Por una Doctrina Social de la misericordia: nuevo punto de vista ante la crisis

En la situación actual del mundo, caracterizada por las sangrientas guerras del Medio Oriente y por un peligroso agravamiento de las tensiones en la confrontación Este-Oeste, el respeto a la clase política se ha venido abajo en diversos países. Un nuevo fenómeno social está emergiendo: en los países europeos, así como en Estados Unidos, podemos observar que los jóvenes entre los 20 y los 35 años se han mostrado cada vez más dispuesto a comprometerse en tareas de corte social, para construir una sociedad más pacífica. Un ejemplo de ese fenómeno, testimonio de esta autora, es el de los alumnos alemanes que aprovechan sus vacaciones escolares para realizar un año social voluntario, durante el cual prestan diversos servicios gratuitos.

¿Cómo se puede explicar de otra forma el fenómeno observado a principios de la campaña electoral de Estados Unidos, cuando el candidato demócrata Bernie Sanders, de 75 años, un crítico férreo de todas las formas de especulación financiera y defensor de una sociedad más justa, haya recibido un apoyo enorme y entusiasta de los jóvenes? Lo mismo ocurre con el líder laborista británico, Jeremy Corbyn, quien goza también de un apoyo enorme de los jóvenes. Lo que está moviendo a esa juventud, independientemente de su país de origen, es el deseo de comprometerse para resolver los crecientes problemas sociales. Sueñan con un mundo más justo socialmente.

El periódico alemán Die Zeit publicó recientemente que el rechazo del capitalismo salvaje y de la economía neoliberal por parte de Jeremy Corbyn está atrayendo cada vez a más jóvenes a su corriente de pensamiento en Gran Bretaña, lo que ha consolidado un bloque contrario al “establishment” político inglés. Son jóvenes indignados con los políticos corruptos de siempre y que rechazan la hipocresía de la clase política. Lo mismo ocurre con el Primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien ha recibido el apoyo de muchos jóvenes alrededor del globo, según el periódico alemán. El deseo de los jóvenes es al mismo tiempo una respuesta y un reflejo del movimiento iniciado por el Papa Francisco, quien el año pasado promovió el Sínodo de obispos sobre el tema “Familia.” Para el año entrante, el Pontífice anunció que el tema será “Juventud.”

En este marco, el Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el Continente Americano, realizado del 27 al 30 de agosto pasado, en la ciudad de Bogotá, puede servir de inspiración. Organizado por la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) y por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), congregó a un gran número de autoridades religiosas de Latinoamérica, de Estados Unidos y de Canadá, así como entidades laicas e intelectuales vinculados al trabajo de la Iglesia.

En un mensaje, al inicio de los trabajos, el Cardenal Marc Ouellet, presidente de la CAL, describió a América, “un continente con una fe singular, que une a millones de americanos, sean descendientes de indios o de europeos que llegaron más tarde.” Afirmó que la Iglesia tiene la tarea de “servir mejor a esas sociedades, que son ricas en valores históricos y religiosos, pero que siguen caracterizadas por la pobreza, la injusticia, la corrupción y la secularización.”

La verdadera misericordia es “la más profunda forma de justicia”

Un importante precursor del jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el papa Francisco hace un año, lo tenemos en la Encíclica del Juan Pablo II, publicada en 1980, a pocos años de su llegada al pontificado, con el título Dives in Misericordia (La Divina Misericordia).

Juan Pablo II expresó su preocupación por el hecho de que el pensamiento moderno excluye la idea de la misericordia de la vida y del corazón humano. Para contrastar aquella frialdad, retrotrae la atención a la parábola del hijo pródigo de San Lucas, por antonomasia emblema de misericordia. Esta describe a un joven que, luego de abandonar a la familia y derrochar la herencia, un día vuelve a casa y le dice a su padre: “Pequé contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Trátame como uno de tus empleados.”. Su padre, convencido de su fe, estaba dispuesto a recibirlo de vuelta en su casa. Él se muestra feliz y hace una gran fiesta para celebrar el retorno de su hijo, lo que provoca que el hermano menor, que nunca había abandonado el seno familiar, se llene de odio y de envidia. El Padre, “movido de compasión, corrió a su encuentro, se lanzó a su cuello y lo besó.” Y es que desde el punto de vista de San Pablo, el amor no tiene resentimientos.

Juan Pablo II quiso enfatizar esencialmente, que la misericordia, promueve el bien y supera todas las formas del mal que existen en el mundo y en el corazón del hombre. Así él, enfrentó a la sociedad ante el desafío fundamental de superar la enorme grieta que separa a pobres y ricos. Y por eso afirma que, en un tiempo en el que se ha alcanzado un progreso enorme en el campo de la ciencia y de la técnica, “no faltan, en varias partes del mundo, en varios sistemas socioeconómicos, zonas enteras de miseria, de carencia y de subdesarrollo.” Apela, sin embargo, a la misericordia, que es la fuente más profunda de justicia.

Francisco: la misericordia despierta la creatividad

En los pasos de su antecesor, Francisco, en un video mensaje a Bogotá, pidió que la Iglesia colabore en la superación de las divisiones internas y que se comprometa en un nuevo proyecto misionero, para renovar el espíritu de evangelización de las Américas. Destacó que hay tragedias en partes de América Latina, “Ante las tantas tentativas de fragmentación, de división y confrontación entre nuestros pueblos, esas instancias nos ayudan a abrir horizontes y a apretar varias veces la mano; una gran señal que nos anima a la esperanza. “ Mencionó el ejemplo de San Pablo, que al dejar de ser un hombre de violencia, de persecución, de blasfemia, vivió la misericordia de Cristo, quien “me trató con misericordia.” Remitiéndose también a la parábola del hijo pródigo, agregó que, “Nos escandalizamos por el trato que el padre reserva al hijo más joven que regresa. Nos escandalizamos porque lo recibió de brazos abiertos, porque lo trató con ternura y le dio ropa limpia, al ver que estaba sucio. Nos escandalizamos porque, al verlo regresar, lo besó e hizo fiesta. Nos escandalizamos porque no lo castigó, sino que lo trató como lo que era: un hijo.”

