Sergio Tasso Vásquez de Aquino*
Siempre supimos que los colombianos eran amigos de Brasil, a lo largo de nuestras vidas de países independientes, pero nunca imaginamos que nos amasen tanto como hermanos.
En la reciente inaceptable e inevitable tragedia sufrida por la Asociación Chapecoense de Futbol, que enluto y provocó tanto dolor y lágrimas sentidas en Brasil entero, fueron inmensurables el cariño, la amistad, la solidaridad, el amor fraterno demostrado, en todo y por todo, por el Club Atlético Nacional, por la ciudad de Medellín, por las autoridades, por las Fuerzas Armadas y por el pueblo generoso de Colombia. ¡Sufrieron y lloraron con nosotros, realizaron bellas y conmovedores homenajes a nuestros héroes, con intensa participación del alma y del corazón!
De todo el mundo partieron enternecedoras manifestaciones de solidaridad, desde los países hermanos de América del Sur, hasta de los últimos rincones de este inmenso mundo de Dios: América Central e Insular, América del Norte, Europa, Asia y Oceanía. La humanidad toda se unió en torno del mismo propósito de llevar apoyo y consuelo a la Chape legendaria, a las familias enlutadas, a Chapecó, a Santa Catarina y a Brasil.
Estamos agradecidos y en deuda con todos. ¡Pero los colombianos fueron insuperables! Escribieron, espontáneamente y de corazón, una de las más bellas páginas de la Historia de la Humanidad. Mostraron que tan verdaderas y profundas son las marcas del amor de Dios y al semejante plantadas en el suelo y en la mente, en el corazón y en alma de su pueblo.
¡Gracias, Colombia! Como ustedes mismos escribieron en las pancartas desplegadas en el Estadio de Medellín, Brasil y Colombia formaron una sola nación en aquellos momentos de dolor insoportable
Gracias, Colombia, cuenta siempre con Brasil y con los brasileños y que el Señor Dios todopoderoso te conceda paz, abundancia y felicidad en los tiempos por venir
* El autor es vicealmirante retirado.

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