MSIa Informa 1 de noviembre de 2019.- El tema oficial fue: “Sínodo Pan amazónico, nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”. Sin embargo, en los varios documentos de su preparación, el núcleo permanente fue el dueto indigenismo ambientalismo, convertido en bandera central de la decadente torcida teología de la liberación. Un indigenismo abordado desde la óptica del “buen salvaje”, más primitivo que el de Rousseau, y un sombrío ambientalismo alarmista alejado de criterios científicos.
El dueto, desde hace algunas décadas, fue incorporado al engranaje del gobierno mundial valiéndose de una influyente cadena de organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas por las principales naciones más ricas. Así, de las manos que escribieron el Documento Final del Sínodo, emitido el pasado 26 de octubre, fueron escasas las que consiguieron expresar la imperiosa misión de la Nueva Evangelización para llevar la alegría de la Buena Nueva sobre la dignidad de la persona humana a los 35 millones de habitantes de tan preciada región del continente iberoamericano. Un tema que indudablemente sí fue discutido.
Por lo menos en las recomendaciones salidas luego de tres semanas de trabajo, presentadas al papa Francisco, se denota que la deliberación en torno a un nuevo proyecto civilizador quedó soterradas frente al alud de reiteradas descripciones socioeconómicas en torno a las dificultades que enfrentan para su sobrevivencia especialmente los grupos indígenas.
Con el agravante de que la concepción que subyace al “empoderamiento indígena”, es la de un indigenismo axiomático empapado del etnonacionalismo, puesto en boga por la así denominada antropología de acción, nacida de la Conferencia de Barbados en 1971. Patrocinada por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), la criatura deformó la antropología cristiana, rompiendo con el pensamiento de la Iglesia latinoamericana, de hoy y del pasado, respecto a las bondades de la población indígena.
En las diversas conferencias de la Iglesia latinoamericana, por su origen, el tema anterior siempre ha tenido cabida, partiendo de la realidad de que el 8% de la población del continente es indígena, aunque en diferentes niveles de mestizaje. El único país que tiene reservas indígenas es Brasil, irónicamente, por su historia particular es la nación que menos alberga población indígena.
En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe (CELAM), celebrada en Aparecida, Brasil en 2007, en la sesión inaugural, el papa Benedicto afirmaba:
“El anuncio de Jesús y de su Evangelio, no supuso en ningún momento, una alienación de la cultura precolombina, ni fue una imposición de una cultura extraña. Las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas, ni petrificadas en un determinado punto (…) En última instancia solo la verdad unifica y su prueba es el amor (…) La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad, sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado (…) La sabiduría de los pueblos originarios los llevó afortunadamente a formar una síntesis entre sus culturas y la fe de que los misioneros les ofrecían. De allí ha nacido la rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”.
No obstante, los pocos parágrafos del Documento Final del Sínodo dedicados al colosal proyecto evangelizador del siglo XVII fueron apenas balbuceos que emitían un tenue sonido para escuchar el nombre de un José de Anchieta, o de otros de los grandes misioneros. Ni una palabra del bello ejemplo de encarnación del Evangelio en las misiones jesuitas, “reducciones” en el Alto Paraná y en los bosques amazónicos de Bolivia, que elevaron la dignidad de la vida de miles de indígenas combinando la armonía del arte con lo verdadero, al enseñarles técnicas modernas de agricultura, y al mismo tiempo tocar sofisticados instrumentos musicales construidos de maderas nobles, extraídas de la región.
Para rematar, la alusión histórica a la evangelización fue pobremente abordada y relativizada, resaltando la “avaricia y la ambición de los colonizadores” y las heridas que produjeron, con afirmaciones inconexas del tipo, ‘rechazamos la evangelización de estilo colonialista”. ¡Más pesimismo, imposible!
Tales conceptos no pasan de una pieza de propaganda (La leyenda negra) urdidos en los círculos de influencia del poderoso Consejo Mundial de Iglesias (CMI) desde hace un buen tiempo, los cuales tuvieron su apogeo en 1992 a propósito de la conmemoración del V Centenario de la Evangelización del continente. Por ser una entidad del poder angloamericano, especializada en la guerra cultural, destiló su veneno al extremo de instigar el fin de lo que denomina el Doctrina del Descubrimiento, exigiendo la abolición de las bulas papales del siglo XV que aprobaron el proyecto de las navegaciones ibéricas y de la evangelización de las nuevas tierras a ser descubiertas. Además, el CMI está estado involucrada en impulsar una denominada “teología indígena”, también mencionada en el Documento Final.
La Antropología de la Acción, impregnó la redacción de la polémica Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que admite –y promueve- la creación de territorios indígenas independientes.
