Las responsabilidades a escala mundial de Alemania, y en especial el papel de sus fuerzas armadas, fueron el tema del reciente seminario realizado en Hessen, organizado por la Deutscher Bundeswehrband (DB), la asociación militar de las Fuerzas Armadas, y por la Fundación Karl Theodor-Molinari, en el cual esta autora estuvo presente.
La conferencia presentó los temas que discuten círculos militares y políticos alemanes. No obstante, ninguno de los especialistas fue capaz de señalar soluciones concretas para que el país pueda responder a las nuevas dificultades geopolíticas que se enfrentan en Ucrania y Siria.
Uno de los demás discutidos fue el reciente encarcelamiento de un oficial de 28 años identificado como Franco E., supuestamente vinculado a un grupo neonazi que estaría planeando un acto terrorista en el país. Según la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, el detenido tenía doble identidad. Franco, destacado en un batallón franco-alemán estacionado en Alsacia, habría llamado la atención de las autoridades luego de la defensa de su disertación de maestría en la Escuela Militar de Saint Cyr, en la que profirió ideas de cuño racista y favorables al nazismo. Lo más inusitado es que se registró también con las autoridades alemanas en 2015 como refugiado sirio cristiano. Según los noticieros, la policía habría encontrado en su residencia una gran cantidad de municiones, lo que indica que estaría tramando algún atentado.
El episodio, junto con el descubrimiento de materiales de propaganda y suvenires de la época nazi en cuarteles de Baviera y de Baja Sajonia, puso a la ministra a la defensiva. Lamentó profundamente sus declaraciones luego de la detención de Franco A., cuando dijo que las Fuerzas Armadas sufrían de una “crisis de liderato y de actitud” y anunció medidas para investigar a fondo tales casos. Luego de un seminario realizado en Koblenz sobre “El liderato interno de las Fuerzas Armadas alemanas,” la ministra afirmó que el país necesita de vigilancia y de liderato y cuestionó a los jefes militares presentes sobre los problemas que han impedido a los militares tener un papel más destacado en el debate sobre la seguridad nacional. Destacó en esa ocasión el trabajo de miles de soldados alemanes que han servido en Afganistán, Mali, Siria e Irak, además de otros escenarios de conflictos.
En el seminario de Hessen, von der Leyen recordó la participación alemana en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2014, en especial la de ella misma y la del entonces presidente Joachim Gauck y la de su actual sucesor, Frank-Walter Steinmeier. En esa ocasión, dijo. Hubo un amplio consenso de que Alemania, dada su relevancia política y económica, debería hacer una mayor contribución a la paz mundial. Según ella, luego de la anexión rusa de Crimea, “se inició una guerra híbrida, que continúa hasta el momento.”
Von der Leyen recordó que, luego de que el Estado Islámico (EI) conquistó la ciudad iraquí de Mossul, ella comenzó a defender “la modernización de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) para enfrentar al Daesh” (nombre árabe del EI). Sin embargo, comentó que, en vista de la historia alemana, es evidente que el país no llevará sus tropas en esos escenarios de conflicto “de forma unilateral.” La ministra dejó claro que cualquier intervención militar alemana en el exterior solamente será realizada si fuese bajo el paraguas de Naciones Unidas, de la OTAN o de la Unión Europea (UE).
Por su parte, el presidente de la DB, André Wüstner, presentó un cuadro preocupante del debate prevaleciente en los círculos militares alemanes. En referencia a las declaraciones de la ministra, destacó que es necesario examinar los recientes equívocos de la conducta del Ejército (Bundeswehr).
Wüstner manifestó el verdadero problema del Bundeswehr. “La ‘reorientación’ de las Fuerzas Armadas Alemanas es difícil,” dijo. El especialista en seguridad lamentó que el día de hoy haya “reflejos políticos” en demasía en el campo militar. Hasta los años noventas, el principal foco del Ejército alemán era la defensa del territorio. Las turbulencias geopolíticas de aquella década, luego de la caída del Muro de Berlín, produjeron cambios sustanciales en Alemania y en el mundo. Con esto, afirmó, “se hizo cada vez más importante la gestión de los asuntos internacionales, como el envío de tropas al exterior,” a regiones como los Balcanes y el continente africano.
