Kony 2012: "guerra de cuarta generación" hollywoodesca

El video comienza con una franca declaratoria: “Los 27 minutos siguientes son una experiencia. Pero, para que ella funciones, tienes que poner atención”. A quien se disponga a atender la indicación, como lo hicieron millones de personas en todo el mundo, le será presentado un sanguinario señor de la guerra ugandesa, Joseph Kony, líder del llamado Ejército de Resistencia del señor (LRA, siglas en inglés). Al mismo tiempo, será invitado a contribuir financieramente a la ONG responsable del video, Invisible Children, con sede en San Diego, California, además de apoyar una intervención militar norteamericana para liberar a los ugandeses del flagelo representado por Kony.

Lanzado en Internet el pasado 5 de marzo, el video se convirtió en el mayor fenómeno de la red mundial, llegando a más de 100 millones de visitas en tan solo seis días. No obstante, con igual velocidad, fue desenmascarada como una pieza de propaganda oficiosa de la agenda belicista de Washington, a la par que el líder de la ONG, el cineasta Jason Rusell, observaba su imagen de paladín cibernético o derrumbarse con la rapidez de un e-mail, al ser apresado por la policía de San Diego, después de ser descubierto masturbándose en público y visiblemente borracho.

El golpe de lavado cerebral masivo tuvo una ganancia financiera. Según el propio Russell, se vendieron 500 mil kits en solamente una semana – lo que, sin contar los numerosos donativos recibidos por la ONG, representa la nada despreciable suma de 15 millones de dólares, un considerable refuerzo a su presupuesto de 8.7 millones de dólares en 2011.

Para complicar el cuadro, los supuestos beneficiarios de la iniciativa Invisible Children, los ugandeses, reaccionaron de forma vehemente contra el video, pues muchos de ellos lo calificaron como parte de una trama para justificar una intervención militar norteamericana en el país, donde casi 100 militares del Comando África Africom) ya operan como asesores del presidente Yoweri Museveni.

Museveni está en el poder desde hace 25 años y es responsable de atrocidades cometidas contra la población, en una escala mayor que la de Kony y su LRA, además de ser un importante soporte de las operaciones militares norteamericanas en África, sosteniendo, inclusive, un contingente en Somalia.

Como lo afirmamos en octubre del 2011:

“Aunque el LRA se asemeje más a una partida de asaltantes y violadores que a una fuerza guerrillera y esté en acción desde finales de la década de 1980, pocos piensan que Obama se habría incomodado en ayudar a su colega ugandés, en el poder desde 1986, si África no estuviera en el centro de la agenda estratégica de una renovada disputa por recursos naturales. Además del hecho de que se descubrió un importante yacimiento petrolero en territorio ugandés, a principios de este año, otra motivación de la Casa Blanca es la creciente presencia china en el continente. Como lo afirma el veterano periodista estadounidense Eric Margolis, especialista en la estrategia geopolítica de su país: “Los EUA también están preocupados por la penetración china en la región, por el hecho de que se van a engullir todos los recursos económicos y ganar influencia en los gobiernos regionales. Entonces, quizá, los EUA quieran detener este avance chino en África central” (Russia Today, 19 de octubre del 2011)”.

De hecho, en una conferencia realizada en febrero del 2008, el vicealmirante Robert T. Moeller, entonces subjefe de Africom, afirmó abiertamente que el objetivo principal del recién creado comando era proteger “el libre flujo de recursos naturales de África hacia el mercado global”, mencionando la “ruptura de los flujos de petróleo”, el “terrorismo” y la “creciente influencia de China”, como los principales desafíos a los intereses norteamericanos en el continente africano (AllAfrica.com 14 de agosto del 2009).

La promiscuidad de Invisible Children con la agenda oficial de Washington queda en evidencia por el apoyo financiero proporcionado a la ONG por la Agencia de Desarrollo Internacional de los EUA (USAID).

Curiosamente, una crítica inesperada al video provino de dos centros tradicionalmente ligados a la agenda del “establishment” anglo-americano, la Escuela de Economía de Londres (LSE, siglas en inglés) y el ultra-selecto Consejo de Relaciones Exteriores (CFR9 de New York. En un artículo publicado el 13 de marzo pasado, en el sitio del CFR, los investigadores Mareike Schomerus, Tim Allen y Koen Vlassenroot, del Programa de Investigaciones sobre Justicia y Seguridad de la LSE, afirman:

“Al asistir al filme, queda claro que la campaña no se dirigía, primariamente, a revertir la dinámica del conflicto en África Central. Kony 2012 es una fábula norteamericana por excelencia, impresa sobre una pantalla africana, la cual desató un vigoroso debate sobre hasta donde se puede estirar la precisión de los hechos por una buena causa, como se manipula el poder de las redes sociales y cual debería ser el papel de los EUA en la finalización de conflictos muy lejos de casa. Tal vez, sin sorpresa, la exigencia hecha en la película -de alguna forma, apresar a Kony por medios militares, con la ayuda de los EUA, como única solución- es ilógica y desorientada”.

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