Maria Lucia Fatorelli fue auditora de la “Receita Federal” (el órgano equivalente en México es el Sistema de Administración Tributaria- SAT). En la actualidad es coordinadora de la organización no gubernamental Auditoría Ciudadana de la Deuda. En la entrevista con el sitio Carta Maior (29/03/2017) cuyos extractos publicamos enseguida, expone la bancarrota financiera de Brasil; debacle que comparten las otras grandes naciones de Iberoamérica, por tener el mismo origen.
CM: Podría comenzar por explicarnos ¿qué es la deuda pública, cómo se formó y cómo ella se desdobla en deuda externa y en deuda interna, y cómo fue el trabajo de Auditoría Ciudadana de la Deuda en el descubrimiento de este problema?
MLF: En teoría, la deuda pública abarca préstamos contraídos por el Estado junto a las instituciones financieras o privadas en el mercado financiero interno o externo, así como junto a empresas, organismos nacionales e internacionales, personas u otros gobiernos. Puede ser interna o deuda externa, de acuerdo con la localización de sus acreedores y con la moneda involucrada en las operaciones.
El origen oficial de la deuda pública serían recursos, préstamos, recibidos por el Estado brasileño. No obstante, en la práctica, la Auditoría Ciudadana de la Deuda ha detectado la generación de deuda pública por medio de mecanismos meramente financieros que no significan el ingreso de ningún recurso.
El ciclo actual del endeudamiento brasileño tuvo inicio en la década de 1970, en la modalidad de deuda externa, y, a partir del Plan Real, ocurrió la explosión de la deuda interna. El fuerte crecimiento de la deuda externa brasileña, a partir de 1971, parte del fin de la paridad dólar-oro en Estados Unidos, por iniciativa del Banco Central estadounidense (FED), que es privado y controlado por grandes bancos privados. Ese hecho hizo posible la impresión de grandes volúmenes de dólares que pasaron a ofrecerse por los bancos privados internacionales a diferentes países, entre ellos Brasil, a tasas de interés aparentemente bajas, aunque variables. Los bancos privados que tenían en sus manos la FED eran en gran parte los mismos acreedores de la deuda externa brasileña y de otros países que cayeron en la seducción de la oferta de créditos baratos vinculados a tasas fluctuantes.
A finales de la década de 1970, la FED elevó las tasas de interés, que llegaron a 20.5 por ciento a principios de la década de los ochenta, lo que provocó la llamada “crisis de la deuda” de 1982, utilizada como justificación para interferencia del FMI en asuntos internos del país. Así, desde 1983, cuando firmamos la primera Carta de intenciones con el FMI, este organismo ha sido uno de los grandes responsables del crecimiento de la deuda pública brasileña y de la sumisión al modelo económico que entorpece a nuestro país e impide nuestro desarrollo socioeconómico.
Varios hechos graves marcaron las sucesivas negociaciones de la deuda externa. Cabe resaltar los siguientes aspectos documentados durante la CPI (Comisión Parlamentar de Investigación) de la Deuda pública, concluida en 2010, en la Cámara de Diputados:
1) Los contratos disponibles comprobaron tan sólo una parte que no llega ni al 20 por ciento del inventario de la deuda externa con bancos privados internacionales en los años setentas;
2) A partir de 1983, las deudas del sector privado (nacional e internacional instalado en el país) fueron transferidas al Banco Central de Brasil mediante contratos firmados en Nueva York y regidos por leyes de NY, en completa afronta a la soberanía;
3) En 1992, hay fuertes sospechas de prescripción de la deuda externa con bancos privados internacionales, que correspondía a casi 90 por ciento de toda la deuda externa brasileña;
4) En 1994 esa deuda de la que se sospechaba su prescripción fue cambiada por títulos, en el llamado Plan Brady, en Luxemburgo, conocido paraíso fiscal;
5) A partir de ahí, esos títulos fueron cambiados por deuda interna (¡a intereses que llegaba a 49 por ciento al año!) o utilizados como moneda para comprar empresas privatizadas a partir de 1996.
La explosión de los deuda interna se dio a partir del Plan Real y viene creciendo aceleradamente principalmente debido a la política monetaria ejercida por el Banco Central: elevadísimas tasa de interés (que no sirven para controlar el tipo de inflación que existe en Brasil); operaciones de lavado de moneda con harta remuneración para los bancos por esos; la contabilización de los intereses como si fuese amortización, entre otros que generan centenas de miles de millones de reales de “deuda pública,” ¡sin ninguna contrapartida!
Queda claro, por lo tanto, que la deuda pública, históricamente, no ha funcionado como instrumento de financiamiento del Estado, sino como un engranaje que promueve la transferencia continua de recursos públicos al sector financiero privado nacional e internacional. El privilegio del gasto con la deuda es revelado en la ejecución presupuestaria federal. El año pasado, casi 44 por ciento del presupuesto general de la Unión ejecutado se destinó al pago de intereses y a amortizaciones de la deuda.
