El Brasil en la era Trump

Darc Costa*

América del Sur es la mayor prioridad en las relaciones internacionales de Brasil. En la primera década de este milenio fue así. El rechazo al ALCA, la creación de la Unasur, la inserción de Venezuela en el Mercosur –la ideología pasa, pero Venezuela queda-, todo demostraba esta prioridad. Hoy, el proyecto de infraestructura física de la región nace muerto a falta de esta prioridad.

En los últimos años, los Estados Unidos relegaron a un segundo plano a la América del Sur. Con todo, esto puede cambiar. Los EUA, con su nueva administración, tienden a separarse de la agenda anterior, que buscaba escoger socios en la región, como Paraguay y Surinam, y tentativas de acuerdos multilaterales, como la asociación entre los países bañados por el Océano pacífico. Trump nos favorece, en la medida en que se opone a acuerdos multilaterales de libre comercio con esos países y pone a México, Colombia, Perú y Chile en grandes apuros en su diplomacia comercial.

Desde el cambio de siglo, China ha tenido una creciente importancia en los negocios de la región. Por conveniencia y por intereses de largo plazo de su proyecto nacional, observa a América del Sur como un espacio de expansión de su acción internacional. La penetración del capital chino se hace sentir hasta en sectores estratégicos, como la ingeniería brasileña. Esto puede llevar a que la articulación interna del espacio de la región observe una lógica china de disponibilidad de recursos naturales de América del Sur para sí. China también intentará defender el libre comercio y enredarnos en este proceso por nuestra presencia en los BRICS. Tenemos, por ahí, fichas para poner en la mesa.

Mirando hacia el futuro, la diplomacia brasileña debería aprovechar el resultado de las elecciones norteamericanas y posicionar al país en la región como un tercer interesado en la disputa que ocurrirá entre China y los EUA, por el dominio del comercio mundial.

Sería el momento de fomentar una reestructuración, tanto en la Alianza del Pacífico como en el Mercosur, fundiéndolos y dando inicio a un efectivo mercado común en América latina. Esta iniciativa podría resolver tanto la inoperancia sistémica del Mercosur como la pérdida del sentido de la Alianza del Pacífico y fortalecería en mucho, la presencia política y comercial del país en la región. Ir más allá del Mercosur, ir más allá de la Unasur, no sería una osadía, sino una respuesta a la llegada del tiempo del proteccionismo que Trump propone.

Como ya fue dicho, desde 2010 el país no actúa de forma coherente en América del Sur. Sin Brasil, los demás países de la región quedaron expuestos a las ambiciones globales. Pero solamente es posible ser coherentes si nuestra política en la región estuviera inscrita en las alternativas de desarrollo que ofrecemos a nuestros vecinos en el ámbito de nuestro propio proyecto nacional.

*Presidente de la Federación de Cámaras de Comercio e Industria de América del Sur. Artículo originalmente publicado en el periódico brasileño O Globo del siete de febrero pasado.

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