Estados Unidos: promiscuidad espionaje-empresas es más antigua que lo que parece

La revelación de que las grandes operadoras de internet y de telefonía, como Google, Microsoft, Facebook, YouTube, AT&T, Verizon y otras, tienen acuerdos con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los EUA, para facilitar el acceso a las comunicaciones y informaciones de los usuarios de los servicios de las empresas mostró al mundo la extensión de la cooperación entre el aparato de espionaje y el sector privado, que ha sido uno de los pilares del “complejo de seguridad nacional” estadounidense. No obstante, aunque este complejo haya adquirido su forma actual en la post guerra, la complicidad activa de empresas de tele comunicaciones con los servicios de espionaje de las señales estadounidenses es una práctica que se remonta a los orígenes de tales operaciones en los años 1920s, cuando el espionaje militar tenía acceso a los telegramas, enviados, recibidos y retrasmitidos por Estados Unidos.

La primera agencia estadounidense dedicada a la intercepción de telecomunicaciones en tiempos de paz fue la llamada Cámara Negra (Black Chamber), creada en 1919 a partir de la reorganización de una sección especializada del ejército, que había desempeñado esa función durante la Primera Guerra Mundial. Dirigida por un virtuoso de la criptografía, Herbert O. Yardley, su primera hazaña fue descifrar el código de comunicaciones que utilizaba el gobierno de Japón, lo que permitió que Estados Unidos conociera anticipadamente las posiciones japonesas durante la Conferencia Naval de 1920, donde negociaron las flotas de los cinco principales países vencedores de la guerra -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón. Al año siguiente, Yardeley presionó a las empresas telegráficas estadounidenses, entre ellas, Western Unión y Postal Telegraph, para que permitieran el acceso de su agencia a los telegramas que trasmitían. Como afirma el periodista James Bamford, autor de tres libros sobre la NSA, “al final de 1920, la Cámara Negra tenía la cooperación secreta e ilegal de casi toda la industria telegráfica estadounidense.”

En 1929, la Cámara Negra, vinculada al Departamento de Estado, fue cerrada por presión del entonces secretario de Estado Henry Stimson (quien afirmo que los “caballeros no leen la correspondencia de otros”), pero sus actividades fueron nada más transferidas a otra repartición, el Servicio de Espionaje de Señales (SIS) del ejército. A pesar de las restricciones de las Ley de Comunicaciones de 1934, que estableció penas para la intercepción de comunicaciones privadas, el estallido de la Segunda Guerra Mundial llevó al presidente Franklin Delano Roosevelt en 1940 a autorizar la cooperación de las empresas telegráficas con el SIS. Al término de la guerra, la agencia tenía más de 10 mil empleados.

Durante la guerra, tanto Estados Unidos como Gran Bretaña desarrollaron capacidades de espionaje de señales (Sigint, en la jerga del espionaje) extraordinarias, que demostraron ser cruciales para los aliados y que se transformarían, en la post guerra, en los embriones del enorme aparato de espionaje que se está mostrando al mundo con la defección del ex analista Edward Snowden. Lejos de reducirse, la llegada de la Guerra Fría fue el pretexto perfecto para su ampliación constante, tanto física como en el espectro de su utilización, lo cual, además de la lucha contra el comunismo soviético, pasó a emplearse en todo tipo actividades clandestinas de intereses de sus controladores, situados en la cúpula del establishment oligárquico anglo-americano.

En 1974 se estableció el acuerdo UKUSA, que involucra los servicios de espionaje de señales de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, también llamado “Five eyes” (cinco ojos), el cual hace posible una división del trabajo y un intenso intercambio entre las respectivas agencias y que se mantiene hasta el día de hoy.

En 1945 se persuadió a las tres grandes empresas telegráficas estadounidenses -Western Union, RCA e ITT- para mantener el esquema de cooperación que prevaleció durante la guerra, en un programa secreto que se llamó Operación Trébol (Operatión Shamrock). El arreglo fue facilitado en RCA por el hecho de que uno de sus directores, Sidney Sparks, acababa de dejar la jefatura del Cuerpo de Señales del ejército, la cual había ocupado durante el conflicto (el anuncio de la promiscuidad entre el servicio público y las actividades privadas, que, en las décadas siguientes se convertiría en la marca registrada del “complejo de seguridad nacional”). El acuerdo, autorizado por el presidente Harry Truman (1945-1953), fue heredado por la NSA, fundada en 1952. Además de formar parte de la operación, la RCA proporcionó gran parte de los equipos para la nueva agencia.

Sin ninguna fiscalización del Congreso o del Poder judicial, la Operación Trébol incluyó entre sus objetivos a todo ciudadano y organización que se opusiese a la política gubernamental, en especial los militantes del movimiento de derechos civiles -una operación paralela establecida a pedido del FBI recibió el nombre en 1969 de Minarete (Operation Minaret).

En los años noventas, las empresas de comunicación comenzaron a grabar sus datos en cintas magnéticas, lo cual, ayudado por las computadoras, proporcionaron a la NSA lo que Bamford califica de “salto cuantico en su capacidad de fisgonear.” Con el uso de palabras claves, el trabajo de rastreo de mensajes de interés para la agencia se facilitó considerablemente. A principios de los años setentas, entre los millones de mensajes interceptados mensualmente, cerca de 150 mil eran seleccionados para que los examinaran los analistas de la agencia.

Cuando Richard Nixon asumió la presidencia, en enero de 1969, formó un Comité Interagencias sobre Espionaje, el cual recomendó que la NSA expandiese su programa de vigilancia a todos los ciudadanos estadounidenses que utilizasen los servicios de empresas internacionales, para lo que se incluiría la vigilancia electrónica, la ruptura del secreto postal y la inspección ilegal en oficinas y residencias.

Las operaciones Minarete y Trébol se cancelaron en 1975, luego de ser dadas a conocer por el senador Frank Church, que investigaba denuncias de abusos del aparato de espionaje contra ciudadanos nacionales. En esa ocasión, cuando los presidentes de ITT, RCA y Western Union fueron convocados a declarar ante comité, el entonces presidente Gerald Ford (1974-1977) instigado por el jefe del gabinete Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld (luego, respectivamente, vicepresidente y secretario de la Defensa de George W. Bush), hizo una extensión inédita del dispositivo del “privilegio ejecutivo” a individuos privados y les recomendó que no atendieran al llamado. Mientras, los tres decidieron declarar, luego de que el comité amenazó con castigarlos por “desprecio al Congreso.” Las declaraciones sellaron el destino de las operaciones clandestinas.

En 1976, Ford emitió una orden ejecutiva que prohíbe a la NSA interceptar comunicaciones telefónicas y telegramas nacionales. En 1978, el Congreso consolidó la prohibición con la aprobación de la Ley de Supervisión de Espionaje Extranjero (FISA), que restringía el poder de la agencia de investigar ciudadanos y grupos extranjeros. No obstante, tales restricciones pasarían a tomar forma con una creciente tendencia a la “tercerización” y a la “privatización” de las actividades de espionaje, tanto internas como externas, iniciadas en los gobiernos de Reagan (1981-1989) y de George H.W. Bush (1989-1993) y elevadas al paroxismo en el periodo que siguió al 11 de septiembre de 2001. Por todo esto, la participación de las empresas de internet con la NSA no es ninguna sorpresa, ya que sólo representa la continuación de una larga tradición.

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