Trump, una ruptura civilizacional

El reciente anuncio del presidente Donald Trump de retirar unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán (JCPOA, por sus siglas en inglés) desencadenó ondas de choque por toda Europa y el Medio Oriente. En Europa, la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Federica Mogherini, rechazaron al unísono la agresiva actitud estadounidense, abiertamente dirigida contra intereses estratégicos y comerciales europeos. Los días siguientes, inclusive, tanto Trump como el consejero de Seguridad nacional, John Bolton, y el secretario de Estado, Mike Pompeo, amenazaron con aplicar sanciones a las empresas europeas que insisten en evitar las sanciones que se aplicarán a Irán.

En Alemania, rompiendo el protocolo diplomático, el recién ratificado embajador estadounidense Richard Grenell uso su cuenta en Twitter para amenazar al gobierno y a las empresas alemanes en caso de que mantengan sus negocios con Irán. Con el mismo tono agresivo, Trump embistió contra el proyecto ruso-alemán de duplicación del gasoducto Nord Stream 2, para amenazar a las empresas rusas, alemanas y de otros países europeos que participan en la empresa en caso de que este no se interrumpiese. El resultado de esos ataques provocó una gran crisis en la comunidad transatlántica.

A pesar de la retórica de los gobiernos europeos, de que siguen compartiendo los valores transatlánticos, el acto unilateral de Estados Unidos representa una gran ruptura de los valores “civilizacionales occidentales” y universales, como escribió el periodista Daniel Deckers en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), donde comentó la comparación de inmigrantes con “animales” hecha por Trump. Todos sus actos recientes indican que los Estados Unidos se empecinan en seguir sus propios intereses comerciales en detrimento de Europa.

El presidente que compara a inmigrantes con animales, humilla a líderes europeos como Merkel, ha recurrido a un lenguaje vulgar y a los chantajes, es coherente con la tradición que moldeó su personalidad en la década de 1970, a partir de su “mentor,” el infame abogado de la mafia Roy Cohn”. La máscara finalmente cayó y la cuestión abierta es si los europeos tendrán la firmeza y la resistencia necesarias para mantener el curso político recién formulado o si, como muchos comentarios de la prensa ya comenzaron a sugerir, se someterán a esa “ruptura civilizacional.”

El choque de valores emergentes se expresa, por un lado, con la ruptura con la tradición de los “valores universales” que han sido una característica esencial de la cultura europea, moldeada en el espíritu de Carlo Magno, en el siglo VIII, y, por el otro, está en contraste con un ideal puramente egoísta que concibe el poder en términos de “Estados Unidos en primer lugar” y del “poder del más fuerte,” conceptos explicados en las últimas intervenciones de Washington. Lo que está en juego quedó límpidamente claro durante la ceremonia de Aquisgrán del 11 de mayo, en la entrega del Premio Carlo Magno al presidente Macron (Aquisgrán fue convertida por el emperador en un centro de atracción de eruditos y de traductores que puso en marcha un impulso científico y cultural que extendió por toda Europa).

Merkel recordó, en su discurso, que este año se conmemora el centésimo aniversario del fin de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y que tanto en ella como en la subsecuente Segunda Guerra Mundial (1939-1945), decenas de millones de jóvenes murieron en las trincheras, todos siendo arrastrados y, finalmente, acabados en el abismo. Bajo este prisma, los Padres fundadores que pusieron las bases para la unificación europea se comprometieron en la enorme tarea de devolver al continente su alma humanista. La canciller calificó a Macron de “político joven y dinámico, que tiene la capacidad de crear entusiasmo en los jóvenes,” un hombre que piensa que cabe a la generación joven usar su inspiración para una nueva forma de Europa y asumir la responsabilidad histórica de reconstruir el continente y defender los valores europeos que se fundan en la “dignidad del hombre” -es decir, la esencia de la identidad europea.

Macron, dijo Merkel, “Sabe dónde y cómo Europa debe de desarrollarse más y él trae su capacidad de crear entusiasmo por Europa. Sabe que sólo una Francia consciente de sí misma puede dar un nuevo impulso a la idea europea. Él reactiva las raíces espirituales, filosóficas y culturales de su patria.” Según ella, Macron recalca la importancia de la cohesión cultural histórica de Europa, desarrollada a lo largo de siglos, para bien y para mal. Y resaltó, en particular, la “identidad cultural de Europa, la filosofía, la literatura, los idiomas, la música, la pintura y la arquitectura” -tesoros que, durante siglos, fueron intercambiados por intelectuales y científicos y promovieron una ventajosa fertilización cruzada en todo el continente.

