La burbuja de títulos corporativos es una seria amenaza al sistema económico y financiero global. Tal vez, sea peor que la de las notorias hipotecas inmobiliarias subprime, que desataron la crisis de 2008, una vez que se sobrepasó en mucho la cantidad de 30 billones de dólares.
Pero el número más preocupante es que, en el sector corporativo, la tasa de deuda/ingreso, el famoso apalancamiento, es la más alta de los últimos 12 años.
En Italia, la masa de obligaciones corporativas llega a 1.2 billones de euros, el doble del nivel de 2007. En Europa, el país pierde solamente con Alemania, que tiene una economía más fuerte.
Estas obligaciones, como se sabe, son títulos emitidos por las empresas para buscar el financiamiento necesario para la modernización y/o ampliación de sus equipos e instalaciones, y para ampliar su operación en los mercados. El recuso al mercado de capitales es, por tanto, un recurso positivo e importantes, si las operaciones fueran hechas con los debidos cuidados. Desgraciadamente, como en muchas otras situaciones económicas y financieras, los abusos y la falta de cuidados pueden llevar al desastre.
Durante el año pasado, las grandes empresas de todo el mundo aumentaron su deuda corporativa en 3.7 billones de dólares, un nuevo record. Un aumento semejante ocurrió en 2006 en la víspera de la gran crisis global. Ahora, nadie puede ignorar el hecho de que, recientemente, el periódico económico alemán Handelsblatt alertó al gobierno y a los inversionistas alemanes del riesgo de un estallido de esta nueva burbuja.
La púa podría ser el esperado aumento gradual de las tasas de interés. En los EUA, la burbuja de títulos corporativos alcanzó los 14 billones de dólares, superando incluso al de hipotecas residenciales que es casi de 11 billones. Así, los EUA, podrían volver a ser el epicentro de la mayor y más grave crisis financiera global.
En el país, desde 2008, la suma de títulos corporativos creció en un 75%, tanto que hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) admitió que un aumento en las tasas de interés podría acrecentar el riesgo del colapso de una quinta parte de las corporaciones estadounidenses.
Por esto, incluso las agencias calificadoras admiten tal riesgo, especialmente para empresas de energía y de mercancías (“commodities”). En 2016, hubo 162 episodios de incumplimiento involucrando títulos corporativos, en una cantidad de 240 mil millones de dólares, más que el doble del nivel de 2015, de 110 mil millones.
De hecho, las políticas de “facilitación cuantitativa” (inyecciones vigorosas de liquidez) permiten a los bancos centrales comprar grandes cantidades de títulos de gobiernos, empujando a los bancos y otros inversionistas hacia el mercado de títulos corporativos. Esto, obviamente, fue bastante favorecido por las políticas de cero interés, que volvió poco atractivos los títulos del gobierno. Según el Handelsblatt, el gigante de seguros Allianz, por ejemplo, tenía en su portafolio cerca de 250 mil millones de dólares en esos títulos, gran parte con calificaciones mediocres.
Por otro lado, un estudio realizado por el Instituto de Finanzas Internacionales (IFI) en los EUA y en Europa, mostró que 97% de los recursos obtenidos por las empresas con el lanzamiento de títulos corporativos se utilizaron en operaciones de “ingeniería financiera”, y apenas el 3% se usó en la compra de maquinaria y equipo u otras inversiones reales a largo plazo.
Se trata de una flagrante distorsión de la finalidad, una opción por las “finanzas creativas”, que resultó principalmente en fusiones y adquisiciones, recompra de acciones e incluso pago de dividendos. Decisiones solamente tomadas para mejorar las calificaciones a corto plazo en las bolsas de valores. En el centro financiero, Wall Street, el índice Dow Jones subió de cerca de 12 000 puntos en 2010, hasta los actuales 21 000 –crecimiento absolutamente injustificado por el desempeño de la economía productiva real.
Igualmente, el estudio apuntó que a pesar del hecho de que las actuales estén actualmente abajo del 1% (anuales), cerca del 10% de las grandes empresas estadounidenses no consiguieron lograr ganancias suficientes para cubrir los costos de la deuda.
Ignorar todo esto implica dejar la economía y los Estados sujetos a nuevas y tal vez más dramáticas convulsiones sistémicas. Se espera que la reciente reunión de ministros de Hacienda del G-7 en Bari haya abordado seriamente esta cuestión, que ciertamente, no es secundaria para las políticas mayores de estímulo económico.

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