La sacudida tectónica de alcance mundial desencadenada por la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), decidida en el referendo del 23 de junio, es más un proceso inequívoco de los cambios fundamentales que tienden a transformar rápidamente la dinámica internacional, hasta hoy dominada, por la hegemonía del eje Wall Street-Londres-y su nuevo socio, Bruselas.
La victoria de la opción Brexit (corruptela para referirse a la “salida británica,” en inglés) señaló el descontento de los ciudadanos con la Europa del “cautiverio de Bruselas,” sede de la UE y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con sus tecnócratas ciegos ante las demandas más sentidas de la población.
Tal divorcio se observa, principalmente en los asuntos económicos que interesan a las mayorías –nivel de actividades productivas, empleos y salarios decentes, etc.- cambiadas por una colosal e improductiva burocratización y una adhesión incondicional a los dictámenes de las altas finanzas “globalizadas,” generadoras de grados de desempleo y de concentración de la renta no visto desde la Gran Depresión de los 1930s. No es por coincidencia que los mayores índices de apoyo del Brexit ocurrieron en las ciudades del interior de Inglaterra y de Gales, depauperadas por la desindustrialización y por el desencanto de la clase media con la continua erosión de sus conquistas sociales, la falta de una perspectiva positiva de futuro y temerosa de la competencia con los emigrantes, con los que se disputan los parcos empleos restantes.
Esa contrariedad está lejos de ser exclusiva de los británicos, si vemos las numerosas manifestaciones de intereses casi idénticos hechas por líderes políticos de Francia, de Italia, de Holanda y de otros países.
En síntesis, fue una revuelta contra el poder del “establishment”, realidad que admiten hasta sus portavoces más notorios, entre otros, la revista The Economist, que le dedicó su editorial del 24 de junio:
El voto para salir implica una irrupción de furia contra el “establishment.” Todo mundo, de Barack Obama a los jefes de la OTAN y del FMI (Fondo Monetario Internacional), instó a los británicos a abrazar la UE. Sus ruegos fueron desdeñados por electores que rechazaron no sólo sus argumentos, sino el valor de los “experts” en general. Grandes partes del electorado británico, que han sufrido con el peso de los recortes del gasto público y con el fracaso de la distribución de la prosperidad de Gran Bretaña, están ahora esclavizados a un populismo rabioso.
En una simbólica ironía, en el mismo día del referendo, en Tashkent, Uzbekistán, se realizaba la décima sexta reunión cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghái (SCO, por sus siglas en inglés), en la que se aprobó el protocolo de ingreso de India y de Paquistán a la organización. Como se sabe, la SCO se ha instrumentado por conducto de sus dos potencias dominantes, China y Rusia, para consolidarla como un polo de cooperación y de sinergia para la integración y el pleno desarrollo de la masa continental euroasiática, con la oferta de una opción productiva a la entrópica hegemonía del sistema militarista-financiero occidental, cuyos beneficios podrán compartirse por todo el mundo. En este marco, es igualmente emblemático que algunos países europeos, como el mismo Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y otros, se hayan adherido como miembros fundadores del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB), capitaneado por China, a pesar y disgusto del Estados Unidos.
La salida del Reino Unido, la principal cabeza de playa de Washington en Europa, ofrece al continente la promisoria perspectiva de la distensión con Rusia, lo que aliviaría el agresivo cerco movido por la OTAN, además de ser una señal decisiva en lo que toca al plan de integración euroasiática, para la cual el vasto territorio de la Federación Rusa representa el pivote. Falta ver si los líderes europeos tendrán la visión estratégica para captar las nuevas ondas sísmicas planetarias y actuar en consonancia con ellas.
Por último, como registró un editorial del portal chino Global Times del 27 de junio: ·
“Es probable que el futuro paisaje de la política mundial implique cambios mayores, similares a los registrados en la historia geológica con la ruptura del antiguo súper continente de Gondwana, hace 180 millones de años. Grandes países, China entre ellos, experimentarán de nuevo cambios significativos en el escenario político y quizá tengan que hacer ajustes a sus selecciones de una regla para el gobierno mundial.”

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