El Documento Final indica (47) “la vida de los pueblos indígenas, mestizos, ribereños, quilimbolas y/o afrodescendientes y las comunidades tradicionales se ve amenazada por la destrucción, la explotación ambiental y la violación sistemática de sus derechos territoriales. Es preciso defender los derechos a la libre determinación, la demarcación de territorios y la consulta previa, libre e informada. Estos pueblos tienen ‘condiciones sociales, culturales y económicas que los distinguen de otros sectores de la comunidad nacional, y que se rigen total o parcialmente por sus propias costumbres o tradiciones o por una legislación especial. (Con. 69 OIT, art 1º, 1ª)
La Amazonia, enclave de la tierra prometida
En lo que concierne a la singularidad de la región amazónica, la Declaración final, y los documentos anteriores del Sínodo (el Documento Preparatorio de 2018 y el Instrumentum Laboris de 2019), también se apartan de lo expresado en la reunión de Aparecida, que en el Documento Conclusivo contiene un capítulo sobre las amenazas al medio ambiente en la Amazonia y en la Patagonia.
“La creciente agresión al medio ambiente puede servir de pretexto para propuestas de internacionalización de la Amazonia que solo sirven a los intereses económicos de las corporaciones trasnacionales”, afirma.
Contrariamente, aquellos documentos pre y sinodales, exacerban sin mediar demostración racional, los problemas ambientales tocantes al recalentamiento global cuya conclusión maltusiana es que el fenómeno es derivado de la actividad humana.
E invitan a la comunidad internacional asumir los problemas que la afligen como si fuera tierra de nadie, o mejor dicho tierra del mejor postor.
(83) “Como manera de reparar la deuda ecológica que tienen los países con la Amazonia proponemos la creación de un fondo mundial para cubrir parte de los presupuestos de las comunidades presentes en la Amazonia que promueven su desarrollo integral y autosostenible y así también protegerlas del ansia depredadora de querer extraer sus recursos naturales por parte de las empresas nacionales y multinacionales”.
Por lo demás dicha iniciativa se ha discutido ampliamente en el nido de varias ONG internacionales.
De los más de 35 millones que habitan en los nueves países que comparten la cuenca amazónica, 25 viven en Brasil; del total, 2.5 millones son indígenas y en la parte de Brasil se calcula que son cerca de 450 mil.
No obstante, a pesar de que los indígenas amazónicos representen apenas 0.25% de la población brasileña, el interés del Sínodo se enfoca en esta parte menor de los habitantes. Del resto se hace una radiografía de la precariedad en las condiciones de vida de la población urbana amazónica, que en realidad es donde se concentran los mayores problemas ambientales, derivados de una falta de continuidad en el desarrollo económico de la región.
Del lado de Brasil, el movimiento ambientalista indigenista se ha especializado en sabotear la prosperidad agroindustrial de la región siempre oponiendo barreras a la puesta en marcha de grandes obras de infraestructura. El Documento final ataca esas obras, por ser “amenazas contra la vida” silvestre, tales como: (10) “los mega proyectos no sostenibles (hidroeléctricas, concesiones forestales, talas masivas, monocultivos, hidrobias, ferrocarriles y proyectos mineros y petroleros”
Por esta razón piden a los Estados normas de inversión condicionadas a “elevados estándares sociales y medio ambientales y el principio fundamental de la preservación de la Amazonía”. O sea, un agradable paisaje natural con escaza población, el viejo sueño maltusiano.
La ciencia de la economía física prueba que con tecnología de vanguardia es posible tanto mirar un hermoso cielo azul como una población densa que lo disfrute ¿Cuándo la iglesia se ha opuesto al desarrollo económico de los pueblos? Existe algún apartado de la Doctrina Social de la Iglesia que lo establezca.
Esto es pura y llanamente el veneno del maltusianismo infiltrado en altos círculos del Vaticano partir de 1998 cuando el obispo titular de Forum Novum, Marcelo Sánchez Sorondo, tomó las riendas de la Pontificia Academia de Ciencias (PAC). Además de plagar la PAC de connotados maltusianos y ambientalistas radicales, tuvo gran prominencia en los trabajos del Sínodo Pan Amazónico y en eventos post Sínodo, como lo fue una conferencia que auspicio en Roma, celebrada al termino del mismo donde participaron gobernadores de estados amazónicos de Brasil y Perú para discutir asuntos ambientales con miras a buscar soluciones supranacionales. (Ver notas siguientes).