A la luz de los cambios políticos ocurridos en el actual periodo legislativo de Alemania (cuando se iniciaron los conflictos de Ucrania y de Siria, la Primavera árabe, el Brexit y la elección de Donald Trump en Estados Unidos), Wüstner destacó que la “arquitectura de seguridad es frágil.” A causa de la política de austeridad, que se puso en práctica en los últimos años, Wüstner pidió un cambio en el “concepto de liderato y de estrategia básica.” Observó que en los últimos años hubo un aumento en el empleo de fuerzas alemanas en el exterior, lo que representa un gran desafío para los militares y para sus familias.
Las consideraciones de Wüstner se pueden evaluar en el marco de varios comentarios recientes publicados en la prensa. Un ejemplo es el artículo de Reinhard Müller, en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ, 17/05/2017), en el que afirmó que la ministra “Ursula von der Leyen (…) tiene que entender que cuando ella reclama falta de liderato interno (en las Fuerzas Armadas), esto se volverá contra ella.”
En otro artículo en el mismo periódico, el periodista Marco Seliger destacó que hay un rompimiento en la relación entre muchos oficiales alemanes y la ministra: “Cuando Ursula asumió el mando de las Fuerzas Armadas en 2013, ella comenzó trabajando duro. Tres años y medio después, los resultados son decepcionantes.” A diferencia de todos sus antecesores, von der Leyen se indispuso con sus subordinados en poco tiempo. Muchos militares entrevistados por el FAZ manifestaron su frustración con los cambios efectuados en los últimos años.
¿Un mundo en desorden permanente?
En el foro de Hessen se debatieron las características del orden mundial actual, que algunos rotularon de “nuevo desorden mundial.” Carlo Masala, profesor de Política Internacional de la Universidad de Múnich, destacó que somos testigos del comienzo de un orden multipolar, que muchas veces se ha considerado como el “orden post occidental y cuyo futuro sería marcado por el caos y por el “desorden mundial.” Él ve el establecimiento de una nueva realidad mundial, que confunde órdenes regionales, bipolares y multipolares, y recalcó que nadie conoce con seguridad los “principios” de ese nuevo equilibrio de poder. “En el futuro estaremos lidiando con grandes potencias. (…) Intentamos occidentalizar al mundo y fracasamos.”
Al hablar sobre los “principios normativos” sobre los cuales el futuro del orden mundial se debe fundar, el Dr. Josef Braml, de la Sociedad Alemana para las Relaciones Internacionales (DGAP), destacó que hay una discrepancia: Estados Unidos no deberán ser “un hegemón inteligente,” sino que,“cada vez más, irán a buscar sus propios intereses.” Al mismo tiempo, destacó que la democracia estadounidense está sometida a una fuerte tensión. El problema, según él, es que Occidente está en crisis en relación consigo mismo, como resultó claro en la pose del presidente estadounidense, Donald Trump. Al mismo tiempo, Braml señaló la paradoja del presidente chino, Xi Jiping, al haber defendido en un discurso pronunciado en el Foro Económico Mundial de Davos la preservación del actual orden económico liberal, contra Estados Unidos.
Para Braml, vivimos en una época de “desorden mundial” y Estados Unidos no desea ser el “guardia del orden liberal mundial.” El especialista no excluyo un potencial enfrentamiento entre Estados Unidos y China en el futuro. Destacó también que el gobierno chino quiere convencer al mundo de que es un “buen hegemón,” por medio de iniciativas como el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB), proyecto que contó con el respaldo de los europeos, pero que ha sido blanco de intensa oposición por parte de Washington.
El panel de Hessen reveló la falta de un debate estratégico profundo en Alemania. Lo más sorprendente fue que ninguno de los especialistas presentes en la conferencia presentó respuestas para los principales conflicto internacionales de nuestro tiempo, ni supieron señalar un camino para que Alemania pueda asumir una mayor responsabilidad mundial.

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