La misericordia no es una teoría, sino un compromiso de un individuo para transformar la realidad y usar el mal para crear algo bueno.

Francisco combina sus reflexiones con una crítica a la cultura de descartar todo lo que se juzga inútil: “Estamos incrustados una cultura fracturada, en una cultura que respira descartes. Una cultura viciada por la exclusión de todo lo que puede atentar contra el interés de pocos. Una cultura que deja al lado del camino rostros de ancianos, de niños, de minorías étnicas que se ven como amenazas. Una cultura que promueve para los pocos la comodidad de los pocos con el aumento del sufrimiento de muchos. Una cultura que no sabe acompañar a los jóvenes en sus sueños, que los narcotiza con promesas de felicidad, y que esconde la memoria viva de los ancianos. Una cultura que desperdicia la sabiduría de los pueblos indígenas y no sabe preservar la riqueza de sus tierras.”

Además el Pontífice pidió a los participantes que voltear sus ojos hacia el significado de la V conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), realizada en el Santuario de Aparecida, Brasil, inaugurada por el papa Benedicto XVI. Destacó que aquella fue un llamamiento para convertirnos en “discípulos misioneros.” Uso esa referencia para hablar sobre el dilema en la Iglesia latinoamericana: podemos tener los mejores planes, proyectos y teorías al pensar nuestra realidad, pero si nos falta esa “actitud misericordiosa, nuestra pastoral permanecerá bloqueada en medio del camino.”

Al mismo tiempo, atacó el pensamiento formal y centrado en uno mismo, y pidió que la educación de los seminaristas sea más comprometida, de forma que se les enseñe el “camino de la práctica de la misericordia.” Lo que falta a la educación teológica es la inspiración: “Cuantas veces en nuestros seminarios nos olvidamos de promover, de acompañar y de estimular una pedagogía de la misericordia. Pastores que sepan tratar y no maltratar. Os pido, por favor: pastores que sepan tratar y no maltratar.”

A su vez, el Cardenal Ouellet centró su mensaje mencionado anteriormente, en la historia del trabajo misionero de América, y “en la sangre que fue derramada en este continente, de Norte a Sur, de Este a Oeste.”

“Ese trabajo convirtió perseguidores, inspiró sacrificios, sustentó resistencias y animó conflictos por la justicia y por la libertad, además de inspirar a poetas, restaurar comunidades y multiplicar las vocaciones para el sacerdocio con la viva expresión de la fe de un pueblo agradecido por el don especial del Espíritu Santo. El cardenal mencionó a las diferentes comunidades, a las muchas asociaciones, fraternidades y movimientos que diseminan el “pensamiento social de la Iglesia y de su opción preferencial por los pobres. A las muchas peregrinaciones a los santuarios de la Madre de Dios, obras de misericordia con los prisioneros, los numerosos movimientos carismáticos de comunidades que destacan por medio de su trabajo con la evangelización y con la misericordia.”

Hizo también un llamado para que los religiosos se involucren más en la vida pública, recalcando que Francisco desea que los laicos actúen “como cristianos inteligentes y determinados, que asuman sus responsabilidades y que inviertan en proyectos que puedan mejorar la vida de muchos pobres”.

El dilema en la filosofía del progreso

Juan Pablo II, parte de que el hombre es la única creación de Dios que recibió la responsabilidad de fructificar, de multiplicar y de cultivar la tierra, de ser la imagen del Creador en el mundo visible. Esto significa que toda la riqueza de la tierra se puede aplicar en diferentes innovaciones, pero esto no debe violar el orden divino –es decir, dar significado al trabajo humano.

Dado que el hombre es el “objetivo,” y no el “objeto” del trabajo, la dignidad del trabajo se funda en la dimensión subjetiva de que “no es el hombre el que existe para el trabajo, es el trabajo el que existe para el hombre,” nos dice Juan Pablo II al atacar la “visión económica materialista,” que ve al trabajo como una mercancía, de la misma forma como el sistema capitalista, que trata al hombre como un instrumento. “La actividad caritativa cristiana debe ser independiente de partido e ideologías.

En armonía con lo anterior, el papa Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est afirmó que el trabajo no es un medio para cambiar el mundo de manera ideológica, ni está al servicio de estrategias mundanas. Por ello, en este documento, mostró que la Doctrina Social de la Iglesia evolucionó a partir de los conflictos laborales del siglo XIX. Un conflicto entre el sistema capitalista salvaje y la ideología de inspiración marxista, siendo ambos expresiones de la “filosofía del progreso” equivocada. Desde el siglo XIX, recordó, las sociedades han sido dominadas por diferentes variaciones de esa filosofía, cuya expresión más radical es el marxismo, cuya estrategia se funda en la idea del “empobrecimiento.”

Esa filosofía llega al extremo de decir que cualquier cosa que pueda ayudar a los más necesitados en una sociedad gobernada de modo injusto estaría, de hecho, auxiliando al mismo sistema político injusto. Así que, tal como lo destacase Benedicto XVI, el compromiso a favor de la caridad pasa a ser calificado por esa ideología de acto de “estabilización del sistema (injusto).” Pero, en realidad, estamos ante una ideología inhumana, materialista, una visión del mundo utilitaria. Un mundo mejor se puede construir si cada individuo actúa por el bien con pasión, independientemente de programas o estrategias partidarias.

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