A continuación reproducimos una síntesis de un análisis publicado en el sitio brasileño DefesaNet, publicado originalmente el 24 de febrero, que alerta ante la grave situación de seguridad por la que atraviesa el país. Diversos acontecimientos que arreciaron a partir de finales del año pasado, en las medias y grandes ciudades, y en la región amazónica, evidenciaron tal fragilidad. El análisis, apoyado en puntos de vista e información de varios especialistas que laboran en los organismos de seguridad y de inteligencia del Estado, se refiere ampliamente a dos eventos: la secuencia de rebeliones en los presidios, desatadas y controladas por los carteles criminales, y la huelga realizada por la Policía Militar en el estado de Espíritu Santo, cuyo resultado fue una ola de violencia en todo el estado, saqueos al comercio, asaltos masivos, etc.
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Los asesinatos en los presidios de los estados del Norte, Noreste y Sureste, y el caos en los estados de Espíritu Santo y Río de Janeiro, tienen puntos comunes y otros totalmente divergentes. Aunque todos estén alineados con la cuestión de la delincuencia organizada, en un Estado paralelo formado por, organismos criminales ligados al narcotráfico, policías estatales, y políticos. La revelación no llega a sorprender, pero es parte de las respuestas obtenidas por los servicios de información, que están al frente de las investigaciones sobre los recientes episodios del país.
DefesaNet consiguió con exclusividad declaraciones de agentes que estuvieron en las operaciones de desmantelamiento e identificación de pandillas criminales y de las razones de las operaciones. Para los investigadores de los servicios de información, la delincuencia organizada tomó cuenta de parte del país y está muy bien estructurada, inclusive bajo banderas políticas, como las de los partidos de izquierda. Según informaciones, las rebeliones en los presidios de Amazonas y parte de los conflictos en el Noreste están lejos de ser tan sólo una lucha por el control del tráfico de drogas, que involucra al PCC (Primer Comando de la Capital), al CV (Comando Vermelho- Comando Rojo) y la Familia del Norte. La situación se extiende del domino de los presidios hasta la apropiación de tierras, entre otras cuestiones de gravedad impar.
“Los noticieros hicieron de nuevo el juego de los marginales, simplificaron y redujeron el problema a una cuestión de bandas criminales que se disputaban puntos de tráfico de drogas. Eso raya en lo ridículo en términos de reduccionismo de un cuadro gravísimo, que estamos viviendo. Prácticamente de suspensión de los derechos civiles en varios lugares del país. Estoy hablando de cosas muy graves, de tráfico intenso de armamento por Acre, vía Bolivia y Venezuela, principalmente por Roraima, de oro y diamantes, que se están extrayendo dentro de las reservas indígenas por organizaciones de delincuentes y la búsqueda de establecer “franquicias” de la delincuencia organizada en otros países,” resaltó la fuente.
La cuestión amazónica comienza con el trazo de las rutas de tráfico, construcción de campos de aterrizaje en medio de la selva y por la adquisición de haciendas, tanto para la cría de ganado como para el lavado de dinero. Las organizaciones criminales, hoy, son dueñas, además de los cerros de Río de Janeiro, de las favelas del Espíritu Sano, de los megapresidios de São Paulo y de las periferias de capitales como Manaos, João Pessoa y Fortaleza.
“El dinero que mueven las pandillas es alto, algo espantoso, son empresarios de la delincuencia y conquistaron una red de colaboradores y de apoyadores inmensa. Los Súper Tucanos de la FAB (Fuerza Aérea Brasileña) han sido blanco de tiro de las armas antiaéreas”.
Lo que impresionó a los servicios de información es la enorme sofisticación de los delincuentes, que en poco tiempo consiguieron reunir condiciones para crear un ejército altamente preparado y equipado para actuar dentro de la selva amazónica. En varios casos, los militares y la Policía Federal tuvieron que escoltar a científicos brasileños y extranjeros que estaban realizando estudios en regiones ahora rendidas a las ‘empresas del crimen.’
“Hoy tienen campamentos en medio de la selva, que mueven con agilidad impresionantes, y que usan armamento antiaéreo ligero, o lo que se quiera imaginar en tecnología de suelo. Tan es así que ya derribaron uno de nuestros aviones y emplean tácticas militares. Tenemos un cuadro de guerra en la selva que al Ejército le cuesta trabajo repeler. Esos bandidos son entrenados por profesionales, nosotros encontramos indicios de que miembros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y del antiguo Sendero Luminoso (Perú) fueron contratados para perfeccionar las técnicas de combate. Aunque no descarto que haya indígenas y ex militares brasileños de las Brigadas de la Selva en medio de esa gente,” reveló la fuente.
La cuestión del Norte del país y parte del Noreste se resume a esos tópicos. Aunque esté distante físicamente, el conflicto de Espíritu Santo estalló cuando una parte de las actividades delictivas de la cuenca del Amazonas fue domada y sofocada. Según la información proporcionada, los actos del sureste del país fueron coordinados por personas con una visión estratégica aguzada y bien preparados, listos a desmovilizarse de una localidad y montar un nuevo escenario en otro lugar, para “fracturar” a las fuerzas tácticas.
“En Espíritu Santo hubo una negligencia tamaña, se demoró mucho para llamar al Ejército, la situación estaba totalmente fuera de las manos. Aquel acuartelamiento de los policías militares facilitó y estimuló la creación de un escenario de caos absoluto, de ausencia del Estado. Hubo organización de milicias pagadas por empresarios, de policías que salieron de los cuarteles para ajustar cuentas de deudas con delincuentes, de delincuentes asesinando a familiares de policías, aquello se convirtió en un verdadero infierno y los políticos siguieron insistiendo hasta el último minuto que tenían la situación en sus manos. Allí era necesario declarar el Estado de Sitio y disparar contra quien se pusiese en la mira. No había otra manera de obtener resultados,” reveló.
Cultura de la Muerte
“La muerte será nuestro instrumento de poder.”
(Frase atribuida al capo colombiano, Pablo Escobar, cuando entró en guerra total contra el gobierno colombiano al tratar de evitar su extradición a Estados Unidos.)
Por la cantidad de muertos en los recientes conflictos, la cita anterior encuentra veracidad. En las prisiones de Manaos fueron (56),en Roraima (33) y Rio Grande do Norte (26). Y en el estado de Espíritu Santo, al 23 de febrero de 2017, llegaron a 176.
Además, la complicidad entre políticos (de izquierda y de derecha), policías, milicias y pandillas dieron un espectáculo macabro. La participación de la prensa también ha sido observada, en especial los órganos que dan apoyo a partidos de izquierda y, en especial, el PPC.
Un punto que preocupa a los analistas es la creciente tendencia de la difusión negativa en la prensa de las acciones de las Fuerzas Armadas destinadas a garantizar la ley y el orden. El grupo Periodístico Folha y la Red de comunicación O Globo, con el afán de atacar al gobierno, se colocaron en posiciones críticas a las Fuerzas Armadas, Pero, en la práctica, sólo ampliaron y reforzaron los desmanes de las pandillas.

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