En Berlín el “cuarteto de Normandía” analiza crisis de Ucrania y Siria

El 19 de octubre se realizó en Berlín una nueva ronda de las negociaciones, del “cuarteto de Normandía”, reuniendo los presidentes de Ucrania, Petro Poroschenko, Rusia, Vladimir Putin, Francia, François Hollande, y la anfitriona la canciller de Alemania Angela Merkel. En la programación, dos finalidades: Una, poner punto final al conflicto del gobierno de Kiev y los insurgentes de Ucrania oriental, teniendo como base el Acuerdo de Minsk II, firmado en septiembre de 2015, pero nunca ejecutado plenamente; segunda, interrumpir los bombardeos en Alepo, Siria (Poroschenko no participó de ese momento).

Aunque sin arrojar ningún resultado decisivo, la reunión en Berlín, fue la primera visita de Putin a la capital de Alemania en dos años, tras el inicio del conflicto en Ucrania. Los participantes estuvieron de acuerdo en tender un nuevo “mapa del camino”, sustentado en la propuesta franco-alemana de reactivar el proceso de Minsk II. Al mismo tiempo, no se comunicó ninguna nueva sanción contra Rusia en la cumbre de la Unión Europea, verificada en Bruselas, aunque Merkel y Hollande había mantenido la opción de las sanciones, dependiendo de los acontecimientos en Alepo, que rotularon de “crímenes de guerra” perpetrados por las fuerzas sirias y rusas.

En una conferencia de prensa, mal reportada por la prensa occidental, Putin reafirmó el compromiso de los participantes con el proceso de Minsk II. En cuanto a Siria, fue categórico:

“Informe a nuestros socios europeos sobre nuestro punto de vista. Lo que se necesita hacer para combatir el terrorismo, desenraizarlo del suelo sirio y asegurar que no brote en otro lugar. Recordé a los colegas que Rusia indica etapas sucesivas para una nueva Constitución (siria) con base en la cual podrían ser efectuadas elecciones y arribar a un acuerdo preliminar entre todas las partes. Esto tendría que involucrar a todos los países de la región, que fueron arrastrados en el proceso. También les informamos sobre nuestra intención de que la tregua (en los combates de Alepo) debería ser ampliada lo máximo que se pudiera. También esperamos que nuestros socios, especialmente los norteamericanos, separen el Frente al-Nusra y grupos terroristas similares de la oposición no radical”.

 

Sabotaje ucraniano 

 

En las últimas semanas ha quedado cada vez más evidente que el gobierno ucraniano se ha comportado de manera contraria a buscar un entendimiento pacifico con los insurgentes del este, pero si se esmera en denunciar a Rusia de agresora. Es significativo que, por primera vez desde la eclosión de la crisis ucraniana, al comienzo de 2014, el importante periódico alemán Frankfurter Allgemeine  Zeitung (FAZ) cambió su línea editorial sobre la crisis, justo antes de las negociaciones en Berlín. En un reportaje publicado en la víspera de la cumbre, el corresponsal Konrad Schuller, apoyándose en un informe de la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa (OSCE), denunció repetidos bombardeos de la artillería ucraniana contra los insurgentes, sucedidos desde el acuerdo de 21 de septiembre último, mediante el cual las partes en conflicto, apoyadas por mediadores alemanes y franceses se comprometían a apartarse de tres áreas del este de Ucrania

Según Schuller, el informe de la OSCE prueba que,

“en las últimas semanas, las fuerzas armadas ucranianas, partieron a la ofensiva, no obstante el acuerdo concluido el 21 de septiembre para renovar el cese al fuego en la área industrial de Donbás y replegar las tropas. Pero, desde entonces, la misión de la OSCE observó 1030 violaciones por parte de Ucrania en las áreas separatistas, mientras que los combatientes pro rusos cometieron apenas 79. Igualmente con respecto a las armas pesadas y vehículos militares en las zonas de seguridad a lo largo de ambos lados del frente, la relación es la misma. Algunos piensan que el gobierno ucraniano está en una guerra permanente para evitar dar paso al proceso político en la región de Donbás”.

