Menos de dos semanas después de su toma de posesión, con una sorprendente “Orden Ejecutiva sobre los Principios Fundamentales para la Regulación del Sistema Financiero de Estados Unidos”, el presidente Donald Trump suprimió la reforma de Wall Street y del mercado financiero estadounidense, conocida como Ley Dodd-Frank. Los grandes bancos, “demasiado grandes para quebrar” volverán, ahora, a funcionar como antes de la crisis global de 2008, sin restricciones, sin reglas y sin controles más rigurosos. La decisión podría tener peligrosas y devastadoras repercusiones en el ámbito económico y financiero internacional, especialmente, en Europa.
La Ley Dodd-Frank, iniciativa del presidente Barack Obama posterior a la quiebra del mega-banco Lehman Brothers, intentaba poner un freno a las transacciones financieras más arriesgadas. Entre las restricciones previstas, estaba la de mantener las operaciones especulativas dentro de un límite porcentual de las actividades bancarias. Igualmente, estaban previstos mayores controles para bancos con capital igual o superior a los 50 mil millones de dólares, considerados de “riesgo sistémico”. Aunque no fuera una ley perfecta, era una respuesta parcial a la crisis.
Como se esperaba, después de su aprobación, el sistema bancario de los EUA pasó a operar de forma sistemática y continua para neutralizarla.
Ahora, con un plumazo, Trump, que, anteriormente, la había definido como “un desastre que había perjudicado el espíritu emprendedor estadounidense”, ¡la revoca!
En un artículo que escribimos hace poco, cuando Trump nominó a Steve Mnuchin como secretario del Tesoro, afirmamos que la llegada del ex-banquero al gobierno podría significar una involución a favor de los mercados financieros.
Mnuchin fue un jefe de Goldman Sachs, uno de los bancos más agresivos del mundo financiero. Y no solamente él. La nueva administración incluyó a otros banqueros de grueso calibre: Gary Cohn, también ex-Goldman Sachs, como jefe de la Asesoría Económica de la Casa Blanca; Wilbur Ross, ex-jefe de la filial estadounidense del banco Rothschild, titular del Departamento de Comercio.
La decisión de Trump vino después de la primera reunión del llamado Fórum Estratégico y Político, su grupo de consejeros privados, que incluye a Cohn y Jamie Dimon, jefe del JP Morgan. Cohn ha dicho repetidamente que los bancos estadounidenses seguirán teniendo una posición dominante en los mercados financieros internacionales, “previendo que no nos excluyamos por medio de una sobrecarga de regulaciones”.
Al término de la reunión, Trump declaró que “no hay mejor persona que Jamie Dimon para hablarme sobre la Dodd-Frank y las reglas del sector bancario”, demostrando un entusiasmo verdaderamente digno de una mejor causa.
En otras palabras, por desgracia regresa la vieja cantaleta de que los mercados se auto-regulan mejor sin la interferencia de las directrices de los gobiernos.
En cuanto a esto, la orden ejecutiva determina que el secretario del Tesoro Mnuchin, ya aprobado por el Congreso, elabore en un plazo de cuatro meses un informe sobre una nueva regulación del sistema financiero. ¿Será ingenuo preguntar quienes serán los grandes beneficiaros de estas propuestas?
De forma simultánea, se firmó otro memorandum presidencial que suprime la regla según la cual los consultores financieros deben poner los intereses de sus clientes por encima de cualquier otra consideración. En la visión de Trump, debe reforzarse el principio de que los ciudadanos deben tomar libremente sus propias decisiones financieras. Esta no es una cuestión trivial. De hecho, siendo así, si un inversionista acepta la compra de un título de alto riesgo, incluso sin comprender realmente los términos de la transacción, no podrá reclamar más tarde por los eventuales daños ocasionados.
Por si las dudas, la prensa financiera de Wall Street elogió esas decisiones calificándolas como una valerosa opción del regreso a una desregulación acentuada.
Semejantes decisiones no pueden dejar de suscitar preocupaciones generalizadas a los que siguen pensando que la economía real debe ser central y protegida de los efectos de las actividades especulativas.
Por tanto, las declaraciones de campaña de Trump sobre una nueva Ley Glass-Steagall para la separación de las actividades bancarias suenan falsas o como meras promesas de campaña. Esperemos que el proyecto de ley para la reintroducción de la Ley Glass-Steagall, presentado en el Congreso por un grupo bipartidista poco antes de la emisión de la orden ejecutiva, se discuta y se apruebe.
Aunque es todavía pronto para hacer un juicio definitivo sobre la administración Trump, estas señales, definitivamente, no son positivas.

Português
Msia Informa
