MSIa Informa, 26 de marzo de 2021.-Todavía no recuperada de las sacudidas sufridas por la participación del príncipe Andrew en la red de pedofilia y prostitución del rufián de lujo estadounidense Jeffrey Epstein, -lo que hizo que lo alejaran de todas las funciones de la familia real en 2019-, la Casa de Windsor se ve de vuelta sumida en un escándalo, esta vez por la acusación de racismo hecha nada menos que por la duquesa de Sussex, Meghan Markle, esposa del príncipe Harry, nieto de la Reina Isabel II.
En una entrevista en el popular programa de la presentadora estadounidense Oprah Winfrey, Meghan, con el respaldo de su marido, acusó a miembros no identificados de la familia real de actitudes racistas, Esto fue suficiente para desencadenar una tempestad de polémicas en la Monarquía y en el Reino Unido, en las que han salido salpicados hasta el mismo príncipe William, el hermano mayor de Harry y tercero en la línea de sucesión del trono, quien declaró que la “familia no es racista”.
¿Será que no?
Para no ir muy lejos, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, consorte real y abuelo de William y Harry, es conocido por su enciclopédica colección de manifestaciones racistas, como las recogidas en un oportuno artículo publicado por la red Al-Jazeera (13/08/2017), en ocasión de la despedida de Su alteza real de sus funciones en ceremonias públicas en 2017. Con la pregunta dirigida a un aborigen durante su visita a Australia: “¿Todavía arrojan lanzas?”. O el comentario hecho en una fábrica escocesa ante una caja de fusibles: “Parece que la instaló un indio”.
El autor del artículo, Hamid Dabashi, profesor de Estudios y Literatura Comparada Iraníes de la Universidad de Columbia de Nueva York, es contundente al evaluar que el consorte real es “la memoria viva de toda una historia de soberbia imperial, que ahora está siendo reprimida activamente para ofrecer un carácter más liberal, tolerante y cosmopolita a los británicos y, por extensión, a los ‘europeos’.
Es igualmente destacada la entrevista de 1988 concedida a la agencia alemana DPA, en la que Felipe afirmó que, si pudiese reencarnaría como un virus mortal para ayudar a resolver el “problema de la súper población” -claro, de las “razas” que él y sus pares consideran inferiores.
Eugenia y ambientalismo
A propósito, esta propensión al racismo está lejos de ser una exclusividad monárquica, pues es parte crucial de la estructura de creencias de la oligarquía británica, cebada en siglos de aventuras imperiales en todos los continentes, que tuvo en Winston Churchill su gran campeón -y no por coincidencia, elegido el británico más grande de la Historia por sus vocingleros.
Pero volvamos a la Casa de Windsor; vale la pena recordar la antológica película de 1933 que muestra al duque de Windsor y futuro Eduardo VIII, enseñando a sus sobrinas todavía niñas, las princesas Isabel (la futura reina) y Margarita, a hacer el saludo nazi. La película de apenas 20 segundos, divulgada en julio de 2015 por The Sun, el más corrosivo de los tabloides ingleses, provocó una furiosa reacción de la Monarquía, la cual, a su vez, recibió una firme respuesta del editor ejecutivo, Stig Abell:
“Es una imagen fascinante. No menos porque tiene a Eduardo VIII, que se convirtió en rey en 1936. Y que, en 1937, acabó en Alemania. Terminó sus días en 1970 diciendo que Hitler no fue el malo de la Segunda guerra mundial, la que fue responsabilidad de los judíos y de los rojos (comunistas), y que aquel estaba en el corazón del establishment británico. Entonces, creo que esta es una historia de gran interés público… Creo realmente que es de genuino interés nacional e histórico, y nos tomó algún tiempo y trabajo colocarla en el contexto histórico adecuado”, afirmó Abell.
El comentario de Abell sobre el “corazón del establishment británico” fue una referencia a las conocidas inclinaciones pronazi entre las élites británicas de la época, compartida por una destacada facción de sus contrapartes estadounidenses. Además del anticomunismo, esos oligarcas angloamericanos y los próceres nazis tenían en común numerosas inclinaciones racistas, entre ellas, la promoción de la eugenesia y “mejoramiento racial”, como elemento de política de gobierno, de la cual, en la postguerra, emergerían los movimientos de control de la población y de “protección” del ambiente.
Una de las principales organizaciones creadas para convertir dicha inclinación en políticas públicas fue el Fondo Mundial para la Vida Silvestre, después rebautizado como Fondo Mundial para la Naturaleza, con las mismas siglas WWF, fundado en 1961 como instrumento político del establishment angloamericano; tal entidad ha alcanzado gran poder e influencia internacional dirigida a sabotear programas de infraestructura, sobre todo en las que consideran naciones de segunda clase.El actual duque de Edimburgo fue uno de sus fundadores, junto con otro príncipe consorte, Bernhard von Lippe-Biesterfeld, noble alemán casado con la reina Juliana de Holanda. Antes de la Segunda guerra mundial, Bernhard fue miembro de la SS nazi e integrante del equipo de espionaje internacional de la megaempresa I.G. Farben, entonces uno de los mayores conglomerados industriales del mundo, columna vertebral económica del nazismo y que tenía vínculos con numerosas empresas y bufetes jurídicos de Estados Unidos y del Reino Unido. El pasado nazi de Bernhard, que falleció en 2004, ha sido un fantasma que, una vez y otra, reaparece para avergonzar al WWF.
Pues ya que el racismo de la Casa de Windsor está expuesto a la luz del día, no es necesario invocar nuevos espíritus para exorcizarlo.

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