Con la plena ocupación de Alepo por el Ejército Sirio, los acontecimientos se van precipitando rumbo a la configuración de un nuevo escenario estratégico en el Oriente Medio y sus potenciales extensiones euroasiáticas, marcado por el agotamiento de la hegemonía belicista encabezada por el eje anglo-americano y la consolidación de un eje euroasiático que propone un enfoque cooperativo para las relaciones políticas y económicas.
En esencia, lo que estamos presenciando son los estertores del Nuevo Orden Mundial post-Guerra Fría, anunciado con toda pompa por el entonces presidente estadounidense George Bush padre e inaugurado, precisamente, con la primera devastación de Irak, en 1991. Con esta, se vio también el delirio de la unipolaridad “excepcionalista”, que habían embalado los planes hegemónicos del establishment estadounidense, ofuscado por la convicción de que los EUA son una nación indispensable, por ende, imbuida de una seudo-misión de extender a todo el mundo los intereses de esta casta oligárquica; ambición muchas veces disfrazada de valores supremos de la humanidad.
En los recientes hechos en el conflicto sirio, se asoma un atisbo de la nueva dinámica estratégica en marcha, capaz de ofrecer al mundo una perspectiva más bien positiva y menos conflictiva para la reordenación de las relaciones internacionales. En especial, vale destacar el profundo abismo que separa los hechos reales de los reatos prevalecientes en casi la totalidad de la gran prensa de los países occidentales, incluyendo a México, Argentina, etc., cuya selectividad y parcialidad- con frecuencia, resbalando hacia la deshonestidad –es parte integrante de la estrategia hegemónica. Por eso, no admira la histérica furia con la que aquellos centros de poder están embistiendo contra la prensa controlada por países como Rusia e Irán –principalmente la primera- y sitios y blogs independientes de internet, cuyo trabajo ha sido crucial para presentar al mundo relatos y análisis más acordes con la realidad, destacándose los medios electrónicos cristianos.
A continuación, presentamos algunos hechos relevantes para una comprensión más exacta de la situación:
1.-La liberación de Alepo representa un punto de inflexión definitivo en el conflicto, restableciendo el control del gobierno del presidente Bashar al-Assad sobre el principal eje político, demográfico y económico del país y alejando la amenaza de su retiro –un “cambio de régimen” pretendido desde el inicio por las potencias occidentales.
2.-La iniciativa en la búsqueda de una solución para el conflicto dejó de estar en la coalición occidental, y ahora está en Rusia, Irán y Turquía, como se hizo patente en la reunión de cancilleres de los tres países celebrada en Moscú, el pasado martes 20 de diciembre, sin ninguna participación de representantes occidentales. En el encuentro se decidió una iniciativa concreta para un cese al fuego que abarque a la llamada oposición a Assad, a discutirse en una futura reunión en Astana, Kazajstán. Turquía se encargará de conversaciones con los insurgentes y, de forma significativa, abandonó su postura anterior de insistir en la salida de Assad, como precondición para cualquier negociación.
3.-El asesinato del embajador ruso ejecutado por un policía turco en Ankara, Andrei Karlov, en la víspera de la reunión en Moscú, fue un deliberado intento de sabotear el evento. El asesino, que no tenía vínculos conocidos con alguna organización yihadista, estaba, sin embargo, vinculado a las redes militares de seguridad que articularon el intento de golpe de estado contra el presidente Recep Tayyip Erdogan, en julio pasado. Tales grupos tenían vínculos evidentes con la estructura de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN y, por consiguiente, con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense. Este intento aceleró un reacercamiento de Erdogan con Moscú, el cual parece ahora irreversible.
4.-El equipo de transición del presidente electo Donald Trump filtró a la prensa un memorando sobre las cinco prioridades militares del futuro gobierno, poniendo en primer lugar la “derrota/destrucción” del Estado Islámico (EI). Rusia, no está citada entre estas. Al contrario, durante su campaña electoral, Trump manifestó la intención de colaborar con Moscú en la lucha contra el EI y el radicalismo islámico en general. Igualmente, además Trump siempre se rehusó a demonizar a Assad y sugirió que podría cooperar con Damasco en la lucha contra los yihadistas. Si concretiza su intención después de su toma de posesión (el 20 de enero), la expulsión definitiva de los terroristas de Siria y, eventualmente, de Irak, pasa a ser una posibilidad concreta. Con esto, la instrumentalización del radicalismo islamista como factor de desestabilización de países seleccionados, que había sido una de las armas del establishment anglo-americano en las últimas décadas, tiende a perder gran parte de su eficacia.
5.-Los grandes vehículos mediáticos occidentales, con honrosas excepciones, casi siempre debido a algunos corresponsales intelectual y moralmente íntegros, abandonan el conflicto sirio totalmente desmoralizados como medios informativos confiables, mostrando ser solamente vehículos de propaganda de la agenda intervencionista de las potencias hegemónicas.
La cobertura de la liberación de la parte oriental de Alepo (que gran parte de ellos insisten en llamar “caída”) proporciona un pedagógico estudio del caso de esta tendencia, con una profusión de sensacionalistas relatos sobre toda suerte de “atrocidades” que estarían siendo cometidas por los militares sirios, incluyendo fusilamientos sumarios de civiles y violaciones masivas de mujeres, que habrían llevado al suicidio a muchas de ellas para no caer en manos de los “bárbaros” soldados de Assad. En su casi totalidad, tales “noticias” se revelaron falsas, siendo desmentidas tanto por periodistas independientes como por organizaciones religiosas de ayuda que estaban en la ciudad.
Entre otros ejemplos relevantes, se encuentran en internet entrevistas de personas que vivieron en Siria en los últimos años, como la monja argentina María Guadalupe Rodrigo y las periodistas inglesas Vanessa Beeley y Eva Bartlett, quienes describen el conflicto con base en su experiencia personal y de una forma bastante divergente con los relatos prevalecientes de la gran prensa. Semejante predilección por actuar como portavoces y porta-estandartes del sistema hegemónico, dejando de lado cualquier deseo de objetividad, no dejará de cobrar un alto precio, junto a los estratos educados de las sociedades en los cuales semejantes vehículos buscan a sus lectores, suscriptores, oyentes y espectadores.
6.-El conflicto en Siria, cuyo final puede ahora ser realísticamente vislumbrado, está generando una nueva configuración geopolítica, cuyos avances deberían ejercer un papel central en las relaciones internacionales en el futuro inmediato. Rusia retorna definitivamente al primer plano como potencia global. Sus dos aliados militares directos en la campaña, Irán y el Hezbollah libanés, suben a un peldaño superior como factores de influencia regional. La Turquía de Erdogan, que pese a su condición de miembro de la OTAN, podría abandonar definitivamente la antigua pretensión de integrar la Unión Europea y reorientarse hacia Eurasia, integrándose a la Organización de Cooperación de Shangai (SCO, siglas en inglés) e incorporarse al vastamente prometedor esfuerzo de integración eurasiático encabezado por China y por Rusia –proceso que, tarde o temprano, tendrá efectos “gravitacionales” sobre la propia Europa. Por cierto, China también ha desempeñado en el conflicto un papel importante, aunque de bajo perfil, ofreciendo un importante apoyo de asistencia militar a las fuerzas sirias.

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