“Inusitado, derrochador y grotesco”: el nuevo presupuesto militar de EEUU

MSIa Informa, 16 de agosto de 2019.-En una clara demostración de que Estados Unidos no pretende reducir el papel de las Fuerzas Armadas como instrumento para sus pretensiones hegemónicas, la Cámara de Diputados acaba de aprobar un presupuesto militar de casi 1 billón y medio de dólares para los siguientes dos años fiscales, números que colocan al Pentágono en la cabeza de una franja superior a la mitad de los gastos discrecionales del gobierno, y que representan, por mucho, el mayor ítem del presupuesto federal.

“Con ese acuerdo, el Pentágono y sus programas afiliados recibirán un billón 480 mil millones de dólares en los siguientes dos años. Todo el resto del gobierno, a propósito, contando ahí la atención para los veteranos de guerra, tendrá un billón 300 mil millones de dólares. Esto significa 178, 600 millones de dólares más para el pentágono que para el resto del gobierno. Entonces, por el amor de Dios, vamos a fingir que, de alguna forma, eso es algo diferente a una orgía continua de gastos inusitados, derrochadores y asquerosos, en el pentágono” -dijo el director ejecutivo de la organización Win Without War, Stephen Miles (Informatión Clearing House, 27/07/2019).

Haciendo eco de él, el periodista William Hartung, director del Proyecto de Armas y Seguridad del Center for International Policy y autor de varios libros sobre el complejo de “seguridad nacional” estadounidense, afirmó:

“(…) El acuerdo abre el camino para dos de los mayores presupuestos para el Pentágono y el trabajo correlativo de las ojivas nucleares en el Departamento de Energía desde la Segunda guerra mundial. Los números propuestos son mayores que los gastos en el auge de las guerras de Corea y de Vietnam, y sustancialmente mayores que el auge de la escalada de (Ronald) Reagan en los años ochentas. Y los números para el año fiscal de 2010 y del año fiscal de 2021 son apenas ligeramente inferiores a los gastos de 2010, cuando Estados Unidos tenía 180 mil hombres en Irak y en Afganistán, unas nueve veces el número movilizado actualmente”.

La enormidad de los números ha sido cuestionada hasta por defensores del establishment, como el celebrado periodista y presentador Fareed Zakaria, quien, en un artículo publicado en el Washington Post del 18 de julio, calificó de “canceroso” el consenso bipartidista que aprobó el presupuesto. Para él, “el presupuesto de defensa de Estados Unidos está fuera de control, le falta coherencia estratégica, está enormemente mal administrado, ruinosamente derrochador y, aun así, en expansión eterna.”

En sus palabras:

“Estados Unidos, es cierto, enfrenta un mundo en flujo, pero, seguramente, no más peligroso que durante la Guerra fría. Estados Unidos gasta hoy más que los diez países siguientes juntos, seis de los cuales son aliados cercanos -Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón, Arabia Saudita y Corea del Sur. Y las amenazas reales del futuro -guerra cibernética, ataques espaciales- requieren estrategias y gastos diferentes. Pero Washington continúa gastando miles de millones en portaaviones y tanques.

“(…) Cuando fue secretario de Defensa, a principios de los 2000, Donald H. Rumsfeld trató de forzar alguna coherencia en el departamento (un legado ampliamente prejuiciado por su desastroso manejo de la Guerra de Irak), pero fue largamente subyugado por el Pentágono y por el Congreso. “Usted quiere cerrar bases innecesarias,” dijo a Rumsfeld el diputado Bob Simmons (Republicano-Connecticut). “Yo sólo tengo una base y necesito de ella.” Multipliquen esta respuesta por 535 integrantes del Congreso para entender la profundidad del problema”.

Lo cierto es que la cuenta de Zakaria es imprecisa: los gastos militares de Estados Unidos no son superiores tan solo a los de los diez países siguientes, sino a los de todos los países del mundo sumados. El truco se explica porque el presupuesto de defensa “oficial” no incluye los gastos de los servicios de espionaje, la voluminosa atención de los veteranos de guerra y otros renglones ubicados en otros departamentos gubernamentales. A partir de ahí se comienza a entender por qué el estado de guerra permanente es un gran negocio para los pirómanos de Washington.

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