El resultado del referendo sobre el Brexit, ciertamente, tendrá un profundo efecto sobre la economía del Reino Unido, de la Unión Europea (UE) y su proceso de integración.
Lo lectores que nos han acompañado hace algún tiempo saben que siempre fuimos defensores de una Europa fuerte, solidaria y soberana. Sin embargo, parecen exageradas las reacciones de los mercados y de las instituciones europeas e internacionales, que temen una nueva turbulencia financiera internacional global.
Es como si el Brexit sirviera para justificar una probable adopción de intervenciones excepcionales y para descargar en ella las consecuencias de una crisis ya en curso, pero que, objetivamente, nada tiene que ver con la salida británica de la UE.
A propósito, es interesante observar que los mega-bancos “demasiado grandes para quebrar” –Goldman Sachs, JP Morgan, Citibank, Bank of America, para citar solamente algunos- estuvieron en primera fila de la campaña de “Permanecer” (Remain), inclusive, con sustanciales donativos de dinero, y hasta especuladores como George Soros entraron al campo contra el Brexit, previendo cataclismos de todo tipo.
En los EUA, La Reserva Federal decidió mantener las tasas de interés sin cambios y anunció que el costo de los préstamos subirá, pero más lentamente. La incertidumbre sobre el referendo del Brexit “es uno de los factores que pesó en la decisión” e mantener sin variación el costo del dinero, justificó la presidente Janet Yellen, subrayando que una salida de la Gran Bretaña de la UE podría tener repercusiones sobre la economía y las finanzas globales. Después de ella, el Banco Central Europeo (BCE) también se dijo listo para intervenir en cualquier emergencia y, en todo caso, para mantener sus compras de activos financieros en una cantidad mensual de 80 mil millones de euros, hasta marzo de 2017 y más allá si es necesario.
Sin duda, la salida de la UE implicará un gran impacto, particularmente, para la City de Londres. Ahí operan cerca de 260 bancos extranjeros, que, de esta manera, tienen acceso directo al mercado de la UE. La City responde por casi el 10% del PIB británico y 12% de los impuestos recolectados por el gobierno. Es la primera exportadora de servicios financieros del mundo, gran parte de los cuales van hacia Europa.
Una de las grandes preocupaciones es, por ejemplo, el destino del Royal Bank of Scotland, que en el bienio 2014-15 acumuló pérdidas por más de 7 mil millones de euros. ¿Qué ocurrirá con estos bancos, en caso de agravarse la situación en Inglaterra?
A nuestro ver, el nerviosismo de la alta finanza refleja un profundo sentido de incertidumbre y, también, un temor real de que se desaten efectos en cascada, semejantes a los imprevistos e involuntarios causados por la insolvencia de Lehman Brothers, en 2008.
El último boletín del Banco de Liquidaciones Internacionales (BIS) de Basilea esboza tendencias financieras y bancarias que merecen un cuidadoso análisis.
En el último trimestre de 2015, los créditos bancarios transfronterizos globales disminuyeron en 651 mil millones de dólares, de los cuales 276 mil millones fueron de la zona del euro, con tendencia a la alza. Lo mismo ocurrió con la crisis de 2008.
Indudablemente, es uno de los resultados del prolongado estancamiento económico mundial.
Es igualmente relevante que el valor nacional del stock de derivados “de ventanilla” (OTC) haya caído también en cerca de 200 billones de dólares, de 700 billones a casi 500 billones, entre junio de 2014 y finales de 2015, sin duda, un hecho positivo.
Se trata de cambios necesarios y, en último análisis, auspiciosos.
Anteriormente, enfatizamos repetidamente la importancia de “secar” el pantano de derivados financieros especulativos de este tipo y de contenerse las operaciones bancarias no productivas.
Los números del BIS son de dimensiones excepcionales, exigiendo un atento seguimiento e incluso intervenciones puntuales por las autoridades competentes. Si fuesen solamente el resultado del desempeño autónomo de los mercados, podrían estar escondidos detrás de los números de los “escombros”.
Haciendo una analogía con los desastres naturales, sería como muchas veces ocurre después de una gran inundación, cuando todos quedan felices al ver el retiro de las aguas. Pero antes de permitir el retorno de las familias evacuadas o, incluso, conceder licencias de construcción, es necesario que Protección Civil haga una atenta evaluación del terreno para determinar si la catástrofe minó los cimientos de las construcciones y la compactación del terreno.
De cualquier manera, es cierto que los sectores financiero y bancario están experimentando severos golpes, que, hasta siendo menores, pueden tener consecuencias desestabilizadoras. ¡Y con efectos sistémicos!

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