El ambientalismo indigenismo de corte maltusiano ha encontrado eco en un fuerte grupo eclesial de Brasil, militantes de la torcida teología de la liberación, que, desde el anuncio de la realización del Sínodo por el Papa Francisco, dictaron la tónica que debía impregnar los temas a tratar, sin escuchar criterios contrarios. Todo indica que su maligno sueño es hacer de la Amazonía brasileña, y en particular de los pueblos indígenas que la habitan, una especie de enclave pre cristiano tribal.
“Reconozcamos que desde hace miles de años han cuidado sus tierras, sus aguas y sus bosques, y han logrado preservarlos hasta hoy día para que la humanidad pueda bendecirse del goce de los dones gratuitos de la creación de Dios”. (14) Afirma el Documento final del Sínodo
¿Cuál Iglesia?
Sumergidos en la crisis de la civilización que el mundo enfrenta, sería de esperar un impulso vigoroso para ensanchar los caminos de la Nueva Evangelización en la importante región de la Cuenca del Amazonas. Por qué no algo semejante a la proeza que en Iberoamérica desafío los obstáculos naturales y creo un Nuevo Mundo, modelo de inculturación del Evangelio. No obstante, si nos guiamos por lo vertido en el Sínodo nos topamos con una perspectiva desalentadora y parecería que estamos hablando de una Iglesia diferente.
Entre las recomendaciones, existen algunas referidas al gobierno de la Iglesia, entre las cuales destacan la creación de un observatorio Socio Pastoral Amazónico, que trabajaría en alianza con el CELAM, Caritas la REPAM (Red Eclesial Pan Amazónica) y los episcopados nacionales, las universidades católicas, y otros sectores no eclesiales en el continente. Igualmente se pide que, en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, se cree una oficina amazónica.
También existen recomendaciones de otra naturaleza. A pesar de que el Instrumentum Laboris contenía aspectos controvertidos que requieren un cambio fundamental en el Magisterio y Tradición de la Iglesia, que exceden las atribuciones del Sínodo, el Documento Final los conservó y para aligerar las carencias de la región amazónica recomienda al Papa:
Ordenar sacerdotes casados, un rito amazónico y la ordenación de diaconisas. Tres temas controversias que enfrentan gran oposición en la Iglesia no solo del continente, sino también de fuera de él.
Aunque el argumento es la carencia de padres para enfrentar los deberes de una nueva evangelización –deficientemente tratada en el Documento Final- el déficit también existe en otras regiones del mundo, ya no se diga en el propio Brasil. Por esto no faltan voces en la jerarquía eclesial que llaman a emprender otro camino.
Un ejemplo fueron las palabras del cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Mumbai (anteriormente Bombay) invitado a participar del Sínodo por el papa Francisco.
En una entrevista con la agencia de noticias Zenit, publicada el 28 de octubre, al mencionar que en su país se viven problemas similares a la Amazonia indicó:
“Bueno, no tenemos la misma escasez de sacerdotes. Para nosotros no hay crisis. Pero también está, no tan dramáticamente o drásticamente, la cuestión de la explotación de la naturaleza. India es realmente uno de los países que avanzan, ya que se está utilizando y abusando de la naturaleza. Pero el Gobierno es consciente de ello y hace esfuerzos para protegerla. Somos conscientes de que tiene que haber progreso económico. No podemos detener el progreso económico, pero el avance económico no puede ser desenfrenado, con fines de lucro. El papa Benedicto ya había comenzado a hablar mucho, fuerte y claramente, sobre ética y ethos. Era algo nuevo cuando se refirió a eso por primera vez. El papa Francisco ha continuado en esta línea”.
Sobre la carencia de sacerdotes añadió: “Sin embargo, siento que no hemos ido lo suficientemente lejos en la exploración de posibilidades válidas… No hemos utilizado todas las oportunidades que podríamos tener, utilizando la teología y la enseñanza de la Iglesia. Tal vez no hemos desarrollado suficientemente la teología, tal vez porque se ha centrado tanto en las ideas de ordenar sacerdotes casados o mujeres diaconisas. Hay mucho más que se puede hacer”.
Y propuso: “(de Vietnam) Pueden enviar y entrenar sacerdotes para ir allí [al Amazonas]. India no tiene un exceso, sino un buen número de sacerdotes. Podemos enviar sacerdotes allí. Y tal vez Filipinas también y potencialmente Corea del Sur. Creo que algunos de los países asiáticos pueden ayudar. Además, debemos comenzar a hacer una campaña activa para los sacerdotes, una campaña activa para las vocaciones indígenas. Pero para tener eso, varios elementos son esenciales”.
En las próximas semanas el Papa Francisco se pronunciará sobre las recomendaciones del Sínodo.

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