El Sistema Bancario Internacional entra en aguas peligrosas

Frente a las crisis bancarias que han acosado a varios países de la zona del euro, la peor –y suicida- actitud que la Unión Europea (UE) puede tomar es tratarlas como meras cuestiones nacionales. Hoy, el problema parece ser Italia; mañana ¿quién sabe?

Una prueba de esto es el hecho de que las autoridades, comenzando por el Banco Central Europeo (BCE), los bancos centrales nacionales y la Comisión Europea, navegan a ciegas sin ninguna política clara. No se trata, efectivamente, de que se estanquen los efectos financieros y económicos de la gran crisis global, sino de preparar medidas que neutralicen la finanza de la especulación sin reglas y pongan en movimiento el desarrollo productivo.

Los grandes problemas del sistema bancario italiano tienen dos nombres: préstamos malos superiores a los 200 mil millones de euros y una seria responsabilidad de los administradores de los bancos y órganos de supervisión del Banco de Italia.

El primer problema, claro, se debe en gran parte a los efectos de la crisis global, que llevó a una acentuada reducción en la producción, comercio y consumo. Esto puso a muchos empresarios de rodillas, volviéndolos incapaces de mantener una regularidad de pagos y reembolsos de préstamos anteriormente contraídos.

Para el segundo problema, es necesario enfocar los reflectores sobre el Banco de Italia, en especial, a su Central de Riesgos. Como se sabe, los bancos y empresas financieras deben comunicar mensualmente al banco central los totales de préstamos a sus clientes, tanto de créditos superiores a 30 000 euros como de préstamos de dudoso recibo de cualquier valor. La tarea principal de Central de Riesgos y evaluar los créditos concedidos para reforzar la estabilidad del sistema bancario. Regístrese que desde 2010 el Banco de Italia intercambia información con otros bancos centrales europeos y con el BCE.

¿Cómo es posible, sin embargo, que, tanto en el ámbito nacional como en el europeo, se hayan concedido préstamos y otras transacciones financieras que, extrañamente, solo ahora se descubre que son de altísimo riesgo?

Sin embargo, en el sistema europeo existen muchas otras anomalías que merecen atención y acción correctiva. Hoy, por ejemplo, la Autoridad Bancaria Europea analiza críticamente los préstamos concedidos por los bancos, pero, al mismo tiempo, permite que ellos trabajen con un apalancamiento muy alto -3 euros de capital para cada 100 euros en préstamos. Igualmente, permite que ciertos activos financieros, como los llamados activos de tercera categoría, en gran parte derivados garantizados por activos (ABS, siglas en inglés) negociados y mantenidos fuera de mercado –y, por tanto, con valores altamente inciertos, sean contabilizados por los bancos de acuerdo con criterios internos muy convenientes para ellos.

Después de la crisis de 2008, debería ser evidente el hecho de que todo el sistema bancario internacional está profundamente interconectado y, por consiguiente, peligrosamente expuesto al contagio y las crisis sistémicas. Sin embargo, Bruselas, Frankfurt y, muchas veces, Berlín y París, favorecen, equivocadamente, un enfoque nacional sobre un enfoque europeo. De esta forma, aumentan los riesgos de una masacre.

Recuérdese también a la Oficina de Investigaciones Financieras (OFR), órgano del Departamento del Tesoro de los EUA, creado en 2010 por la ley de reforma financiera (la llamada Ley Dodd-Frank), con la tarea de estudiar los lados obscuros del sistema financiero para reducir los riesgos. En su último informe, de diciembre pasado, el OFR advierte que los bancos estadounidenses sistémicamente importantes están expuestos en más de 2 billones de dólares frente a Europa, de los cuales cerca de la mitad en derivados “de mostrador” (OTC).

Cuando Wall Street y los bancos de los EUA vende derivados, lo hacen para protegerse de eventuales incumplimientos; al contrario, cuando los compran, ofrecen coberturas a eventuales crisis de otros bancos- en este caso, los europeos.

Conscientes de las dificultades en Europa, los EUA sonaron la alarma. La OFR también lanzó otra embestida interna, en el sistema de Wall Street.

Según el órgano, hasta finales de 2015, incluso las aseguradoras de vida estadounidenses superaron 2 billones de dólares en derivados financieros, 60% de esta “montaña” subscrita por los nueve principales bancos estadounidenses y europeos –los “demasiado grandes para caer”: Goldman Sachs, Deutsche Bank, Bank of America, Citigroup, Crédit Suisse, Morgan Stanley, Barclays, JP Morgan Chase y Wells Fargo.

La alarma no debe ser subestimada, bastando recordar la gigante de los seguros AIG, que tuvo que ser rescatada con 182 mil millones de dólares de ¡dinero público!

De misma forma, este caso resalta la urgente necesidad de responder a la globalización de los mercados financieros y del sistema bancario con las reglas globales y compartidas.

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