Además de absorber casi la mitad del presupuesto federal y buena parte de los presupuestos estatales y municipales, la llamada deuda pública ha sido justificación para continuas contrarreformas, como la de la Previdencia (Seguridad Social); privatizaciones, además de otras medidas de ajuste fiscal. Por todo esto, la Auditoría Ciudadana de la Deuda insiste en la reivindicación de una completa auditoría de esa deuda, ni siquiera sabemos a quién debemos, ya que el nombre de los poseedores de los títulos de la deuda pública brasileña es, por increíble que parezca, ¡¡¡información sigilosa!!!
CM: Brasil pasa actualmente por un periodo de reformas del Estado. ¿Qué tiene que ver la deuda pública con eso?
MLF: La crisis actual es una crisis totalmente innecesaria, fabricada principalmente por la política monetaria suicida practicada por el Banco Central, que, además de crear el escenario de escasez de recursos, lo que impide la realización de inversiones generadoras de empleo u de renta, genera gastos elevadísimos que sobrecargan en presupuesto público y crea todavía más deuda pública.
Con el argumento de “controlar la inflación,” el Banco Central de Brasil ha aplicado una política monetaria fundada en dos pilares: (1) adopción de intereses elevados y (2) reducción de la base monetaria, es decir, del volumen de moneda en circulación. En la práctica, tales instrumentos han demostrado ser un completo fracaso.
Además de no controlar la inflación, los intereses elevados han afectado negativamente no sólo a la economía pública –provocando el crecimiento exponencial de la deuda pública, que exige crecientes cortes en inversiones esenciales-, sino afectando también negativamente a la industria, al comercio y a la generación de empleos.
A su vez, la reducción de la base monetaria utiliza mecanismos que concentran más de un billón de reales de los bancos, con lo que se instituye un escenario de profunda escasez de recursos, lo que excita la elevación de las tasas de interés y empuja al país a esa profunda crisis socioeconómica.
A esto se agrega que el Banco Central remunera a los bancos por ese volumen brutal de recursos, gravando pesadamente el presupuesto federal.
Según el famoso economista francés Thomas Oiketty, sería un suicidio dejar de utilizar en momentos de crisis el instrumento de la emisión de moneda y la práctica de los intereses bajos. En Brasil, el Banco Central ha hecho lo contrario y, además, alimenta el mercado: operaciones de swap cambiarias que han generado centenas de miles de millones de reales en pérdidas que son pagados ¡a costa de la emisión de más títulos de deuda pública!
CM: Y aumenta enormemente el mercado privado de la Seguridad social.
MLF: Si, es cierto, a cada vez que el gobierno se expresa con el falaz discurso de “déficit,” presta un servicio al mercado financiero, pues muchas personas acaban siendo empujadas a adquirir planes privados de seguridad social, lo que genera un gran volumen de negocios para el sector financiero.
CM: Parece que, de un tiempo para acá, la especulación financiera, las ganancias exorbitantes ganadas con un “dinero” que no tiene lastre palpable, se hicieron hegemónicos, y la economía real quedó a un lado. ¿Qué papel desempeñaría la deuda en esta situación?
MLF: El modelo capitalista actual entró en una fase de financierización cada día más profunda. El sector financiero domina al poder político en la mayoría de los países, dejando en la banca campañas electorales; y domina no sólo el mismo mercado financiero, pues detenta la propiedad de empresas estratégicas, adquiridas en las cuestionables privatizaciones de todo el mundo.
Un importante estudio académico realizado en 2011, “La red de control corporativo global,” reveló la impresionante concentración de poder y de propiedad de parte relevante de la economía mundial en manos de un reducido grupo de instituciones bancarias. La investigación partió de la muestra compuesta por los 43 000 negocios más grandes del mundo y descubrió la existencia de más de un millón de vínculos de propiedades entre ellos. Reveló que 40 por ciento del control de aquellos 43 000 negocios está concentrado en, tan sólo 147 instituciones propietarias, que conforman un núcleo altamente conectado entre sí. La mayoría de ese núcleo -75 por ciento- son entidades financieras, y la propiedad de esas 147 instituciones está en manos de poco más de 50 grandes bancos, que poseen el control del núcleo.
La deuda pública ha sido uno de los principales alimentos de ese capitalismo financierizado. Por ello, el endeudamiento es un problema presente en casi todos los países.
En Brasil, las estadísticas del mismo Banco Central demuestran que en 2015, a pesar de la desindustrialización, de la caída del comercio, del desempleo y de la retracción del PIB en casi 40 por ciento, las ganancias de los bancos alcanzaron la cifra de los 96 mil millones de reales, 20 por ciento superior al de 2014.

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