El proceso contempla una situación legal especial para Donbás, elecciones locales, y una amnistía. De la misma forma, la desmovilización de las fuerzas militares en las tres áreas piloto no avanza, afirma Schuller, y el gobierno ucraniano “es responsable por esto”.

En su sitio Russia Controversial, el especialista alemán en asuntos rusos, Alexander Rahr, comentó que, aunque la cumbre de Berlín no haya marcado “un punto de inflexión en la historia mundial” por lo menos, las partes en conflicto en Ucrania aceptaron darle a la OSCE un papel de mediador de mayor peso, que puede usar, si es necesario, la fuerza de las armas, para evitar los combates entre el ejército ucraniano y las fuerzas separatistas, en la línea oficial de demarcación. No obstante, agrega, Kiev solo está dispuesto a darles el estatus especial de autonomía a los separatistas, si Rusia deja de apoyarlos. A cambio, Moscú exige primero el reconocimiento de estatus de autonomía para Donbás, y después devolvería al gobierno de Kiev el control de la frontera.

Para Rahr, el aspecto más importante de las negociaciones en Berlín fue que “Moscú presentó un “mapa del camino” para Siria, que Occidente podría aceptar”. Después de la retirada de los rebeldes armados de Alepo, una nueva Constitución para Siria y nuevas elecciones podrían ser promovidas. El mapa del camino ofrece un punto de vista común ruso y occidental para Siria, al final del cual (el presidente Bashar al-Assad) tendría que dejar el gobierno y Rusia y Occidente se encaminarían para el objetivo real en el Medio Oriente: la lucha contra el terrorismo islámico”.

Movilización para una nueva Détente

En este contexto, es digno de anotar que en Alemania son varias las voces favorables que apoyan alternativas para evitar el aumento de las tensiones con Rusia. Una clara evidencia fue la 162ª edición de la Mesa Redonda Bergedorfer, en Moscú, patrocinada por la aquilatada Fundación Körber de Alemania, que reunió especialistas alemanes y rusos. Los participantes se refirieron a medidas concretas para destrabar las tensiones entre los dos lados, así como una presencia más efectiva de la OSCE.  “En el pasado, esta entidad ha sido usada, principalmente, por Occidente, para apagar incendios. Si la OSCE fuese usada adecuadamente, podría convertirse a largo plazo en una “constructora de puentes”, dice la declaración emitida en el evento.

También relevante fue la convocación de sindicatos alemanes, dirigentes del Partido Social Demócrata (SPD) y especialistas en seguridad, titulada “¡Acaben con la espiral de violencia-por una nueva política de paz y distensión ahora!”. Entre los firmantes se encuentran: el presidente de La Confederación de los Sindicatos Alemanes (DGB), Reiner Hoffman; el presidente del Sindicato de Servicios Unidos, Frank Bsirke; el Dr. Wolfgang Biermann, ex-asesor de Egon Bahr, uno de los arquitectos de la Ostpolitik del gobierno de Willy Brandt (1969-74); Horst Teltschik, ex-presidente de la Conferencia de Seguridad de Miunich; y otros notables.

La convocación destaca que, en tanto que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia, comienzan una nueva espiral de rearmamento, es más urgente que nunca un “orden europeo de paz” que deberá sostenerse en los principios de la Carta de Paris, firmada hace 25 años por los jefes de estado de Europa y de los EUA, para establecer paz y confianza en una Europa post comunismo. “Sin la cooperación con Rusia, existe la amenaza de nuevos conflictos y de una nueva ronda de rearmamento, escalada en el conflicto en Ucrania y más terror y guerras en el Medio Oriente, que traerán millones de refugiados. La seguridad europea no será posible – a pesar de todas las diferencias políticas- sin Rusia”, afirma el texto.

Además subraya que debían ser recordadas las lecciones de la política de la Détente con la antigua URSS, en la década de los 1960s, bajo el gobierno del canciller Willy Brandt que ganó el Premio Nobel de la Paz por “extender su mano a la reconciliación con antiguos países enemigos”. A la luz de la crisis actual, el texto indica que, lo que se necesita es una “zona de seguridad común pan-europea, basada en la cooperación de todos los Estados ubicados entre Vancouver y Vladivostok».

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