La canciller destacó el término “soberanía europea,” usado por Macron, y observó que compartía su opinión de que Europa necesita un nuevo impulso fundado en “amplia estrategia de innovación y de inversiones,” para lo que puso el ejemplo de la fundación de cinco universidades regionales localizadas en el estado federal alemán de Baden-Württemberg y en la región francesa del Gran Este (la antigua Alsacia-Champagne-Ardenas-Lorena).

Como parte de una estrategia común, Merkel subrayó la necesidad de una política europea común de migración y asilo, con una nueva política para África, la profundización de la economía y de la unión monetaria y bancaria y una política exterior y de seguridad común con las que el continente se exprese con una sola voz. Como ejemplo mencionó la participación de Alemania y de Francia en el esfuerzo para resolver el conflicto de Ucrania (junto con Rusia, el formato de Normandía). Sobre el acuerdo con Irán, recalcó fuertemente que la situación “es muy complicada. La escalada… muestra que estamos lidiando con una cuestión de guerra o de paz. Yo sólo puedo pedir a los participantes que muestren moderación”.

Soberanía y defensa del “multilateralismo internacional”

Macron, a su vez, delineó cuatro principios “indispensables” para la construcción de una nueva Europa. En una alusión a la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo con Irán y su amenaza de sancionar a los intereses comerciales europeos, afirmó:

“Europa no es débil y no se somete. ¿Queremos someternos? ¿Aceptamos las reglas del otro o de la tiranía de los acontecimientos o tomamos la decisión de decidir por nosotros mismos sobre la soberanía europea? ¿Quién va a decidir sobre nuestras empresas? ¿Gobiernos extranjeros que organizan de acuerdo con sus reglas? ¿Quién debe decidir sobre los intereses comerciales de Europa? ¿Aquellos que nos amenazan? ¿Aquellos que nos desafían y que explican que las reglas internacionales que ayudaron a establecer ya no significan nada, porque no les son ventajosas?”

Dadas las grandes dificultades geopolíticas que enfrenta Europa, el presidente francés resaltó que tanto él como Merkel y la Premier británica, Theresa May, están en sintonía en cuanto a “construir la paz y la estabilidad en Medio Oriente.” Al mismo tiempo, pidió una “política europea ambiciosa para África.”

Resaltó que, ante la tentación del nacionalismo radical y el intento de dividir Europa, la “unidad europea” es la única solución para el futuro. Hizo un llamado para que se dejen de lado los prejuicios que se pueden oír en Francia y en Alemania contra sus respectivos vecinos. Mientras que en Alemania se afirma que Francia sólo quiere vivir a costa de Alemania y de Europa, en Francia hay personas que afirman que Alemania quiere usar a Francia para su beneficio propio. “La unidad entre Francia y Alemania es la condición para traer la unidad a Europa,” afirmó.

De acuerdo con Macron, Europa es más que un bloque que funciona de acuerdo con reglas y que, en el pasado, fue moldeado por diferentes imperios sucesivos y sus respectivas hegemonías. Hoy y en el futuro, afirmó, la llave para la reconstrucción de Europa es la “solidaridad” (este término fuertemente resaltado en un reciente documento del Vaticano, “Consideraciones para el discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico financiero,” publicado el 17 de mayo por la Congregación de la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Promoción del Progreso Humano Integral).

Sobre la migración y las finanzas, hizo un llamado a la “solidaridad” particular que los países europeos deberían expresar, dado que en Europa hay países con una tasa de desempleo de jóvenes de 30-50 por ciento. Reiteró que piensa que es preciso un presupuesto europeo más ambicioso, una Europa social más coherente y una zona euro fuerte, que permita más inversiones y más convergencia para todos los estados.

El presidente francés convocó a la defensa de la Europa “civil” -la Europa con sus cafés, sus debates, sus universidades y su diálogo de ideas. “Creo en la fuerza de una confrontación de ideas. Es por ello que creo en la voluntad de la inteligencia, la voluntad de la cultura,” dijo. Lo que se necesita por encima de todo es la inteligencia y la gran cultura” en Europa, con lo que sugería que se debería luchar por una “Academia Europea de cultura, por universidades europeas, por traducciones, por la circulación y por el intercambio de obras de arte y por debates intelectuales en toda Europa.” Para él, estas ideas son esenciales para las sociedades y para la juventud, ya que Europa “no teme al intercambio de ideas” y demuestra una capacidad específica de “buscar diálogo sobre el universal y mediar el universal.”

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