitan ser enfrentados-, la realidad es que debido al gran liderato del general Allen, nuestro comandante de las fuerzas de los EU y de la OTAN, la estrategia que el proyectó tiene éxito. La meta de un Afganistán seguro y soberano para que no sea refugio para los terroristas que planearon ataques como los del 11 de septiembre – puede ser vislumbrada”.

Después de vanagloriarse de las últimas guerras neo-imperiales, sin admitir el rotundo fracaso militar estadounidense, Panetta concluye:

“Esas transiciones permitirán a los Estados Unidos concentrar nueva energía en nuevas oportunidades y desafíos en todo el globo, incluso aquí en el Continente Americano”.

Frente a los oficiales militares brasileños, el jefe del Pentágono dejó explícito que los EUA buscan nuevos socios, como Brasil, que se comprometan a apoyar su condición de primera superpotencia mundial, socios menores dispuestos a someter la soberanía a las prioridades estratégicas que los socios mayores demanden.

“Los desafíos internacionales de seguridad que nos confrontan todavía son reales y amenazadores. Amenazas transnacionales como el extremismo violento, el comportamiento desestabilizador de naciones como Irán y Corea del Norte. Vemos ahora poderes emergentes en el Pacífico Asiático y vemos continuas turbulencias en el Medio Oriente y en el Norte de África. Al mismo tiempo estamos lidiando con la naturaleza mutante de la guerra, la proliferación de armas y materiales letales y la creciente amenaza de invasión cibernética. Creo que el ciberespacio es, de muchas maneras, un potencial campo de batalla al futuro. Y, aquí en este continente, enfrentamos el tráfico ilícito de drogas y desastres naturales.

“Estos desafíos nos afectan a todos: nuestros pueblos, nuestras economías y nuestro futuro modo de vida. Y el mundo está tan profundamente interconectado que esos desafíos están realmente más allá de la capacidad que tiene cualquier nación para resolverlos sola.”

Panetta no ocultó -ni quería- la voluntad del poder anglo-americano de agarrarse a su predominio, en un ambiente de claro declive económico.

“Todo eso acontece en un momentos en los Estados Unidos, en el que también enfrentamos un déficit record. La Defensa tiene un papel que desempeñar para ayudar a reducir ese déficit, pero yo no creo, -como alguien involucrado en asuntos presupuestales en gran parte de mi carrera en Washington – que tengamos que escoger entre la seguridad nacional y la seguridad fiscal, y por esa razón, los jefes de todos nuestros servicios en el Pentágono, el jefe del Estado Mayor (Conjunto), todos nuestros secretarios son partícipes del empeño de proyectar una estrategia para las fuerzas de defensa de los Estados Unidos para el futuro. Como resultado, presentamos una nueva estrategia de defensa que tiende a tratar los desafíos que mencione -en gran medida enfrentar tales desafíos revitalizando nuestras asociaciones de defensa y seguridad en todo el mundo”.

La nueva estrategia de defensa fue sintetizada por Panetta:

“Primero, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, serán menores y más compactas al retirarnos de las dos guerras, su gran fuerza será la agilidad, la flexibilidad, la capacidad de movilizarse rápidamente y siempre avanzadas tecnológicamente.

“Segundo, vamos a reequilibrar nuestra posición global para dar más importancia al Pacífico Asiático y al Medio Oriente, reconociendo los muchos desafíos y oportunidades de esas regiones.

“Tercero, -y eso es de singular importancia con relación a este continente- vamos a procurar revitalizar nuestras relaciones de seguridad en todo el mundo, construyendo asociaciones de defensa innovadoras, construyendo alianzas, construyendo relaciones en particular en Europa, en África y aquí en el Continente Americano.

“Cuarto, vamos a garantizar, como es nuestro deber, que las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos sigan siendo capaces de enfrentar la agresión y derrotar al adversario en cualquier momento, en cualquier lugar. Debemos tener la capacidad de enfrentar a más de un enemigo al mismo tiempo y ser capaces de derrotarlos.

“Por último, vamos a dar prioridad y proteger inversiones en nuevas tecnologías -aquellas tecnologías del futuro como inteligencia, vigilancia y reconocimiento, sistemas no tripulados, espacio, ciberespacio, operaciones especiales y la capacidad de movilización rápida cuando sea necesario.

“Esa nueva estrategia reconoce que los Estados Unidos necesitan ser en continuo una potencia global, pero que más y más naciones están haciendo y necesitan hacer contribuciones importantes a la seguridad global. Saludamos e incentivamos esa nueva realidad, porque, francamente, ella hace al mundo más seguro y a todas nuestras naciones más fuertes”.

Intervenciones en África

La invitación a Brasil no se restringe al ámbito de acciones conjuntas continentales, sino además fuera del Hemisferio Occidental. Y no casualmente en regiones también repletas de recursos naturales estratégicos y minerales, igualmente disputados por otras potencias emergentes como China. Por eso África es señalada como blanco de incursión de la nueva alianza que los EUA del “establishment” oligarca, desea establecer con Brasil. Con las palabras, el mensajero:

“Teniendo en cuenta no solamente nuestro territorio, sino también más allá de nuestras fronteras, existen todavía más oportunidades para aumentar la colaboración y la cooperación en defensa en áreas de interés común. Por ejemplo, ambas naciones tienen nexos históricos con África y un interés estratégico en la estabilidad de ese continente. Debemos estudiar formas para que los efectivos militares de los dos países trabajen juntos para auxiliar a militares africanos, ya sea mediante la realización de maniobras conjuntas, ya sea por otras formas de capacitación para mejorar su capacidad de proveer una mejor seguridad en lo que todos sabemos es un continente volátil.”

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