Se le dio entrada a una iniciativa italiana par la reintegración de la Federación Rusa al G-8. Se trata de una iniciativa justa, oportuna que toma en cuenta los intereses de Italia.
Los presidentes del Consejo Italiano del Movimiento Europeo (CIME), del Instituto de Investigaciones Sociales Eurispes y del Instituto Italiano para Asia y el Mediterráneo (ISIAMED) mandaron una carta abierta al primer ministro Paolo Gentiloni, incitando a su gobierno a volverse el garante de una iniciativa para que el presidente Vladimir Putin sea invitado para participar en la cumbre del actual G-7 en Taormina, en mayo próximo, para “construir” puentes y una colaboración necesaria, verdadera y positiva para una cooperación efectiva entre los países integrantes del grupo.
Como se sabe, desde el pasado primero de enero, Italia detenta la presidencia del G-7, igualmente integrado por Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Los tres países de la Unión Européa (UE) están representados por la Comisión Europea.
En la cubre de Taormina, se presentarán nuevos líderes mundiales, como el presidente estadounidense Donald Trump, la primera-ministra británica Thresa May y el próximo presidente francés (que también podría ser una mujer, la dirigente del Frente Nacional, Marine LePen).
Nótese que Rusia fue integrante del G-8 entre 1998 y 2014, cuando fue excluida, en la estela de la crisis de Ucrania, decisión mantenida con el referendo de Crimea y las subsecuentes sanciones que le fueron impuestas.
A nuestro ver, la cumbe de Taormina podría ser una gran oportunidad para que Italia promueva la reapertura de un diálogo constructivo con Moscú, debido a la importancia de Rusia como socia para la resolución de numerosas cuestiones globales en especial, para la UE. De hecho, la solución de problemas de seguridad e inmigración y, evidentemente, la construcción de una nueva estructura global pacífica y multipolar, no puede soslayar la participación de Rusia.
Recordemos que 2016 terminó, por desgracia, con una masacre terrorista de ciudadanos desarmados, en el mercado de Navidad, en Berlín, y 2017 comenzó con el terrible atentado en el club nocturno de Estambul. Son acontecimientos que ponen en el centro de las política europeas e internacionales las cuestiones de seguridad, pacificación y resolución de conflictos regionales, que, para muchos, inclusive el Papa Francisco, configuran una tercera guerra mundial, aunque fragmentada.
Las principales instituciones internacionales, comenzando por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la UE, están llamadas a asumir una responsabilidad directa. Pero el G-20, G-7 y G-8 son órganos importantes de coordinación para el enfrentamiento de las causas de muchas tensiones relacionadas, sobre todo, al aumento de los retos económicos y geopolíticos, y para proporcionar indicaciones sobre las soluciones más adecuadas y compartidas.
Por tanto, consideramos un hecho positivo que el premier Gentiloni haya resaltado la necesidad de abandonar la lógica de la Guerra Fría, así como recientes declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores, Angelino Alfaro, que parecen concordantes con el retorno de Rusia al G-8
Esto, podría, inclusive, ayudar a la propia UE a recuperar un papel más incisivo en el contexto internacional. La cumbre de Taormina, ciudad de gran importancia histórica en el Mediterráneo, podría representar una real oportunidad para abrir nuevas perspectivas comunes de cooperación y crecimiento.
La exclusión de Rusia sería no solamente inadecuada e injustificada, sino daría también la impresión de una decisión negativa exclusivamente europea, teniendo en cuenta las recientes declaraciones del nuevo presidente de Estados Unidos sobre la necesidad de un entendimiento con Moscú.
Sin Rusia, para no mencionar a China e India, que nunca fueron parte del grupo, el G-7 corre el riesgo de ser visto en el mundo como un club de amigos en Occidente. Un club de países que, por su PIB, están realmente entre los líderes globales, pero con economías en estancamiento prolongado.
Es necesario tener en cuenta que las sanciones impuestas a Rusia penalizan exclusivamente a economía europeas, e Italia es el mayor perdedor en términos proporcionales. Nuestro país no puede dejar de aprovechar la oportunidad de Taormina para jugar un papel mayor y ganar más espacio en el escenario internacional, a partir del Mediterráneo y de la propia Europa.

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