La Nueva Ruta de la Seda, llamada ahora también Iniciativa Cinturón y Ruta (BRI, siglas en inglés), objeto de una gran conferencia realizada recientemente en Pekín, tendrá un gran impacto sobre las estrategias de las potencias mundiales y todos los países del mundo, en general. Lo que implica que ningún gobierno podrá ignorar sus implicaciones geopolíticas y geoeconómicas. No fue casualidad que el evento congregara a representantes de más de 120 países, con la presencia de 29 jefes de Estado y de gobierno, incluyendo al primer ministro italiano Paolo Gentiloni.
En efecto el gran proyecto podría convertirse en un puente de desarrollo entre continentes, por intermedio de sus redes de infraestructura carretera, ferroviaria, marítima y de telemática. Será una nueva forma de globalización, pero esta vez, no subordinada a las leyes de las finanzas globales.
Al presentar el “proyecto del siglo”, el presidente chino Xi Jinping hizo un llamado en pro de la cooperación productiva internacional, ya que, observó: “las industrias son la base de la economía”. Una mayor cooperación internacional significa mejorar la gobernanza global, enfatizó. Muy consciente del papel de los bancos y del crédito, el líder chino dijo que “el financiamiento es la fuerza vital de la economía moderna. Se necesitan de fuentes de financiamiento estables e inclusivas, nuevos modelos de negocios y financiamiento diversificado y una fuerte cooperación entre gobiernos y el capital privado”. El gobierno chino ya se comprometió con más de 110 mil millones de dólares para el financiamiento de proyectos del BRI.
Aunque reconociendo que los objetivos no son fáciles de ser alcanzados, el presidente Vladimir Putin confirmó el apoyo de Rusia a la iniciativa. Según dijo: “tal propuesta, es muy necesaria y grandemente deseable, y sigue la tendencia del desarrollo moderno. Por eso, Rusia no solamente apoya la BRI, sino que pretende participar activamente de ella, en conjunto con socios chinos y de otros países interesados”. Hasta el momento, se prevén inversiones superiores a un billón de dólares en 900 proyectos.
Desgraciadamente, hasta ahora, Occidente se muestra miope ante el BRI, confirmada por la decisión de EUA, Reino Unido, Francia y Alemania, de enviar a Pekín solamente representantes de segundo nivel. Igualmente India estuvo ausente del evento, debido a la participación de Pakistán y las temidas implicaciones geopolíticas del planeado corredor China-Pakistán.
En líneas generales, la Nueva ruta de la Seda es una vasta y compleja red de infraestructura, con carreteras, ferrovías de alta velocidad, oleoductos y gasoductos, puertos, redes de fibra óptica y telecomunicaciones. Su objetivo es conectar a China con seis regiones. Rusia, Asia Central, Oriente Medio, Cáucaso, Europa Oriental y Europa Occidental, ramificándose hacia Venecia, Rotterdam, Duisburg y Berlín. Además de estos, otros corredores interconectan el Sur de Asia –China-Burma-Bangladesh-India y China-Afganistán-Pakistán-Irán.
Por esto, la BRI es una iniciativa fundamental para el desarrollo y crucial para la paz mundial. Vale resaltar que, desde su anuncio, en 2013, China ya invirtió más de 50 mil millones de dólares, con recursos provenientes del banco de China (su banco central) y del nuevo Banco Asiático de Inversiones e Infraestructura (AIIB).
Es importante notar que, con el BRI, China pretende involucrar a todos los miembros de la Unión Europea (UE), incluso hasta el país más pequeño de Europa Central y Oriental y, en particular, a los del Mediterráneo. Con la UE, en 2016, ya se desarrollaron 50 proyectos en diferentes sectores. Desde 2011, comenzó a operar el transporte ferroviario de mercancías entre Europa y China; hasta ahora, ¡más de 3 600 trenes interconectan 27 ciudades chinas y 28 ciudades con 11 países europeos! Para Italia, la BRI abre grandes oportunidades en todas las áreas, comenzando con la industria, turismo y cultura.
Vale observar que, desde 2015, el Canal de Suez fue duplicado, inclusive, con inversión china. Esto hace del Mediterráneo una terminal natural estratégica. Por tanto, será necesario modernizar rápidamente las redes portuarias y ferroviarias italianas, especialmente, en el Sur. ES oportuno recordar que los puertos de Génova, Venecia y Trieste ya “llegan” directamente al centro de Europa, en mejores condiciones que los del Pireo ateniense o de cualquier otro puerto del Mediterráneo. Por eso, es necesario actuar ágilmente, pensando en un período de 30-50 años.

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